Y qué harás ahora

¿Y qué harás ahora, mi querido hijo de ojos azules? ¿Y ahora qué harás, mi joven querido? Voy a regresar afuera antes de que la lluvia comience a caer, caminaré hacia el abismo del más profundo bosque negro, donde la gente es mucha y sus manos están vacías, donde el veneno contamina sus aguas, donde el hogar en el valle encuentra el desaliento de la sucia prisión y la cara del verdugo está siempre bien escondida, donde el hambre amenaza, donde las almas están olvidadas, donde el negro es el color y ninguno el número, y lo contaré, lo diré, lo pensaré y lo respiraré, y lo reflejaré desde la montaña para que todas las almas puedan verlo, luego me mantendré sobre el océano hasta que comience a hundirme, pero sabré bien mi canción antes de empezar a cantarla. (A hard rain`s a-gonna fall. Bob Dylan, Premio Nobel de Literatura 2016)


martes, 13 de noviembre de 2018

El ángel que nos mira


      «Un destino que conduce a un inglés hacia los holandeses es bastante extraño; pero el que lleva de Epsom a Pennsylvania, y de aquí a los montes que se cierran en Altamont sobre el soberbio grito de coral del gallo, y a la dulce sonrisa de piedra de un ángel, tiene algo de ese oscuro milagro del azar que constituye la nueva magia en un mundo polvoriento.
      Cada uno de nosotros es el total de sumas que no ha contado: reducidnos de nuevo a la desnudez y a la noche, y veréis cómo empezó en Creta, hace cuatro mil años, el amor que ayer terminó en Texas» El ángel que nos mira Thomas Wolfe.

      Confieso que me ha sorprendido verlo ocupando el 11 en Tienda Kindle de Amazon. No sé por qué, pero no lo veía como un libro Amazon; quiero decir que no lo veía como un libro para ocupar un lugar en la lista de los 100 más vendidos en la Tienda. Prejuicios, supongo.

      «La semilla de nuestra destrucción florece en el desierto, la flor que ha de curarnos crece junto a una roca, y una arpía de Georgia hostiga nuestras vidas, porque un ladrón de Londres se libró de la horca. Cada momento es fruto de cuarenta mil años. Los días se desgranan en minutos y zumban como moscas que vuelan de nuevo hacia la muerte; cada momento es una ventana sobre el tiempo.»

      En 2016 Michael Grandage dirigió Genius, en España El editor de libros. La película narra la relación de Thomas Wolfe (1900-1938) con la editorial Scribner’s Soon, y más concretamente la relación entre Wolfe y el editor de Scribner’s Maxwell Max Perkins (1884-1947). Max Perkins recibe el manuscrito de El ángel que nos mira y lee:

Thomas Wolfe
      «una piedra, una hoja, una puerta ignota; de una piedra, una hoja, una puerta. Y de todas las caras olvidadas.
      Desnudos y solos llegamos al desierto. En su oscuro seno, no conocimos el rostro de nuestra madre; desde la prisión de su carne, vinimos a la prisión indecible e inexplicable de este mundo.
      ¿Quién de nosotros conoció a su hermano? ¿Quién de nosotros observó el corazón de su padre? ¿Quién de nosotros no estuvo siempre prisionero? ¿Quién de nosotros no será siempre un extranjero solitario?
Thomas Wolfe
      Erial de perplejidad, en los ardientes laberintos; perdidos, entre brillantes estrellas, en esta tediosísima ceniza, ¡perdidos! Recordando sobrecogidos, buscamos el gran lenguaje olvidado, el perdido sendero que conduce al cielo, una piedra, una hoja, una puerta ignota. ¿Dónde? ¿Cuándo?
      ¡Oh! Fantasma perdido, batido por el viento, vuelve a nosotros!»

      Y le gusta, pero había que pulirlo. El manuscrito consta de 1.114 páginas mecanografiadas y se titula ¡Oh! Perdido. Max le pide a Wolfe que busque un título más sugerente y a este se le ocurre El ángel que nos mira.

      «Él lo hizo con sus manos y la ayuda de dos negros; era una casita de dos pisos, de ladrillo, con anchos peldaños de madera que bajaban a la plaza desde un porche de mármol. En este porche, flanqueando la puerta de madera, colocó unas piezas de mármol y, junto a la puerta, la pesada y bobalicona figura de un ángel» El ángel que nos mira.

 
Max Perkins
   
«Cuando no hay nada prometedor en la primera página, difícilmente que lo haya en lo que venga a continuación. Me encantan las primeras frases. Cuando llegas a la frase final de una buena novela a menudo descubres lo que ya estaba implícito en la primera frase, aunque entonces no pudieras percibirlo» Max Perkins.





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