Y qué harás ahora

¿Y qué harás ahora, mi querido hijo de ojos azules? ¿Y ahora qué harás, mi joven querido? Voy a regresar afuera antes de que la lluvia comience a caer, caminaré hacia el abismo del más profundo bosque negro, donde la gente es mucha y sus manos están vacías, donde el veneno contamina sus aguas, donde el hogar en el valle encuentra el desaliento de la sucia prisión y la cara del verdugo está siempre bien escondida, donde el hambre amenaza, donde las almas están olvidadas, donde el negro es el color y ninguno el número, y lo contaré, lo diré, lo pensaré y lo respiraré, y lo reflejaré desde la montaña para que todas las almas puedan verlo, luego me mantendré sobre el océano hasta que comience a hundirme, pero sabré bien mi canción antes de empezar a cantarla. (A hard rain`s a-gonna fall. Bob Dylan, Premio Nobel de Literatura 2016)






lunes, 17 de octubre de 2016

«El reloj», relato de Pío Baroja


«Hay en los dominios de la fantasía bellas comarcas en donde los árboles suspiran y los arroyos cristalinos se deslizan cantando por entre orillas esmaltadas de flores a perderse en el azul mar.» (El reloj. Pío Baroja).


PÍO BAROJA. FRASES.

«Soy un fauno reumático que ha leído un poco a Kant.»

«Lo que se llama erudición y lo que se llama estilo, generalmente no es más que pedantería y amaneramiento.»

«La gente goza de tan poca fantasía que tiene que recoger con ansia unos de otros esos pequeños adornos de la conversación. Son como traperos o colilleros de frases hechas.»

«La claridad en la ciencia es necesaria; pero en la literatura, no. Ver con claridad es filosofía. Ver claro en el misterio es literatura. Eso hicieron Shakespeare, Cervantes, Dickens, Dostoiewski...»

«Yo creo que para ser escritor basta con tener algo que decir en frases propias o ajenas.»

«El escritor que con menos palabras pueda dar una sensación exacta es el mejor.»



Pío Baroja y Nessi nació en Donostia-San Sebastián, el 28 de diciembre de 1872, y murió en Madrid el 30 de octubre de 1956. Pertenece a los escritores de la conocida como Generación del 98. Fue el tercer hijo de José Mauricio Serafín Baroja Zornoza y de Andrea Carmen Francisca Nessi Goñi.
Pío Baroja escribió novela, ensayo, teatro, artículos periodísticos y cuentos. De los cuentos de Pío Baroja me gustan todos por su estilo, independientemente del tema. He traído a la página uno de sus relatos, que a mí me parece inquietante. Pío Baroja tiene relatos que parecen surgidos de las más extrañas y bellas comarcas de la fantasía.
Las frases de Pío Baroja que he traído a la entrada son de las que más me gustan. Tiene otras muchas que me parecen lamentables, tan lamentables como muchas de las mías de las que muchas veces me arrepiento... y que las vuelvo a repetir otras tantas veces. El ser humano es una máquina inexacta. Quizá lo resume bien Pío Baroja en esta otra frase:

 El hombre: un milímetro por encima del mono cuando no un centímetro por debajo del cerdo.


Estoy terminando de corregir mi novela. Mi intención era publicarla el día 20, pero me temo que tendrá que esperar algunos días más. Corregir una novela tiene algo de déjà vu y de Día de la Marmota.
El relato que os traigo se titula El reloj. Espero que os  guste.



EL RELOJ

Hay en los dominios de la fantasía bellas comarcas en donde los árboles suspiran y los arroyos cristalinos se deslizan cantando por entre orillas esmaltadas de flores a perderse en el azul mar. Lejos de estas comarcas, muy lejos de ellas, hay una región terrible y misteriosa en donde los árboles elevan al cielo sus descarnados brazos de espectro y en donde el silencio y la oscuridad proyectan sobre el alma rayos intensos de sombría desolación y de muerte.
Y en lo más siniestro de esa región de sombras, hay un castillo, un castillo negro y grande, con torreones almenados, con su galería ojival y derruida y un foso lleno de aguas muertas y malsanas.
Yo la conozco, conozco esa región terrible. Una noche, emborrachado por mis tristezas y por el alcohol, iba por el camino tambaleándome como un barco viejo al compás de las notas de una vieja canción marinera. Era una canción la mía en tono menor, canción de pueblo salvaje y primitivo, triste como un canto luterano, canción serena de una amargura grande y sombría, de la amargura de la montaña y del bosque. Y era de noche. De repente, sentí un gran terror. Me encontré junto al castillo, y entre en una sala desierta; un alcotán, con un ala rota, se arrastraba por el suelo.
Desde la ventana se veía la luna, que iluminaba con su luz espectral el campo yerto y desnudo; en los fosos se estremecía el agua intranquila y llena de emanaciones. Arriba, en el cielo, el brillante Arcturus resplandecía y el titilaba con un parpadeo misterioso y confidencial. En la lejanía, las llamas de una hoguera se agitaban con el viento.
En el ancho salón, adornado con negras colgaduras, puse mi cama de helechos secos. El salón estaba abandonado; un braserillo, donde ardía un montón de teas, lo iluminaba. Junto a una pared del salón había un reloj gigantesco, alto y estrecho como un ataúd, un reloj de caja negra que en las noches llenas de silencio lanzaba su tictac metálico con la energía de una amenaza.
«¡Ah! Soy feliz —me repetía a mí mismo—. Ya no oigo la diosa voz humana, nunca, nunca…»
Y el reloj sombrío medía indiferente las horas tristes con su tictac metálico.
La vida estaba dominada; había encontrado el reposo. Mi espíritu gozaba con el horror de la noche, mejor que con las claridades blancas de la aurora.
¡Oh! Me encontraba tranquilo, nada turbaba mi calma; allí podía pasar mi vida solo, siempre solo, rumiando en silencio el amargo pasto de mis ideas, sin locas esperanzas, sin necias ilusiones, con el espíritu lleno de serenidades grises, como un paisaje de otoño.
Y el reloj sombrío medía indiferente las horas tristes con su tictac metálico.
En las noches calladas una nota melancólica, el canto de un sapo me acompañaba.
«Tú también —le decía el cantor de la noche— vives en la soledad. En el fondo de tu escondrijo no tienes quien te responda más que el eco de los latidos de tu corazón.»
Y el reloj sombrío medía indiferente las horas tristes con su tictac metálico.
Una noche, una noche callada, sentí el terror de algo vago que se cernía sobre mi alma; algo tan vago como la sombra de un sueño en el mar agitado de las ideas. Me asomé a la ventana. Allá en el negro cielo se estremecían y palpitaban los astros, en la inmensidad de sus existencias solitarias; ni un grito, ni un estremecimiento de vida en la tierra negra.
Y el reloj sombrío medía indiferente las horas tristes con su tictac metálico.
Escuché atentamente; nada se oía. ¡El silencio, el silencio por todas partes! Sobrecogido, delirante, supliqué a los árboles que suspiraban en la noche que me acompañaran con suspiros; supliqué al viento que murmurase entre el follaje y a la lluvia que resonara en las hojas secas del camino; e imploré de las cosas y de los hombres que no me abandonasen, y pedí a la luna que rompiera su negro manto de ébano y acariciara mis ojos, mis pobres ojos, turbios por la angustia de la muerte, con su mirada argentada y casta.
Y los árboles, y la luna, y la lluvia, y el viento permanecieron sordos.
Y el reloj sombrío que mide indiferente las horas tristes se había parado para siempre.



 

 Soy un hombre curioso y que se aburre desde la más tierna infancia.
(Pío Baroja). 







5 comentarios:

Alberto Senda dijo...

Maravilloso relato.
Efectivamente: Corregir una novela tiene mucho del día de la marmota:)
Un fuerte abrazo.

Jayja para tí... dijo...

mil besos a los dos, no no los olvido, van en mi yo caminando por mi mundo brutal...luchando contra estas horribles elecciones, y deseando volar como las palomas...y tal vez emigrar...por otro lado, es ahora mi tierra, y me gusta ser agradecida...

crónicas de un e-writer dijo...

Hola, Alberto y Janett.

Ya he publicado la novela. No la he puesto en promoción (gratis), pero si os interesa echarla un ojo a vosotros os la puedo enviar por email.

Janett, todas las elecciones son horribles porque las hacen horribles para que los votantes indecisos acaben por posicionarse. Pero más horrible que las elecciones es que no haya elecciones.

Un fuerte abrazo a los dos.

Alberto Senda dijo...

Hola.
Enhorabuena por la publicación. Estaré encantado de leerla en cuanto me sea posible. De momento, voy a estar muy liado hasta mediados de diciembre, pues en esas fechas tengo un examen final muy importante. Si me la quieres enviar, perfecto; pero de todas formas la acabaré comprando. Al fin y al cabo, la mejor promoción que existe es tratar de catapultarla a los primeros puestos de la lista. Si sabes de alguien que la vaya a comprar un día concreto, me avisas y yo la compro ese mismo día porque de esa forma asciende muchos más puestos en el ranking de ventas. Creo que esta es una buena estrategia a seguir cada vez que publiquemos un libro...

Un abrazo.

crónicas de un e-writer dijo...

Gracias, Alberto, pero no es necesario que la compres. El día que te veas libre de compromisos me la pides.
¡Suerte con el examen! ;)

Un abrazo.