Y qué harás ahora

¿Y qué harás ahora, mi querido hijo de ojos azules? ¿Y ahora qué harás, mi joven querido? Voy a regresar afuera antes de que la lluvia comience a caer, caminaré hacia el abismo del más profundo bosque negro, donde la gente es mucha y sus manos están vacías, donde el veneno contamina sus aguas, donde el hogar en el valle encuentra el desaliento de la sucia prisión y la cara del verdugo está siempre bien escondida, donde el hambre amenaza, donde las almas están olvidadas, donde el negro es el color y ninguno el número, y lo contaré, lo diré, lo pensaré y lo respiraré, y lo reflejaré desde la montaña para que todas las almas puedan verlo, luego me mantendré sobre el océano hasta que comience a hundirme, pero sabré bien mi canción antes de empezar a cantarla. (A hard rain`s a-gonna fall. Bob Dylan, Premio Nobel de Literatura 2016)


feliz 2018

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viernes, 8 de julio de 2016

El retrato de Dorian Gray




Oscar Wilde
«El artista es creador de belleza.
Revelar el arte y ocultar al artista es la meta del arte.
El crítico es quien puede traducir de manera distinta o con nuevos materiales su impresión de la belleza. La forma más elevada de la crítica, y también la más rastrera, es una modalidad de autobiografía.
Quienes descubren significados ruines en cosas hermosas están corrompidos sin ser elegantes, lo que es un defecto. Quienes encuentran significados bellos en cosas hermosas son espíritus cultivados. Para ellos hay esperanza.
Son los elegidos, y en su caso las cosas hermosas sólo significan belleza.
No existen libros morales o inmorales.
Los libros están bien o mal escritos. Eso es todo.
La aversión del siglo por el realismo es la rabia de Calibán al verse la cara en el espejo.
La aversión del siglo por el romanticismo es la rabia de Calibán al no verse la cara en un espejo.
La vida moral del hombre forma parte de los temas del artista, pero la moralidad del arte consiste en hacer un uso perfecto de un medio imperfecto. Ningún artista desea probar nada. Incluso las cosas que son verdad se pueden probar.
El artista no tiene preferencias morales. Una preferencia moral en un artista es un imperdonable amaneramiento de estilo.
Ningún artista es morboso. El artista está capacitado para expresarlo todo.
Pensamiento y lenguaje son, para el artista, los instrumentos de su arte.
El vicio y la virtud son los materiales del artista. Desde el punto de vista de la forma, el modelo de todas las artes es el arte del músico. Desde el punto de vista del sentimiento, el modelo es el talento del actor.
Todo arte es a la vez superficie y símbolo.
Quienes profundizan, sin contentarse con la superficie, se exponen a las consecuencias.
Quienes penetran en el símbolo se exponen a las consecuencias.
Lo que en realidad refleja el arte es al espectador y no la vida.
La diversidad de opiniones sobre una obra de arte muestra que esa obra es nueva, compleja y que está viva. Cuando los críticos disienten, el artista está de acuerdo consigo mismo.
A un hombre le podemos perdonar que haga algo útil siempre que no lo admire.
La única excusa para hacer una cosa inútil es admirarla infinitamente.
Todo arte es completamente inútil.»
(Oscar Wilde, prefacio a El retrato de Dorian Gray).


Aunque a menudo no nos damos cuenta, muchas de las grandes obras de arte que deleitan nuestros sentidos y que consideramos de primera mano en realidad fueron inspiradas por otras obras de arte anteriores.

La puesta de sol escarlata, de Turner
La puesta de sol escarlata, acuarela realizada entre 1830 y 1840 por el pintor inglés William Turner (1775−1851), tiene una indiscutible similitud con el óleo que dio nombre al Impresionismo, Impresión, sol naciente, firmado en 1872, del pintor francés Claude Monet (1840−1926). Al también pintor francés Paul Gauguin (1848−1903) sus colegas posimpresionistas le consideraban un «copión», y cubrían los cuadros cuando Gauguin los visitaba en sus estudios para evitar que se inspirase  quizás demasiado.

Impresión, sol naciente, de Monet
En literatura, La Regenta, de Leopoldo Alas «Clarín», publicada en 1884 y 1885, recuerda más que vagamente a Madame Bovary, de Gustave Flaubert, publicada por entregas en 1856. Hay quien cree posible que para Robinsón Crusoe, aparecida en 1719, Daniel Defoe se inspirase en la novela El viviente, hijo del vigilante, de Abubacer (1115−1185), traducida al inglés y publicada en Londres en el año 1708. La novela de Abubacer cuenta la historia de Hayy, el cual se encuentra desde pequeño abandonado en una isla desierta, en la India.

A su vez, hay quien es de la opinión que El viviente, hijo del vigilante está inspirada en el cuento medieval árabe Cuento del ídolo y el rey y su hija, que narra historias inventadas sobre Alejandro Magno y que debía de ser muy conocido en la España musulmana de los tiempos de Abubacer.

Hay una gran diferencia entre plagiar e inspirarse en una obra de arte para crear otra. El plagio busca engañar y oculta la fuente de su origen, sin aportar nada. La inspiración es creativa sobre lo ya hecho, y no trata de ocultar sus orígenes porque no lo necesita: es de por sí original y se convierte en fuente de inspiración.

En 1831Honoré de Balzac (1799-1850) publica La piel de zapa. En la novela, el protagonista, el joven Rafael de Valentin ha perdido hasta el último franco en el juego y decide suicidarse lanzándose al Sena. Mientras se dirige al río, entra en una exótica tienda en la que venden todo tipo de rarezas. El comerciante le muestra una piel escrita en sánscrito. La piel concede cualquier deseo a quien la posea, pero con cada deseo la piel encogerá un poco. Rafael se hace con la piel y el deseo que pide es disfrutar un banquete pantagruélico junto a sus amigos. Tras ver realizado este deseo, le pide a la piel una inmensa fortuna que le haga rico. Entonces descubre que a la vez que la piel encoge su propia salud empeora con cada deseo cumplido.

A contrapelo, o, también, Al revés, escrita por Joris-Karl Huysmans 1884, cuenta la historia del joven aristócrata Jean Floressas des Esseintes, al que la sociedad y las personas le producen un insufrible desprecio. Esteta, cínico, rebelde, amoral, pesimista…, considera que los valores progresistas de su tiempo en el fondo esconden hipócritamente la explotación del hombre por el hombre y son el origen de todas las frustraciones vitales y espirituales.

Oscar Wilde (1854− 1900) pudo inspirarse en estos dos libros, La piel de zapa y A contrapelo, para escribir El retrato de Dorian Gray. Publicada en 1890 como cuento para una revista mensual estadunidense, en 1891 saldría como novela tras añadirle más capítulos.

Todo el mundo conoce el argumento de El retrato de Dorian Gray, y casi no hace falta ni repetirlo: narra la historia de Dorian Gray, que al verse joven y bello en un retrato que le pinta el artista Basil Hallward desea no envejecer. El deseo se cumple y Dorian se da a la vida disoluta sin importarle el mal que pueda hacer a los que le rodean. Mientras en el retrato envejece, físicamente Dorian Gray conserva su juventud tal y como si tuviera veinte años.

A Francis Scott Fitzgerald (1896−1940) El retrato de Dorian Gray no le entusiasmaba, precisamente. Esto es lo que opinaba en 1940, en una carta dirigida a su hija Scottie:

«Me alegra que te gustara La muerte en Venecia. No veo relación alguna entre esa obra y Dorian Gray, salvo la homosexualidad implícita en las dos. Dorian Gray es poco más que un cuento de hadas galvanizado que estimula la actividad intelectual en los adolescentes de unos diecisiete años (te causó el mismo efecto que a mí). Algún día lo releerás y te parecerá en esencia ingenuo. Pertenece al borde inferior y deshilachado de la “literatura”, así como Lo que el viento se llevó pertenece a la categoría superior del entretenimiento de masas. La muerte en Venecia, en cambio, es una obra de arte, de la escuela de Flaubert, aunque nada imitativa. Wilde contó con dos modelos para Dorian Gray: La piel de zapa, de Balzac, y Al revés, de Huysmans.»

A mí me gustó El retrato de Dorian Gray, cuando la leí, y supongo que me volvería a gustar si la volviera a leer. No creo que mis exigencias literarias hayan cambiado con respecto a esa novela. Aunque pienso que entiendo a Fitzgerald.

«En el centro de la pieza, sobre un caballete recto, descansaba el retrato de cuerpo entero de un joven de extraordinaria belleza; y, delante, a cierta distancia, estaba sentado el artista en persona, el Basil Hallward cuya repentina desaparición, hace algunos años, tanto conmoviera a la sociedad y diera origen a tan extrañas suposiciones.

Al contemplar la figura apuesta y elegante que con tanta habilidad había reflejado gracias a su arte, una sonrisa de satisfacción, que quizá hubiera podido prolongarse, iluminó su rostro. Pero el artista se incorporó bruscamente y, cerrando los ojos, se cubrió los párpados con los dedos, como si tratara de aprisionar en su cerebro algún extraño sueño del que temiese despertar.

–Es tu mejor obra, Basil –dijo lord Henry con entonación lánguida–, lo mejor que has hecho. No dejes de mandarla el año que viene a la galería Grosvenor. La Academia es demasiado grande y demasiado vulgar. Cada vez que voy allí, o hay tanta gente que no puedo ver los cuadros, lo que es horrible, o hay tantos cuadros que no puedo ver a la gente, lo que todavía es peor. La galería Grosvenor es el sitio indicado.»

(El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde).




5 comentarios:

Jayja para tí... dijo...

me encanta recordar cuando yo tenia mis 17 y empece compulsivamente a leer esos libros.. es verdadd era muy joven pero su amrca quedo en mi y no necesito volver a leerlos creo, forman parte de mis tesoros... aunque creo volvere algun dia a leerlos
gracias por tus increibles datos

crónicas de un e-writer dijo...

Hola, Janett.

Creo que si leyeras ahora "El retrato de Dorian Gray" lo harías con ojos de escritora y apreciarías en él cosas que entonces pasabas por alto. Oscar Wilde era un gran escritor que empleaba las palabras justas, sin recargar los textos innecesariamente, y era muy bueno con los diálogos, y elegante. Me parece que sus textos rezuman serenidad... literaria. Además, siempre puede que algún pasaje del libro te inspire un relato o una novela. A mí, el cuento de Oscar Wilde "El cohete extraordinario" me inspiró el relato "La bellota". Ah, y gracias a ti por estar aquí.

Un abrazo.

Alberto Senda dijo...

El prefacio de Oscar Wilde a su Dorian Grey siempre me ha gustado tanto o más que el propio libro. Si la novela la he leído dos veces, el prefacio al menos el doble. También puedo decir que mi segundo y relativamente recientemente acercamiento a Dorian Grey no me ha decepcionado; me ha gustado tanto como el primero.

Todos los que nos dedicamos a crear algo siempre estamos tomando ideas prestadas. Es inevitable, y quien diga lo contrario miente. Y ya que citas la indudable influencia de Turner en el movimiento impresionista, podríamos seguir tirando del hilo, y decir que Turner estuvo a su vez más que influenciado por la Teoría del Color de Goethe, contrapunto holístico y artístico de la teoría del color de Isaac Newton. Turner, como acérrimo partidario de Goethe, quiso probar con sus obras que el genio alemán estaba en lo cierto. Y cierta o no la teoría de Goethe sirvió para que Turner acabara siendo un pintor muy adelantado a su época.
Y cuando las cosas funcionan, lo hacen así...

Un abrazo.

Jayja para tí... dijo...

uy! quede echando humo!

crónicas de un e-writer dijo...

Hola, Alberto. Desconocía la información que aportas en el segundo párrafo de tu comentario. Como siempre, tus comentarios son apéndices que complementan las entradas del blog.

Es verdad que las cosas funcionan así. Se sabe por lo que se ve y se avanza por imitación.

Un abrazo para ti y otro para Janett.