Y qué harás ahora

¿Y qué harás ahora, mi querido hijo de ojos azules? ¿Y ahora qué harás, mi joven querido? Voy a regresar afuera antes de que la lluvia comience a caer, caminaré hacia el abismo del más profundo bosque negro, donde la gente es mucha y sus manos están vacías, donde el veneno contamina sus aguas, donde el hogar en el valle encuentra el desaliento de la sucia prisión y la cara del verdugo está siempre bien escondida, donde el hambre amenaza, donde las almas están olvidadas, donde el negro es el color y ninguno el número, y lo contaré, lo diré, lo pensaré y lo respiraré, y lo reflejaré desde la montaña para que todas las almas puedan verlo, luego me mantendré sobre el océano hasta que comience a hundirme, pero sabré bien mi canción antes de empezar a cantarla. (A hard rain`s a-gonna fall. Bob Dylan, Premio Nobel de Literatura 2016)


jueves, 28 de noviembre de 2019

Epitafios


      
      Una vez oí que la fábula de La cigarra y la hormiga la escribió una cigarra. En la antigua Roma había cigarras y hormigas, y todas tuvieron su epitafio. ¿Esopo era una cigarra…ummm…?

      Buscando información para mi nueva novela (borrador acabado; alrededor de 260 páginas manuscritas; pasadas a limpio, 198) he encontrado estos curiosos epitafios romanos, expresión de cariño y tristeza, en Internet:

       «Yo, Lucio Mario Vitalis, hijo de Lucio, viví 17 años y 55 días. Tuve éxito en los estudios y convencí a mis padres de que debía aprender una profesión. Había abandonado Roma con la guardia pretoriana del emperador Adriano cuando, mientras trabajaba duramente, las Parcas me envidiaron, me atraparon y me llevaron de mi nueva profesión a este lugar. María Marquis, mi madre, erigió este monumento en memoria de su maravilloso y desdichado hijo.»
 
      «Oh, queridísimo esposo que me conviertes, con tu marcha, en desgraciada. Sin tí ¿qué puedo considerar dulce? ¿Qué puedo creer agradable? ¿Para qué guardo mi vida? ¿Por qué no te sigo al sepulcro, pérfido que me has abandonado? Séame al menos permitido estar contigo, entrelazadas nuestras manos, en el muy deseado, para mí, sepulcro.» 

      «Marco Acilio Fontano, hijo de Lucio. El año décimonoveno nos arrebató a un joven que había comenzado con ardor la milicia. Se equivocaron las Parcas al robarnos a Fontano, porque permanecerá para siempre la fama de este gran hombre.»

      «Gemina, esclava de Decio Publicio Subicio, murió a los 25 años durante el parto. Aquí yace. Cayo Aerario, liberto, hizo construir este monumento. Serías mi Parca si me llevaras de donde estoy con la fuerza de una infernal amatista. Si me amaste, ¡llévame de aquí!»

      «Al auriga Eutyches, de 22 años. Flavio Rufino y Sempronia Diofanis a su siervo que bien lo merecía. Descansan en este sepulcro los restos de un auriga principiante bastante diestro, sin embargo, en el manejo de las riendas" Texto puesto en boca del auriga: "Yo, que montaba ya sin miedo los carros tirados por cuatro caballos, no obtuve permiso, con todo, para conducir más que los de dos. Los hados, los crueles hados, a los que no es posible oponer resistencia, tuvieron celos de mi juventud. Y, al morir, no me fue concedida la gloria del circo, para evitar que me llorara la fiel afición. Abrasaron mis entrañas malignos ardores, que los médicos no lograron vencer. Te ruego caminante, derrames flores sobre mis cenizas: tal vez tu me aplaudiste mientras vivía.»

      «Aquí yace Quintus Marius Optatus, natural de Celti y de edad de veinte años. ¡Oh, dolor! ¡Caminante, que pasas por este camino! Entérate de quién fue el joven cuyos restos mortales se guardan dentro de esta tumba. Apiádate de él y ofrécele tu saludo. Era diestro en lanzar el arpón y el anzuelo al río, donde cogía abundante pesca. Sabía como cazador hundir su jabalina en el corazón de las bravías fieras; sabía también aprisionar a las aves con varetas armadas en liga. Además cuidaba del cultivo de los bosques sagrados, y a ti, ¡oh, Diana!, en Delphos nacida, casta, virgen y triforme luna, erigió un santuario tutelar.»

      «Cerinthus, murmillo, gladiador neroniano con dos victorias, de la nación griega, murió con veinticinco años. Su esposa Rome construyó este monumento de su dinero a quién bien se lo merecía.»

      «Ingenuus, essedarius, de los juegos gladiatorius gallicianos, de veinticinco años con doce victorias, de la nación germana, toda la familia gladiatoria essedarii le construyó este monumento de su dinero. Aquí yace. Que la tierra te sea leve.»

      «Aquí yazgo enterrada, de 17 años, arrebatada de repente por la hora adversa. Mi desventurada madre hasta en sueños espera ver mi rostro... gritando que quiere salir de su cuerpo.»

      «Felicia, esclava de un 1 año, 5 meses y 9 días, cariñosa con los suyos, está aquí enterrada. Que la tierra te sea leve.»

      «A su nodriza Maria Marcelina y a la memoria de su hermano de leche Cedio Rufino, ambos bien merecedores, levantó este monumento C. Tadio Sabino, soldado de la II cohorte pretoriana.»

      «Aulo Salvio Crispino, hijo de Aulo, nieto de Aulo, fue enterrado aquí con 51 años. Ocupó cuatro veces su cargo en el Consejo de los Cuatro de Ferentum. El día que fue su último, en el almuerzo, fue asesinado por un muro.»

      «Cayo Hostilio Pánfilo, médico, liberto de Cayo, compró este monumento para él y para Nelpia Hymnis, liberta de Marco, y para todos sus libertos y libertas y descendientes. Esta es para siempre nuestra casa, nuestra granja, nuestros jardines y nuestra memoria.»

     
      Espero que estos epitafios os hayan gustado tanto como a mí. Se los debemos al blog Los Fuegos de Vesta, en cual te aguardan muchos más epitafios como los que has leído. Que los dioses manes os acompañen.





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