"Vivir entre conversaciones superficiales crea malestar físico" (Elena Montolío Durán)

Y qué harás ahora

¿Y qué harás ahora, mi querido hijo de ojos azules? ¿Y ahora qué harás, mi joven querido? Voy a regresar afuera antes de que la lluvia comience a caer, caminaré hacia el abismo del más profundo bosque negro, donde la gente es mucha y sus manos están vacías, donde el veneno contamina sus aguas, donde el hogar en el valle encuentra el desaliento de la sucia prisión y la cara del verdugo está siempre bien escondida, donde el hambre amenaza, donde las almas están olvidadas, donde el negro es el color y ninguno el número, y lo contaré, lo diré, lo pensaré y lo respiraré, y lo reflejaré desde la montaña para que todas las almas puedan verlo, luego me mantendré sobre el océano hasta que comience a hundirme, pero sabré bien mi canción antes de empezar a cantarla. (A hard rain`s a-gonna fall. Bob Dylan, Premio Nobel de Literatura 2016)


lunes, 15 de marzo de 2021

El misterio de Champ D'ames (fragmento)

 



Una fachada sin gracia y un largo balcón en el piso superior, encima de la puerta de entrada, caracterizaba el caserío de Mitxel Idieder. El tejado, a dos aguas, se prolongaba sin transición para cubrir también la cuadra, a su vez prolongación del edificio principal.

No se veía timbre por ninguna parte. El capitán golpeó la puerta con el canto del puño. Al rato, una mujer que pasaba de los sesenta, con una bayeta atrapa-polvo entre las manos, se asomó al balcón.

—¿Qué desean? —preguntó, frunciendo el ceño.

—Capitán Étienne Daguerre, de la comisaría de Ibai-Bero.

La mujer lo observó forzando aún más el ceño.

—A usted le conozco de verle por el pueblo —respondió la mujer.

—El que me acompaña también es policía. Se llama Teo Coo y es comisario de la  Ertzaintza, del País Vasco español.

—¿Es gendarme?

—No, solo me acompaña.

—¿Y qué desean?

—Hablar con  Mitxel Idieder.

La mujer dio señales de alarma al oír el nombre.

—¿Ha hecho algo malo?

—No, señora.

—Mitxel es mi hijo.

—Pues dígale que preguntamos por él.

—¿Cómo ha dicho que se llama usted?

—Étienne Daguerre. Dígale que el capitán de gendarmes Étienne Daguerre quiere verlo.

—¿Ha hecho Mitxel algo malo en el País Vasco español?

—No, señora. ¿Puede decirle a su hijo que salga a la puerta?, por favor.

—Mitxel no está.

Étienne hizo un gesto de contrariedad.

—¿Dónde podemos encontrarlo?

—Está pasando unos días en el monte, pero no sé cuando vendrá. Mitxel hace supervivencia y se pasa días sin volver a casa.

—¿Sabe usted en dónde hace la supervivencia?

—No.

—¿Sabe de alguien que pueda saberlo?

—No.

De la cuadra surgió un hombre corpulento que, por la edad, podría ser el esposo de la mujer. Vestía vaqueros amplios, desgastados, y una camisa de leñador a cuadros blancos y azules.

—¿Desean algo? —preguntó.

—¿Es usted pariente de Mitxel Idieder.

—Soy su padre, Daniel Idieder.

—Capitán Étienne Daguerre, de la gendarmería de Ibai-Bero. Tenemos unas preguntas que hacerle a su hijo, señor Idieder, pero no se preocupe, es solo rutina.

—¿Preguntas con respecto a qué?

—Con respecto a la compra de unas lanzas.

La madre de Mitxel apareció por la puerta. Llevaba un móvil en la mano.

—He llamado a Mitxel, pero no contesta —dijo sofocada.

Al padre de Mitxel también se le veía realmente preocupado.

—¿Puede saberse qué pasa? —preguntó.

Étienne le puso al corriente de los dos asesinatos. Nada que no hubiera salido en las noticias y de lo que no pudieran estar al tanto los padres de Mitxel.

—Este siempre ha sido un lugar tranquilo. No entiendo por qué están pasando estas cosas —comentó el padre, apesadumbrado.

—Nosotros tampoco, señor, y por eso deseamos hablar con su hijo, para que nos aclare ciertas dudas —dijo Étienne.

—¿Creen que nuestro hijo puede estar enfangado en esos crímenes? —preguntó el padre.

A la madre se le escapó un gemido.

—Tranquilícense los dos —dijo Étienne—. Ya les he dicho que simplemente se trata de hacerle a su hijo unas preguntas.

—¿Tiene su hijo un caballo? —preguntó entonces Teo.

El padre dudó.

—Hay un caballo en el caserío, pero es mío, no de Mitxel.

—¿Podría enseñarnos ese caballo?

—Por descontado. Síganme a la cuadra.

El padre se dirigió a la cuadra y los demás lo siguieron; la madre iba nerviosa, frotándose las manos. En la cuadra había media docena de vacas, además del caballo. Un caballo negro, enorme, el más enorme que Teo había visto en su vida. Las huellas de herradura de los moldes parecerían de juguete al compararlas con las de aquel gigante.

—¿Es un percherón? —preguntó Teo.

—Es un shire, un caballo de tiro escocés. Son los caballos más grandes del mundo —respondió el padre.

Teo miró a Étienne y este negó con la cabeza.

—Gracias, señor  Idieder. Ya hemos terminado —dijo Teo.

—¿No es lo que buscaban?

—Buscamos un caballo de tamaño normal.

—Cuando vean a su hijo, díganle que se pase por la gendarmería y pregunte por el capitán Daguerre —dijo Étienne.

—Descuide —respondió el padre.

—Es un buen chico —susurró la madre.



domingo, 21 de febrero de 2021

HampArte. Manifiesto

      «Si uno o varios objetos fabricados en serie y que además están a la venta en el mercado común son presentados como obra de arte es Hamparte» (Primer punto del Manifiesto Hamparte).

       Antonio García Villarán (Aznalcázar, Sevilla, 11-07-1976) es profesor de arte y pintor. Dirige su propia academia de arte y, además, imparte clases de arte en ese escaparate de las vanidades y cuerno de la fortuna para muchos…, para bastantes…, para unos pocos…, llamado Internet. Ha escrito el libro El arte de no tener talento. Se declara contrario a las corrientes del arte contemporáneo que buscan seducir al público a través de la retórica, exponiendo (pretendidas) obras de arte sin ningún valor artístico.

      Antonio García Villarán es un youtuber con más de un millón de subscriptores. En sus videos comenta las obras de artistas tan acreditados como Antonio López, Yoko Ono o Joan Miró, entre otros. En ellos, despoja de discurso las obras de los autores hampartistas, analizándolas en lo que se supone su propia esencia: como obras de arte.

      Que el mercado del arte manda sobre la obra artística es axiomático. Que García Villarán es el dedo que señala la Luna y no la Luna, también. ¿El rey va desnudo? Lo puedes descubrir en los videos del pintor sevillano.

       A continuación, os dejo el Manifiesto Hamparte, publicado en el blog de Antonio García Villarán:

Obra de David Datuna
 1.- Si uno o varios objetos fabricados en serie y que además están a la venta en el mercado común son presentados como obra de arte es Hamparte.

 2.- Si la obra consiste simplemente en la elección de un objeto (objet trouvé, found art o ready-made) que es convertido mágicamente en obra de arte por el hecho de colocarlo en un espacio expositivo cualquiera es Hamparte. 

 3.- Si no es necesario tener talento para realizar una obra como la que se muestra, si está
llena de lugares comunes e ideas manidas es Hamparte.

 4.- Si el único valor que tiene la obra está sustentado fundamentalmente por un concienzudo texto teórico/filosófico/político que no encuentra su reflejo real en la obra es Hamparte.

 5.- La fantástica y mágica atribución de valores inexistentes a objetos que son comercializados en el mercado del arte con precios exorbitantes es Hamparte. 

Obra de Yoko Ono

 6.- Un artista nunca se gana el derecho de ser artista. Tiene que demostrarlo continuamente. Aunque haya hecho una gran obra de arte, esto no significa que todo lo que haga sea arte. Puede hacer Hamparte consciente o inconscientemente. Si lo hace inconscientemente, será un hampartista puro. Si lo hace de manera consciente para evidenciar y denunciar lo que está ocurriendo en el mercado y en el mundo del arte, o bien por el simple placer de hacerlo; es un hampartista realista. Pero todas las obras que se creen bajo estos términos serán Hamparte.

 7.- En definitiva, el arte de no tener talento es Hamparte.

 

      Por cierto, lo de escribir HampArte con «A» mayúscula, en el título de la entrada, es una licencia mía. Se escribe «Hamparte».

      Las obra de David Datuna que ilustra esta entrada, en la que aparece una banana pegada a la pared con cinta americana gris, se vendió por 120 000 dólares a un coleccionista francés. Después de venderla, David Datuna se comió la banana. ¿Dejó la piel y el trozo de cinta o se los comió también? No dispongo de información al respecto, ni sobre la suerte que corrió el resto de la obra, si se la quedó el colecciónista francés o fue directamente al cubo de la basura. Esto último es improbable, pues la piel y el trozo de cinta se podrían reciclar en una obra titulada El vaciado de la banana.

      La obra de Yoko Ono que aparece arriba se titula Pintura de techo, pintura del sí (Ceiling Painting, Yes Painting). Se considera un objeto interactivo. El espectador puede imaginarse subiendo por la blanca escalera hasta llegar a la lupa que cuelga de una cadena sujeta a un marco situado en el techo. Al llegar arriba (suponiendo que pudiera subir físicamente), el espectador, ayudándose de la lupa, encontraría tras el cristal enmarcado la palabra «YES».



lunes, 18 de enero de 2021

"El árbol de Guernika" de George L. Steer

       

      «Mola esperaba nuevos aviones de Alemania. El 7 de abril por lo menos uno de ellos llegó a Sevilla con una tripulación rubia procedente directamente de la «Vaterland». El piloto era un joven de veinticinco años, —Hans Sobotka—, y el aparato era el más rápido bombardero mediano “Dornier 17”» (El árbol de Guernica de George L. Steer).


       Durante la guerra civil española el diario The Times envió al periodista británico George Lowther Steer (1909 — 1944) a cubrir los acontecimientos en el frente de Euskadi. Después escribiría  The tree of Guernica. A fiel study of modern war, una crónica vibrante donde denuncia los inhumanos bombardeos de la aviación alemana e italiana sobre la población vasca. Recuerdo que al leer este libro me impactó el relato del derribo del Dornier 17 por la manera en la que iba compuesto un miembro de la tripulación. Resultaba chocante, tanto que parecía sacado del guión de una película. El combate aéreo fue presenciado por Steer desde el Arenal, frente al hotel Torróntegui. A continuación os dejo resumido en 956 palabras el relato que hacía Steer del derribo del Dornier 17:

Dornier 17 el Lápiz volador



       El «Dornier 17» era un avión de aspecto atractivo, con un largo y esbelto fuselaje por el que los alemanes le denominaban «el lápiz volador». Sus dos motores desarrollaban una velocidad de 450 kilómetros por hora, y Sobotka, por tanto, era más rápido que todos los cazas puestos al servicio del Gobierno de Bilbao y también que los aviones insurgentes de escolta con base en Vitoria. Podía transportar una carga de 900 kilogramos de bombas a una distancia de 2400 kilómetros.

      (…). Hans Sobotka salió de Berlín el 6 de abril, a las nueve veintidós de la mañana.

       (…).

      Ese mismo día, el jefe de la Policía de Berlín les proporcionó a él y a sus dos compañeros (uno de ellos, un muchacho de aspecto muy raro, según veremos más adelante), pases especiales para realizar un viaje… «para y a través de España» («Nach und durch Spanien»), (…).

     (…). (Sobotka) Era un muchacho bien parecido, de cara ancha, pelo bien engominado, ojos insignificantes y labios finos, barbilla hundida, vestido con un traje muy holgado y suelto de lana, con rayas muy anchas para el gusto inglés.

                                                       Documentación de Hans Sobotka

      El 18 de abril era domingo y en el frente no había mucho movimiento, pero en Bilbao los aviones facciosos hostigaron mucho, manteniendo a nuestras sirenas en chillido constante. (…), dos bombarderos bimotores surgieron entre las nubes de un claro azul. Luego se oyó un confuso ruido de motores que aumentaba de pronto y volvía a acelerar después, cubriéndose uno a otro, según parecía. Más tarde, una fuerte explosión, un furioso desboque de motores y repentinamente, a lo largo de la ladera de Begoña, frente a mí, se sintió una vertiginosa sucesión de bombazos. Resplandores, estruendo, estruendo, resplandores, estruendo prolongado y humo.

      Había una gran muchedumbre bajo el puente viejo. Al Sur, un avión salió de la nube, humeante, y se vio que el otro cabeceaba un poco. El primero fue perdiendo altura rápidamente y se estrelló en llanas en una loma al oeste del Nervión, en Galdácano. 

George L. Steer
      Llevaba a Hans Sobotka y a sus dos amigos alemanes.

      Esta tercera incursión del domingo 18 de abril, según supe, fue llevada a cabo por tres aviones «Dornier 17» y dos «Heinkel 111». El aeropuerto del viejo campo de polo de Lamiako, cerca de la zona montañosa que da al Nervión, fue alertado por los observadores del Sur, y cuatro cazas rusos, tripulados por pilotos españoles, despegaron. Estaban comandados por el joven Felipe del Río. Acecharon, volando a baja a altura, entre los bancos de nubes que cubrían la zona en que el valle abraza el viejo Bilbao, y cuando los alemanes salieron al cielo abierto, se abalanzaron sobre los tres «Dornier» desde la cola, sin ser vistos. Los servidores de las ametralladoras de los tres estaban mirando hacia delante. Casi no hubo lucha.


      En un minuto, las ametralladoras del «Boing» de Del Río agujerearon el «Dornier» que iba a la cabeza, tripulado por Sobotka. Otro se encargó del «Dornier» que iba un poco más atrás: una bala debió alcanzar al piloto, porque le avión empezó a fallar.


Restos del Dornier 17 de Sobotka
      Los otros tres aviones alemanes se dieron la vuelta; es lo único que podían hacer. Los dos averiados dejaron caer sus bombas al mismo tiempo, y del de Sobotka surgieron llamas y humo a lo largo del fuselaje, entre los extremos del timón de dirección, tipo cometa, corriéndose por todo el «lápiz volador» como un apretado velo. Del Río le persiguió, disparando hasta que cayó en Galdácano en medio de una bola de fuego, de la cual los tripulantes se arrojaron demasiado tarde. Del Río y los otros tres cazas persiguieron al segundo «Dornier» averiado, que corrió una suerte similar cerca de Villarreal.

      (…).

      Hallamos que el «Dornier» tenía un equipo de tres hombres. Sobotka y dos compatriotas.

      (…).

      El cuerpo de Sobotka descansaba sobre la hierba, con la espalda casi carbonizada, medio encorvado hacia arriba a lo largo de la espina dorsal. (…). Sus brazos estaban todavía sobre la cara, como pintando su muerte terrorífica, y los debió alzar en su última agonía antes de chocar contra el suelo. (…).


     
Polikarpov I-15  Chato
      Los otros dos alemanes cayeron en el Nervión. Trataron de saltar en paracaídas, pero los paracaídas no tuvieron tiempo de abrirse y se estrellaron contra el agua, muriendo del golpe. Uno de ellos estaba bastante gris, pero fue el otro el que dejó estupefactos a los vascos, que no estaban acostumbrados a cosas como éstas. Jamás habían visto nada igual. Le dieron la vuelta a aquel cuerpo largo y rubio. Tenía la cara magullada, pero así y todo les pareció algo extraordinario: sus cejas estaban depiladas y la boca pintada de rojo. No del rojo de la sangre que corría por el extremo del labio. Observaron que sus manos eran blancas y muy finas. Las uñas tenían hecha la manicura y estaban primorosamente cortadas en punta y barnizadas. Muy raro.

      Los sencillos vascos colocaron el cadáver, un tanto confusos, en un automóvil y lo enviaron a la Sanidad Militar. Era extraño, pensaron, que los alemanes utilizaran mujeres como pilotos de guerra. ¿Qué es lo que iban a inventar después?

      En Bilbao, sin embargo, los doctores de la Sanidad Militar eran hombres de experiencia. Desnudaron el cadáver y lo examinaron detenidamente. Tenía afeitado el pelo de las axilas y llevaba ropa interior femenina de seda color rosa. Pero llenaba, a duras penas, los requisitos de virilidad, y el caso quedó anotado como uno de los más pintorescos incidentes de la guerra civil.

      (…).

      El balance del bombardeo, de tres minutos, fue de 67 muertos y 111 heridos. Una franja de destrucción se extendió tersa sobre la parte vieja y Begoña, partiendo desde le golpeado muelle a orillas del Nervión, donde las pescadoras vendían anchoas.»

      George Lowther Steer tiene una calle con su nombre en Bilbao. El periodista tenía 28 años cuando vino a cubrir la guerra en Euzkadi.

 

Felipe del Río Crespo
      El capitán y As de la aviación Felipe del Río Crespo, de 24 años, moriría cuatro días después cuando combatía contra una escuadrilla de Messerschmitt BF 109 sobre el aeropuerto de Lamiako. Había nacido en Nueva Montaña, Cantabria, el 9 de septiembre de 1912. Se le describe como un joven atractivo, moreno de pelo, baja estatura (1,66 m), de carácter afable y simpático. Cuando derribó el Dornier 17 de Sobotka, Del Río pilotaba un Polikarpov I-15 ruso, conocido popularmente como «Chato». Contaba con 7 victorias.

      Era medíodía, 22 de abril, entrando la tarde, un día claro, cuando el Polikarpov I-15 de Del Río fue derribado. Los bombarderos alemanes volaban bajo, escoltados por una escuadrilla de modernos Messerschmitt BF 109, más rápidos que los Chatos. Su objetivo era la central eléctrica de la Babcock Wilcox. Objetivo que no lograron.

      Del Río fue derribado por dos  Messerschmitt de 2 ª Escuadrilla del grupo J/88 de la Legión Cóndor, algo pasadas las 4 de la tarde. Tuvo tiempo de saltar en paracaídas, mientras su aparato estallaba en mil pedazos. Cuando descendía indefenso, balanceándose en el paracaídas, los dos Messerschmitt volaron a su alrededor y lo ametrallaron. Un mes después, derribaron y ametrallaron cuando descendía en paracaídas al sargento José Díeguez. En junio, el teniente Tomás Baquedano, derribado por el Me-109 pilotado Rolf Pingel, fue ametrallado tras lanzarse en paracaídas y caer al mar cuando luchaba indefenso con las olas. La época del Barón Rojo y sus «Caballeros del Aire» quedaba lejos.

      Del Río llegó con vida al suelo y quedó envuelto en su paracaídas. Emitió algún sonido, pero murió enseguida. El piloto alemán que lo derribó fue el teniente Radusch.

   

Messerschmitt BF 109 

      La mañana del sábado 24 de abril de 1937, a las 9 horas, se celebró la ceremonia por el alma del capitán Felipe Del Río en la iglesia del Carmen de Indautxu. Al finalizar el sepelio, el cadáver se trasladó a Getxo.

      Felipe del Río tiene una calle en el municipio de Leioa.

     


      El teniente 1º Hans Sobotka pilotaba un Dornier Do 17, apodado por los alemanes Fliegender Bleistift (Lápiz Volador).

      Hans Sobotka (este apellido es polaco) fue enterrado con honores en Berlín, en el cementerio Invaliden. En España se le concedió a título póstumo la Cruz de España de bronce, por parte de los sublevados.

Hans Sobotka

     En Alemania, la familia de Hans Sobotka fue invitada a Berlín para celebrar un acto de reconocimiento al joven piloto de la Legión Cóndor. Cuando el padre de Sobotka, el coronel Camillo Sobotka, combatiente en la I Guerra Mundial, de origen judío, quiso acudir al evento fue advertido de que su pasaporte tendría que ir sellado con una «J» y añadir como segundo nombre «Israel».

      El coronel lo consideró una ofensa y protestó ante el gobierno alemán. Tuvo que asegurar que Hans Sobotka era hijo ilegítimo, y no del todo judío puesto que su madre era cien por cien aria, y pedía que se le eximiera de estampar los infamantes sellos en su pasaporte.

      Asimismo, la hermana de Hans, Ruth Sobotka, solicitó que se la eximiera de llevar en el pasaporte la «J» de jüdisch y como segundo nombre el de «Sarah».

      La Cancillería del Führer respondió a su petición acogiéndose a la «Ley de la familia y el nombre» del 05/01/1938, de la cual enviaron copias, negándoles la posibilidad de eximir de los pasaportes la «J» y el segundo nombre, que los señalaba como judíos.

      Finalmente, tras un fatigoso y largo intercambio de correspondencia entre la familia y las más altas autoridades del III Reich, el gobierno alemán cedió, en atención al piloto fallecido y a la ascendencia aria de la madre, y el coronel Camillo Sobotka, de 72 años, pudo visitar la tumba de su hijo Hans sin ser marcado como judío.

      Ruth Sobotka se casó con un soldado alemán y pasó a ser considera como de sangre alemana (deutschblütig).  

      Los otros dos miembros de la tripulación del Dornier 17 de Sobotka eran los sargentos Otto Hofmeister y Friedrich Müller.

Formación de Dornier 17



   

domingo, 20 de diciembre de 2020

Adios, año cruel

 


      Se va 2020 tal como vino: con mala baba. Por fin vamos a perder de vista esos dos ojazos funestos que nos miran con espanto y la nariz ganchuda. 

 Otra fecha fácil de recordar: 20-20, el año de la pandemia. Como 1212 (12-12. Las Navas de Tolosa) y la Revolución francesa ([1]-7-8-9). El caso es que no es un número feo. Guarda cierto equilibrio. 

      2021 rompe esa armonía, pero viene con mejor cara: con la «V» de vacuna, y también de victoria. A ver qué pasa. 

      De momento, quien más y quien menos está esperando a que sea el vecino el que dé un paso adelante y ponga sus barbas a remojar. Por si no se le secan como es debido. La de la vacuna es la única cola en la que nadie quiere estar el primero.

      Mucha gente se ha quedado en el camino por culpa de la pandemia. Te deja sin palabras. Ha sido un año terrible, funesto, y aún colea.

      En este año traidor he podido autopublicar en Amazon una nueva novela, El misterio de Champ D’ames. Para los que autopublicamos, no ha significado ninguna diferencia. Sin embargo, muchos proyectos literarios, desde las editoriales, no han podido lanzarse como estaba proyectado por culpa de la COVID-19. Una lástima.

      El 2021 se aproxima con incertidumbre esperanzadora. No sé si encararle siguiendo la filosofía oculta en la exhortación carpe diem, o la del cuento de Las mil y una noches en el que un hombre ve cómo su hijo pierde una pierna y aguarda un año para saber si ha sido para bien o para mal. A lo largo del año, estalla una guerra a la que parten los mozos del pueblo. Al final, todos los mozos mueren en esa guerra. Menos el hijo del hombre, que se librado de ir por ser cojo.  

      Después de todo, no hay mal que por bien no venga. El futuro es un túnel, un túnel oscuro en el cual apenas se distingue nada por mucho que entornemos los ojos y agucemos la vista. Habrá que sentarse a esperar y dejar pasar un año.

      Si tuviera que pedirle algún deseo al 2021 sería el final de la pandemia, por descontado; que todo el mundo tuviera un hogar digno donde vivir; que el hambre desapareciera y que los reporteros de guerra fueran al paro (lo siento chicos, no es nada personal).

      Bueno, no he utilizado un lenguaje inclusivo para no hacer farragosa la lectura. Pero ya sabéis que donde pone «chicos» (por ejemplo) quiere decir también «chicas». Y así todo lo demás.

      Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo.

      Zorionak eta Urte Berri On.


 


 

miércoles, 30 de septiembre de 2020

El Juicio del Mono





John Scopes
      «Será ilegal que cualquier docente de cualquiera de las universidades, normales y demás escuelas públicas del Estado que se apoyen total o parcialmente con los fondos de las escuelas públicas del Estado, enseñe cualquier teoría que niegue la Historia de la Creación divina del hombre como se enseña en la Biblia, y en cambio enseñar que el hombre ha descendido de un orden inferior de animales» (Ley Butler).

      A comienzos de 1925 en Tennessee se aprobó la Ley Butler. Fue a propuesta de John Washington Butler, granjero de 50 años de edad, miembro de la Cámara de Representantes de Tennessee de 1923 a 1927 por los condados de Macon, Trousdale y Sumner. Dicha ley prohibía a los maestros de escuelas públicas negar que el origen del hombre y la mujer no fue tal y como se narra en la Biblia, e impedía la enseñanza de la teoría de la evolución del ser humano a raíz de un antepasado primate. El maestro infractor se exponía a una multa que oscilaba entre 100 y 500 dólares.

     


     Butler consideraba a la Biblia como la piedra angular sobre la cual se sustentaba el gobierno de los Estados Unidos de América. Afirmaba que cualquiera que negase la historia de la creación según se narra en la Biblia no podría considerarse cristiano y que, además, dañaba esa piedra angular en la que se basaba el Gobierno de la nación.

      George Washington Rappleyea era un ingeniero metalúrgico neoyorquino de 31 años, afincado en Dayton, Tennessee, gerente de Cumberland Coal and Iron Company. No andaban las cosas bien en aquel Dayton de mil setecientos cincuenta almas, en 1925, y a Rappleyea se le ocurrió que nada mejor para levantar la economía del pueblo que un escándalo sonado, a nivel nacional. En la Farmacia de Robinson, mientras tomaba café un grupo de empresarios, Rappleyea, metodista seguidor de la teoría de la evolución, propuso a los prebostes desafiar la Ley Butler. Había leído en el Chattanooga Times que la American Civil Liberties Union (ACLU) estaba interesada en plantar cara a dicha ley. Rappleyea propuso prender la mecha a ese barril de pólvora. La «chispa» que la daría fuego se llamaba John Scopes. El escándalo estaba servido.

     

Clarence Darrow

    John Scopes nació en Paducah, Kentucky, el 3 de agosto de 1900. Se licenció en derecho, y en 1924 daba clases de álgebra, química y física en la escuela secundaria de Dayton, donde también fue entrenador de fútbol. Estaba en una partida de tenis cuando Rappleyea le pidió que se reuniera con él y los empresarios en la farmacia de Robinson. Le mostraron el plan y le propusieron que dijera que él había enseñado la teoría de la evolución en su aula. Scopes no había enseñado la teoría a sus alumnos, pero creía en ella y estuvo de acuerdo en colaborar con Rappleyea y los suyos. Este último había viajado a Nueva York y contaba ya con el concurso de la ACLU.

     


      El 10 de julio de 1925 el juicio, conocido como el Juicio del Mono, comenzó en medio de un espectáculo mediático de repercusiones nacionales, tal como Rappleyea había calculado.

      Scopes estuvo defendido por uno de los abogados más prestigiosos del momento, Clarence Darrow. Fue declarado culpable, multado simbólicamente con 100 dólares y más tarde indultado. 

      En 1960 el juicio fue llevado al cine con el título de Inherit the Wind, (en España, La herencia del viento) dirigida por Stanley Kramer y protagonizada por Spencer Tracy.