Y qué harás ahora

¿Y qué harás ahora, mi querido hijo de ojos azules? ¿Y ahora qué harás, mi joven querido? Voy a regresar afuera antes de que la lluvia comience a caer, caminaré hacia el abismo del más profundo bosque negro, donde la gente es mucha y sus manos están vacías, donde el veneno contamina sus aguas, donde el hogar en el valle encuentra el desaliento de la sucia prisión y la cara del verdugo está siempre bien escondida, donde el hambre amenaza, donde las almas están olvidadas, donde el negro es el color y ninguno el número, y lo contaré, lo diré, lo pensaré y lo respiraré, y lo reflejaré desde la montaña para que todas las almas puedan verlo, luego me mantendré sobre el océano hasta que comience a hundirme, pero sabré bien mi canción antes de empezar a cantarla. (A hard rain`s a-gonna fall. Bob Dylan, Premio Nobel de Literatura 2016)


feliz 2018

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Primera Página: "Tras la senda helicoidal", de Anónimo Ibáñez




Un grupo de  jóvenes se ve abocado a presentar una tenaz batalla por la supervivencia cuando en su camino  se interponen los devastadores efectos de una extraña enfermedad.
Sinopsis
Un grupo de veinteañeros, hastiados de las poco productivas clases universitarias y del rumbo del mundo en los últimos tiempos, deciden emprender un viaje hacia las montañas en busca de pureza y respuestas. Una vez allí, conocerán a una serie de personas extrañas, entrañables y pintorescas, que les brindarán su ayuda a cambio de conducirlos por una espiral de acontecimientos, donde deberán despojarse de su excesivo intelectualismo para dejar paso a todo un mundo emocional, atávico y violento. 
1
  Aquí dentro, en este frondoso bosque, las noches son terriblemente oscuras, como si el cielo hubiese sido teñido con polvo de pizarra. Me encuentro solo, perdido; y esta niebla no hace más que empeorar las cosas, empapándome desde la piel hasta las entrañas. ¡Si al menos tuviese la certeza de que esta insidiosa obnubilación es externa y no interna! Pero sólo sé que me siento como si tuviera delante siete velos, que no desaparecen, que persisten, que me privan del ingrávido baile de la diosa desnuda sobre la gran caracola.
   Ya expuestos mis anhelos, ahora debería decir quién soy; pero no puedo. No, no es que me avergüence decirlo: simplemente, no sé quién soy. Pero si tenéis necesidad de darme un nombre, llamadme Vida; si tenéis necesidad de conocer mi patria, decid Tierra; si tenéis necesidad de otorgarme una profesión, proclamadme Esteta; si tenéis necesidad de ponerme una etiqueta, consideradme un Loco; si tenéis necesidad, si todavía sentís… alguna Necesidad.
Acabo de despertarme. Sin darme cuenta, debí de haberme quedado dormido bajo esta higuera de incipientes frutos, y creo que he tenido un sueño, uno de esos sueños desquiciados más propios de la adolescencia que los de mi recién estrenada vida adulta. Y no sé si ese es el motivo de que me haya despertado con la extraña sensación de que se hace tarde. No sé para qué, pero se hace tarde. Invadido por esta extraña premura, giro la muñeca y miro el reloj;  sus infatigables agujas me recuerdan que iba de camino a la facultad. ¿Cuál de ellas os preguntáis? ¿Qué importancia tiene eso cuando todas ellas enseñan la misma doctrina? ¡Qué tiempos aquellos en los que en la universidad se adquirían conocimientos universales!, como por otra parte su nombre parece indicar. Añoro aquella época aún sin haberla vivido, o quizás sí la he vivido y no lo recuerdo, y lo que siento ahora no son más que vagas reminiscencias de otra vida más pura y, tal vez, más noble.

"Tras la senda helicoidal" (7 de noviembre de 2012, Amazon)

 Autor: Anónimo Ibáñez

  

1 comentario:

Jayja para tí... dijo...

Si, hay un comentario, espero que no nos olvides, que no nos dejes, a pesar de ese apellido de anónimo, sé que eres mi amigo....

un abrazo fuerte, amigo escritor@