Y qué harás ahora

¿Y qué harás ahora, mi querido hijo de ojos azules? ¿Y ahora qué harás, mi joven querido? Voy a regresar afuera antes de que la lluvia comience a caer, caminaré hacia el abismo del más profundo bosque negro, donde la gente es mucha y sus manos están vacías, donde el veneno contamina sus aguas, donde el hogar en el valle encuentra el desaliento de la sucia prisión y la cara del verdugo está siempre bien escondida, donde el hambre amenaza, donde las almas están olvidadas, donde el negro es el color y ninguno el número, y lo contaré, lo diré, lo pensaré y lo respiraré, y lo reflejaré desde la montaña para que todas las almas puedan verlo, luego me mantendré sobre el océano hasta que comience a hundirme, pero sabré bien mi canción antes de empezar a cantarla. (A hard rain`s a-gonna fall. Bob Dylan, Premio Nobel de Literatura 2016)


feliz 2018

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lunes, 23 de enero de 2017

Balzac. La novela de una vida




Stefan Zweig
        «El inesperado éxito de mis libros proviene, según creo, en última instancia de un vicio personal, a saber: que soy un lector impaciente y de mucho temperamento. Me irrita toda facundia, todo lo difuso y vagamente exaltado, lo ambiguo, lo innecesariamente morboso de una novela, de una biografía, de una exposición intelectual. Solo un libro que se mantiene siempre, página tras página, sobre su nivel y que arrastra al lector hasta la última línea sin dejarle tomar aliento me proporciona un perfecto deleite. Nueve de cada diez libros que caen en mis manos los encuentro sobrecargados de descripciones superfluas, diálogos extensos y figuras secundarias inútiles que les quitan tensión y les restan dinamismo.»

       «Si algún arte conozco es el de saber renunciar, pues no lamento que, de mil páginas escritas, ochocientas vayan a parar a la papelera y sólo doscientas se conserven como quintaesencia.»
(Stefan Zweig).


      Estoy leyendo una biografía de Honoré de Balzac escrita por Stefan Zweig (1881-1942): Balzac. La novela de una vida. Los principios en las letras de Balzac no fueron nada fáciles. A los 20 años abandona la notaría en la que trabaja y anuncia que desea ser escritor, para sobresalto de sus padres. De mala gana, ante la firme voluntad del joven Honoré, estos acceden a financiarle: le darán 120 francos al mes durante dos años. Estos dos años son el plazo que tiene Balzac para lograr hacerse con un nombre y vivir de su talento literario, en el que nadie cree, o deberá regresar a la notaría.

Honoré de Balzac
      La madre de Balzac, en total desacuerdo con la decisión de su hijo de ser escritor, le alquila una habitación de tres al cuarto en París, en el número 9 de la calle Lesdiguières, con el ánimo oculto de desanimarlo. Un desván penoso y desagradable que costaba 5 francos mensuales. Por mobiliario, la madre le proporciona una incómoda cama y una mesa y dos sillas, viejas.

      Balzac se encarga de empapelar las tristes paredes, instalar los libros que lleva consigo (no muchos), preparar las hojas y las plumas para escribir. Para alumbrarse dispone de una vela en una botella y un poco de petróleo para el quinqué. Dispone de dos años para convertirse en escritor profesional, la cuestión es que no sabe qué va escribir. En la cabeza de Balzac flota la idea crear una obra maestra, pero ¿de qué clase? ¿Teatral, filosófica? ¿Novela, poesía, cuento?

      Leyó incansablemente decenas de libros, buscando un tema para su futura obra y para aprender el oficio de escritor:

      «No hacía nada más que estudiar para formar mi estilo, hasta que comprendí que acabaría perdiendo la razón.»

      Balzac había decidido escribir una obra filosófica, pero abandona la idea tras dos meses de intentos. Escribir una novela lo ve lejos de sus posibilidades. Aún está verde como escritor. Tal vez un drama histórico. Otra vez lee libros y más libros en busca de un tema. Encuentra uno: Cromwell. Escribe a su hermana Laure para comunicarle su decisión:

      «Me he fijado al fin en el tema de Cromwell y lo he escogido porque es el más espléndido de toda la historia moderna.»


      Está decidido a escribir Cromwell, un drama en verso, y su decisión es firme. Sin embargo, duda de su talento:

      «Las ideas se me acumulan, pero me veo impedido de continuo por mi poco talento en el arte de versificar.»

      Se encierra en su cuchitril de París y no sale nada más que para comprar pan, fruta y café. En el invierno el frío se hace insufrible. Se abriga con una manta de lana y un chaleco de franela. Le pide a su hermana que le envíe un mantón y a su madre que le haga un gorro de punto. Durante el proceso de creación de Cromwell a veces se siente desamparado e inseguro.

      «Todas mis aflicciones tienen su origen en mi reconocimiento del poco talento que tengo.»

      Desea escribir una obra de arte magnífica, intemporal, que marque un hito en la literatura. Pero duda... Le escribe a Laure:

      «… te ruego que no me digas nunca, cuando me hables de mis obras: “Esto está bien”. Debes limitarte a mostrarme mis errores; guárdate los elogios.»

      En enero de 1820 ha terminado el primer borrador de Cromwell. Han pasado cuatro meses. En mayo regresa a la casa de sus padres con la obra corregida y resuelta. Balzac va someterla al juicio de su familia y algunos amigos relevantes que han sido invitados para una lectura en público. La madre se encarga de pasar a limpio el manuscrito, que se encontraba plagado de tachaduras. El Cromwell no satisface al auditorio familiar, que no se siente competente para juzgar el valor literario de la obra. Se recurre a un profesor de literatura de prestigio, con algunas obras dramáticas publicadas, y se le solicita su opinión. Este recomienda al joven Balzac que practique la literatura de forma subsidiaria, mientras se gana la vida con una lucrativa profesión. Balzac no piensa renunciar a su vocación. Su respuesta es la de un creador nato:

      «Si yo aceptara una colocación, estaría perdido. Me convertiría en un chupatintas, en una máquina, en un caballo de circo que da sus treinta o cuarenta vueltas y come, bebe y duerme en las horas señaladas; me convertiría en una criatura vulgar. Y a esto se le llama vivir, a este rotar como piedra de molino, a esa eterna repetición de las mismas, eternas cosas.»

      Aún no ha consumido todo el tiempo del plazo pactado con sus padres. Vuelve a su cuartucho de París dispuesto a luchar por sus sueños. Ha renunciado a la gloria y a convertirse en un escritor inmortal. Lo único que desea es ganarse la vida escribiendo. Descubre que la novela de masas es la forma más rápida para obtener dinero. Es la literatura del momento. Sigue la línea de los escritores que triunfan. Y de nuevo fracasa. Ha pasado un año y medio. El 15 de noviembre de 1820 sus padres le comunican que el 1 de enero de 1821deberá abandonar el cuartucho de Paris y regresar al hogar. Parece que su carrera de escritor ha concluido. Nada indica que las cosas vayan a suceder de otra manera.

      Entonces la casualidad hace que conozca a un joven escritor sin ningún talento, Auguste le Poitevin de lʼEgreville. Este le propone escribir literatura basura, escribir deprisa novelas de ficción con un concreto número de páginas, robando la historia a otros escritores si fuera preciso. Auguste cuenta con un editor. Trabajarían en colaboración. Auguste le proporcionaría la historia y Balzac la escribiría. Las ganancias a partes iguales. Balzac está conforme. Firman como A. de Viellerglé (Auguste) y Lord Rʼhoone (Balzac).

      Más tarde se desligaría de Auguste y continuaría él solo durante años, vendiendo sin ningún escrúpulo su pluma al mejor postor. Resulta paradójico que una de las figuras más notables de la literatura francesa del siglo XIX deba su brillo a la literatura basura. De no haber recurrido a ella, la estrella de Balzac habría languidecido en un despacho de notario.






Goethe
      

«El hombre no puede permanecer siempre en estado consciente; debe repetidamente sumergirse en lo inconsciente, porque allí vive la raíz de su ser». (Goethe).








7 comentarios:

Alberto Senda dijo...

Interesante entrada. A lo de Balzac, Herman Hesse le llamaría "obstinación", título por cierto de su autobiografía, y uno de mis libros favoritos de tal género. Bienaventurados sean todos los obstinados:)

Pd. El otro día me hice con tu nueva novela. Ya sé que me la habías ofrecido, pero de esta forma podré dejarle una crítica en Amazon. Espero ponerme con ella en los próximos días.

Un abrazo.

crónicas de un e-writer dijo...

Gracias, Alberto. Espero que te guste la novela, pero si no es así y ves que te aburre no la leas entera.

Un fuerte abrazo.

Jayja para tí... dijo...

es tan hermoso lo que ellos han escrito, AY! Dios, yo soy una de las moléculas de ellos, ahora renacida ene ste vulgar Mundo!
os quiero mis amados Alberto y Gerardo, mariposa triste les manda besos, son cosas de ser poeta, estar medio loca...según el resto de la humanida...

crónicas de un e-writer dijo...

Tú también escribes cosas hermosas, Janett.

Jayja para tí... dijo...

he dejado algo para ustedes dos, en letra heridos, un grito...

Jayja para tí... dijo...

Gerardo, tu que eres el mejor para buscar todos esos datos, esas biografias, o temas importantes, podrás encontrar para mí un poco de explicación a de que cosa estamos hechos algunos como yo?

crónicas de un e-writer dijo...

Trataré de encontrar algo, Janett. Los griegos creían que los espíritus sensibles, artísticos, se veían acometidos por periodos de "melancolía" que les hacía ser creativos. Puede que el no poder dedicar todo el tiempo a la creatividad provoque un estado de insatisfacción permanente, bastante incómodo. No lo sé. Pero a mí me pasa.

De un blog he sacado esta cita del crítico y biógrafo norteamericano Joseph León Edel (1907/1997), que espero te sirva, de momento:

“Puedo adivinar una peculiar tristeza dentro de la armonía y la belleza de casi todas las obras de arte. Se podría decir que es simplemente la tristeza de la vida, pero es una tristeza que de alguna manera se convierte en el motor generador, en un eslabón de la cadena de energía que hace que el artista persista cuando la haya vivido, que la transforme mediante su instrumento de expresión. Considero un postulado, casi un axioma, el hecho de que para cuando la personalidad creadora ha llegado a la madurez, tiene acumulada en el fondo una gran melancolía que clama por liberarse.”

Un abrazo, amiga.