Y qué harás ahora

¿Y qué harás ahora, mi querido hijo de ojos azules? ¿Y ahora qué harás, mi joven querido? Voy a regresar afuera antes de que la lluvia comience a caer, caminaré hacia el abismo del más profundo bosque negro, donde la gente es mucha y sus manos están vacías, donde el veneno contamina sus aguas, donde el hogar en el valle encuentra el desaliento de la sucia prisión y la cara del verdugo está siempre bien escondida, donde el hambre amenaza, donde las almas están olvidadas, donde el negro es el color y ninguno el número, y lo contaré, lo diré, lo pensaré y lo respiraré, y lo reflejaré desde la montaña para que todas las almas puedan verlo, luego me mantendré sobre el océano hasta que comience a hundirme, pero sabré bien mi canción antes de empezar a cantarla. (A hard rain`s a-gonna fall. Bob Dylan, Premio Nobel de Literatura 2016)






lunes, 23 de noviembre de 2015

"Drácula". Los orígenes de la novela.




      «Sin embargo, a los pocos minutos mis oídos se habían acostumbrado a los aullidos, y los caballos se habían calmado tanto que el cochero pudo descender y pararse frente a ellos. Los sobó y acarició, y les susurró algo en las orejas, tal como he oído que hacen los domadores de caballos, y con un efecto tan extraordinario que bajo estos mimos se volvieron nuevamente bastante obedientes, aunque todavía temblaban. El cochero tomó nuevamente su asiento, sacudió sus riendas y reiniciamos nuestro viaje a buen paso.»
      (Drácula, de  Bram Stoker)

      En un documental sobre el olfato, en la TV se preguntaban a qué huele el espacio exterior, el universo. Y quién mejor para responder a esta pregunta que un astronauta. Obviamente no se puede oler el universo porque allí no hay aire y la muerte sería segura; pero hay un momento en el cual, tras un paseo espacial, cuando el astronauta vuelve a la nave y comienza a despojarse de la escafandra, por unos instantes el olor del universo se cuela en el casco y el astronauta lo percibe. Percibe el olor del universo; por un breve lapso de tiempo puede olerlo y degustarlo. Pero ¿a qué huele? Nos podemos imaginar un aroma especialmente agradable, casi mágico, misterioso, y sería decepcionante que no oliera a nada. La respuesta del astronauta fue que el universo olía a pólvora quemada y azufre.

      Pólvora quemada y azufre. Resulta paradójico que el cielo (el firmamento) huela a azufre, el olor del infierno; como resulta paradójico que el señor de las tinieblas se llame Lucifer, que significa Luz Hermosa.

      Otro señor de las tinieblas que tiene que ver con el azufre es Drácula. El conde Drácula de toda la vida… Su retrato nos lo proporciona uno de los protagonistas de la novela de Bram Stoker , el abogado londinense  Jonathan Harker, al que Drácula retiene en su castillo:

      «Una llave giró haciendo el conocido ruido producido por el desuso, y la inmensa puerta se abrió hacia adentro. En ella apareció un hombre alto, ya viejo, nítidamente afeitado, a excepción del largo bigote blanco, y vestido de negro de la cabeza a los pies, sin ninguna mancha de color en ninguna parte.»

      «Su cara era fuerte, muy fuerte, aguileña, con un puente muy marcado sobre  la fina nariz y las ventanas de ella peculiarmente arqueadas; con una frente alta y despejada, y el pelo gris que le crecía escasamente alrededor de las sienes, pero profusamente en otras partes. Sus cejas eran muy espesas, casi se encontraban en el entrecejo, y con un pelo tan abundante que parecía encresparse por su misma profusión.

      La boca, por lo que podía ver de ella bajo el tupido bigote, era fina y tenía una apariencia más bien cruel, con unos dientes blancos peculiarmente agudos; éstos sobresalían sobre los labios, cuya notable rudeza mostraba unas singular vitalidad en un hombre de su edad. En cuanto a los demás, sus orejas eran pálidas y extremadamente puntiagudas en la parte superior; el mentón era amplio y fuerte, y las mejillas firmes, aunque delgadas. La tez era de una palidez extraordinaria.
Abraham Stoker

      Entre tanto, había notado los dorsos de sus manos mientras descansaban sobre sus rodillas a la luz del fuego, y me habían parecido bastante blancas y finas; pero viéndolas más de cerca, no pude evitar notar que eran bastante toscas, anchas y con dedos rechonchos. Cosa rara, tenían pelos en el centro de la palma. Las uñas eran largas y finas, y recortadas en aguda punta. Cuando el conde se inclinó hacia mí y una de sus manos me tocó, no pude reprimir un escalofrío.»

      La cena que le ofrece el vampiro al recién llegado al castillo, Jonathan Harker, es sencilla, apetitosa y ligera:

      «El propio conde se acercó a mí y quitó la tapa del plato, y de inmediato ataqué un excelente pollo asado. Esto, con algo de queso y ensalada, y una botella de Tokay añejo, del cual bebí dos vasos, fue mi cena.»

Henry Irving
      El vino tokay se asocia a la condesa húngara Susana Lorántffy (1600−1660), esposa del príncipe de Transilvania Jorge Rákóczi I. La condesa era una erudita en el cultivo de la vid; poseía numerosos viñedos que atendía en persona. A causa de las guerras entre turcos y alemanes la cosecha de cierto año hubo de posponerse hasta noviembre, lo que dio lugar a un vino más dulce del habitual en las uvas destinadas a este tipo de vino.

      En Drácula tampoco falta el tenue erotismo de finales del XIX:

       «La muchacha se arrodilló y se inclinó sobre mí, regocijándose simplemente. Había voluptuosidad deliberada que era a la vez maravillosa y repulsiva, y en el momento en que dobló su cuello se relamió los labios como un animal, de manera que pude ver la humedad brillando en sus labios escarlata a la luz de la luna y la lengua roja cuando golpeaba sus blancos y agudos dientes. Su cabeza descendió y descendió a medida que los labios pasaron a lo largo de mi boca y mentón, y parecieron posarse sobre mi garganta. Entonces hizo una pausa y pude escuchar el agitado sonido de su lengua que lamía sus dientes y labios, y pude sentir el caliente aliento sobre mi cuello.»
  
Franz Liszt
      Abraham Stoker nació en Clontarf, Irlanda, el 8 de noviembre de 1847, y murió en Londres el 20 de abril de 1912. Publicó Drácula en 1897, y recibió los elogios de Arthur Conan Doyle y Óscar Wilde que dijo que era la novela de terror mejor escrita y la más bella de todas las novelas. Para delinear la fisonomía del conde fundió los rasgos de Franz Liszt, y los del actor inglés Henry Irving de quien fue secretario particular (pulsando en este vínculo podréis ir a una curiosa grabación de 1898 en la que se puede escuchar a Irving recitando a Ricardo III, de Shakespeare:  www.youtube.com/watch?v=7Z4gXiNKR4s). Bram Stoker bebió de Carmilla, la novela corta de Sheridan Le Fanu, para escribir su Drácula.

Sheridan Le Fanu
      Joseph Thomas Sheridan Le Fanu (Dublín, 1814–1873), copropietario del Dublin Evening Mail para el que trabajó Bram Stoker como crítico de teatro, está considerado como uno de los más importantes escritores de terror de su época. Carmilla narra el encuentro entre Laura y Carmilla, una  vampira; el componente erótico asociado a las novelas de vampiros es en este caso lésbico. Sheridan Le Fanu se inspiró en la vida de la condesa húngara Isabel Báthory de Ecsed (Hungría, 1560−Eslovaquia, 1614) para escribir la novela.

Isabel Báthory de Ecsed
      A Isabel Báthory de Ecsed se le atribuyen 650 muertes; ha pasado a la historia como la mujer que más asesinatos ha cometido y con el sobrenombre de la Condesa Sangrienta. Pertenecía a una de las más poderosas sagas familiares de Transilvania, entre cuyos antepasados figuraban condes, príncipes, un cardenal y un rey polaco: los Erdély; desde los 6 años sufría ataques de epilepsia. Tuvo una educación esmerada, muy superior a la mayoría de los nobles húngaros. Al cumplir 11 años se fue a vivir al castillo Sárvár, de su prometido Francisco Nádasdy, de 13 años. Dos años después, contando 13, Isabel quedaba embarazada de uno de los empleados del castillo, el joven László Bende. Francisco hizo que castraran a Lázló y que lo echaran a los perros; Isabel dio a luz en secreto y se hizo desaparecer al chiquillo.

Francisco Nádasdy
      Con Francisco, Isabel tuvo tres niñas y un niño. Debido a que las guerras lo mantenían apartado de su feudo, Francisco le enseñó a su mujer varios métodos de tortura para mantener el orden entre sus siervos, una costumbre habitual en la Hungría de la época. Con el tiempo Isabel se hizo una experta torturadora, y luego era ella quien escribía a su esposo con nuevos e ingeniosos suplicios totalmente de su cosecha. Francisco murió en 1604, a los 49 años; se había ganado a pulso el sobrenombre de el Caballero Negro de Hungría por su fiereza en el combate y por aplicar el empalamiento a los enemigos capturados.

      Es a partir de la muerte de su esposo cuando empieza la leyenda negra de Isabel. En primer lugar expulsa del castillo a su aborrecible suegra y a todos los Nádasdy. Luego encierra en los sótanos a las sirvientas protegidas de la suegra, a las cuales tiene ganas desde hace tiempo, y les aplica el catálogo entero de torturas que le había entregado el difunto más el apéndice que ella había ido añadiendo de su fértil imaginación. Sin embargo, con un importante feudo y sin ejército para defenderlo la situación de Isabel es delicada. Llegan rumores de que en el castillo de la viuda se practica la brujería, convenientemente extendidos por un pastor protestante. Se dice que bebe sangre de mujeres jóvenes, acusación típica de la época empleada contra judíos y disidentes. Matías II de Hungría ordena al conde Jorge Thurzó, primo de Isabel, a la que no puede ni ver, que investigue lo que se dice. Sin ejército que lo defienda, el conde toma el castillo sin encontrar oposición.

      Al entrar en el castillo de Cachtice, Thurzó encontró en el patio a una sirvienta en un cepo, con varios huesos de la cadera rotos debido a una paliza. En el salón había una joven desangrada y otra con numerosos agujeros por todo el cuerpo. En las mazmorras encontró a doce más con vida, a las que se les había estado desangrando durante semanas. Debajo del castillo encontraron la tumba de hasta 50 jóvenes asesinadas de la forma más cruel. Por todas partes había serrín y ceniza, utilizado para absorber la sangre derramada, y el castillo entero emanaba un perceptible tufo a putrefacción. En su diario Isabel llevaba la cuenta de las muchachas asesinadas, 650 en total.

Castillo de Cachtice. Foto antigua
      Isabel se acogió a sus derechos nobiliarios y se negó asistir al juicio celebrado en Bitcse, en 1616. Juan Ujváry, el mayordomo, declaró en él había presenciado el asesinato de al menos 37 mujeres solteras de entre 11 y 26 años. Las jóvenes sirvientas no importaban, pero sí las aristócratas martirizadas y luego asesinadas. Los cómplices de Isabel fueron decapitados y sus cadáveres quemados, entre ellos el mayordomo. A Dorotea, Helena y Piroska, halladas brujas, se les practicó la amputación de los dedos con tenazas candentes por «haberlos empapado en sangre de cristianos» y fueron condenadas a la hoguera. Erzsi Majorova, burguesa: ejecutada. Katryna, 14 años de edad: salvó la vida gracias a la intercesión de una superviviente; recibió cien latigazos.

Castillo de Cachtice en la actualidad
      A Isabel se le acusó de beber la sangre de mujeres jóvenes para mantenerse eternamente joven, y de acostarse tanto con hombres como con mujeres. Fue encerrada en los aposentos de su castillo y selladas puertas y ventanas. Sólo se dejó una pequeña abertura para introducir la comida. Murió en 1614, cuatro años después, a los 54 años. 

      La sospecha de que a Isabel se la juzgó en base a pruebas falsas aletea sobre esta historia. Isabel era protestante y poderosa, mientras que el rey de Hungría era católico y le debía una gran cantidad de dinero de una deuda contraída con Francisco Nádasdy. ¿Fue Isabel Báthory víctima de una conspiración? Es lo que defiende el historiador Lázlo Nagy sin aportar ni media prueba. La condena sirvió de pretexto a Matías II de Hungría para confiscar el patrimonio de  Isabel Báthory de Ecsed. Nadie a visto el famoso diario secreto de Isabel y su existencia es dudosa.