Y qué harás ahora

¿Y qué harás ahora, mi querido hijo de ojos azules? ¿Y ahora qué harás, mi joven querido? Voy a regresar afuera antes de que la lluvia comience a caer, caminaré hacia el abismo del más profundo bosque negro, donde la gente es mucha y sus manos están vacías, donde el veneno contamina sus aguas, donde el hogar en el valle encuentra el desaliento de la sucia prisión y la cara del verdugo está siempre bien escondida, donde el hambre amenaza, donde las almas están olvidadas, donde el negro es el color y ninguno el número, y lo contaré, lo diré, lo pensaré y lo respiraré, y lo reflejaré desde la montaña para que todas las almas puedan verlo, luego me mantendré sobre el océano hasta que comience a hundirme, pero sabré bien mi canción antes de empezar a cantarla. (A hard rain`s a-gonna fall. Bob Dylan, Premio Nobel de Literatura 2016)


feliz 2018

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e-writer

Sueñan los editores con e-writer (escritores* eléctricos)? Probablemente sea al revés. Aunque puede que en sus peores pesadillas aparezca la «Estrella de la Muerte» —antes a años luz— proyectando su silueta  virtual sobre librerías especializas y grandes almacenes. Ya tabletea en sus sueños el taconeo metálico de las huestes eléctricas —¡kind-le, kind-le, kind-le!,  en las terrazas, en los autobuses, en los vagones del metro, ¡kind-le, kind-le, kind-le!—, cada vez más irritante, cada día más numeroso.

Antes de que Amazon franqueara sus puertas a la chusma, al Paraíso de los escritores  no se accedía sin antes haber publicado en papel, requisito, éste, indispensable sin el cual no se consideraba a nadie escritor de pleno derecho.

En realidad, publicar en papel era la única manera de publicar, y por eso se decía simplemente: publicar; que era en papel se sobrentendía. Podían existir otros formatos, pero el ciclo siempre era el mismo: primero en papel y luego en otros formatos.

Al escritor que no lograba publicar en papel se le llamaba novel** (y se le sigue llamando), una forma discreta de decir que era un diletante sin cualidades literarias. Por eso, todo aquel que aspiraba a ser llamado escritor no le quedaba otra que publicar a toda costa, pagándose la tirada de su bolsillo, inversión que salía siempre por un Congo y con resultados comerciales inciertos, cuando no conllevaba muchos quebraderos de cabeza.

Ésa era la única manera de publicar cuando la vía editoriales que pagan por publicar se había agotado.

El manuscrito que no encontraba financiación acababa enterrado en la oscuridad de un cajón de la mesa del solitario escritor desilusionado, amargado, sin fe y… novel, aunque tuviera veinte obras en su haber.

Y llega Internet y con ella una extraña: Amazon, una editorial virtual que se desmelena y le dice al desalentado escritor novel que a partir de ahora ya nunca más será un escritor novel, que será un escritor eléctrico: un  e-writer. Entonces el editor en papel y el escritor en papel se palpan la ropa: de la noche a la mañana han pasado de ser editores y escritores, a secas, a  ser editores y escritores en papel.

El e-writer emerge de los tenebrosos abismos del ostracismo arrasándolo todo, trastocando un mundo que se creía inmutable tras los altos muros del dinero.

Ahora publicar es gratis.

El e-writer llega a los mandos de su e-book, y es un firme y ducho comandante de su nave.

«¡Kind-le, kind-le, kind-le!, las huestes eléctricas en las terrazas, en los autobuses, en los vagones del metro».

¡Oh, maravilla! ¡Oh, espanto!, los editores en papel se llevan las manos a la cabeza: las terribles máquinas, los e-book, ¡van tripuladas por lectores eléctricos, por e-reader! Y los e-reader son terriblemente contagiosos, se adueñan de las mentes y cuerpos de los lectores de papel, los papel-reader, y transforman a éstos  en e-reader para la eternidad.

¿Qué hacer?, se pregunta el editor en papel al ver resquebrajarse los altos muros del dinero. Y da con la respuesta: abrir las puertas;  convertirá a sus escritores en papel en e-writer, y a los más afamados e-writer en escritores en papel. Con este ejército de papel-writer/e-writer y e-writer/ papel-writer dominará otra vez el mundo. Las librerías especializadas, los grandes almacenes, se llenarán de e-book y de papel-reader/e-reader.

Pero ya nada será como antes.

El escritor novel ha desaparecido para siempre y los pilotos del e-book, los e-writer, realizan sus acrobacias en el firmamento prohibido del Paraíso de los escritores a la vista expectante del editor.

El futuro, ese viajero infatigable, viene pisando fuerte. Esta conversación tomada de Internet entre dos amigos escritores, que reproduzco a continuación, hace no mucho hubiera parecido ciencia ficción. Uno de ellos ha publicado primero en papel y luego en e-book; el otro es un e-writer al que acaban de publicar en papel. El escritor en papel felicita a su amigo e-writer, y hace la siguiente observación:

—Curiosa transversalidad ésta, del papel pasamos al digital, para retornar al papel.

—Es curioso y cierto. Y al final somos compañeros de editorial, fíjate tú —responde el e-writer.

Notas:                                                            
*Donde digo escritores, leed también escritoras, por favor; y la misma pauta en todo el texto.
** Novel. (Del cat. novell, nuevo).1. adj. Que comienza a practicar un arte o una profesión, o tiene poca experiencia en ellos. U. t. c. s.

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