"Vivir entre conversaciones superficiales crea malestar físico" (Elena Montolío Durán)

Y qué harás ahora

¿Y qué harás ahora, mi querido hijo de ojos azules? ¿Y ahora qué harás, mi joven querido? Voy a regresar afuera antes de que la lluvia comience a caer, caminaré hacia el abismo del más profundo bosque negro, donde la gente es mucha y sus manos están vacías, donde el veneno contamina sus aguas, donde el hogar en el valle encuentra el desaliento de la sucia prisión y la cara del verdugo está siempre bien escondida, donde el hambre amenaza, donde las almas están olvidadas, donde el negro es el color y ninguno el número, y lo contaré, lo diré, lo pensaré y lo respiraré, y lo reflejaré desde la montaña para que todas las almas puedan verlo, luego me mantendré sobre el océano hasta que comience a hundirme, pero sabré bien mi canción antes de empezar a cantarla. (A hard rain`s a-gonna fall. Bob Dylan, Premio Nobel de Literatura 2016)


domingo, 20 de diciembre de 2020

Adios, año cruel

 


      Se va 2020 tal como vino: con mala baba. Por fin vamos a perder de vista esos dos ojazos funestos que nos miran con espanto y la nariz ganchuda. 

 Otra fecha fácil de recordar: 20-20, el año de la pandemia. Como 1212 (12-12. Las Navas de Tolosa) y la Revolución francesa ([1]-7-8-9). El caso es que no es un número feo. Guarda cierto equilibrio. 

      2021 rompe esa armonía, pero viene con mejor cara: con la «V» de vacuna, y también de victoria. A ver qué pasa. 

      De momento, quien más y quien menos está esperando a que sea el vecino el que dé un paso adelante y ponga sus barbas a remojar. Por si no se le secan como es debido. La de la vacuna es la única cola en la que nadie quiere estar el primero.

      Mucha gente se ha quedado en el camino por culpa de la pandemia. Te deja sin palabras. Ha sido un año terrible, funesto, y aún colea.

      En este año traidor he podido autopublicar en Amazon una nueva novela, El misterio de Champ D’ames. Para los que autopublicamos, no ha significado ninguna diferencia. Sin embargo, muchos proyectos literarios, desde las editoriales, no han podido lanzarse como estaba proyectado por culpa de la COVID-19. Una lástima.

      El 2021 se aproxima con incertidumbre esperanzadora. No sé si encararle siguiendo la filosofía oculta en la exhortación carpe diem, o la del cuento de Las mil y una noches en el que un hombre ve cómo su hijo pierde una pierna y aguarda un año para saber si ha sido para bien o para mal. A lo largo del año, estalla una guerra a la que parten los mozos del pueblo. Al final, todos los mozos mueren en esa guerra. Menos el hijo del hombre, que se librado de ir por ser cojo.  

      Después de todo, no hay mal que por bien no venga. El futuro es un túnel, un túnel oscuro en el cual apenas se distingue nada por mucho que entornemos los ojos y agucemos la vista. Habrá que sentarse a esperar y dejar pasar un año.

      Si tuviera que pedirle algún deseo al 2021 sería el final de la pandemia, por descontado; que todo el mundo tuviera un hogar digno donde vivir; que el hambre desapareciera y que los reporteros de guerra fueran al paro (lo siento chicos, no es nada personal).

      Bueno, no he utilizado un lenguaje inclusivo para no hacer farragosa la lectura. Pero ya sabéis que donde pone «chicos» (por ejemplo) quiere decir también «chicas». Y así todo lo demás.

      Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo.

      Zorionak eta Urte Berri On.


 


 

2 comentarios:

Alberto Senda dijo...

Sin duda el año 2020 será recordando mientras nuestra civilización sea capaz de conservar la memoria. En mi novela una pandemia también azota al mundo y en ella la gente también se vuelve aún más loca. No es de coronavirus, es de gripe, pero tanto monta... Siempre me imaginé así el cambio de era, y creo que este año 2021 será el primero de esa nueva era, no sé si mejor o peor, buena pinta de momento no tiene; pero como bien dice el cuento que citas, a veces es mejor estar cojo.

Un abrazo y espero no tardar tanto tiempo en volver a comentar por aquí.

crónicas de un e-writer dijo...

Gracias por el comentario, Alberto. Feliz Año.

Un abrazo y hasta cuando quieras