Y qué harás ahora

¿Y qué harás ahora, mi querido hijo de ojos azules? ¿Y ahora qué harás, mi joven querido? Voy a regresar afuera antes de que la lluvia comience a caer, caminaré hacia el abismo del más profundo bosque negro, donde la gente es mucha y sus manos están vacías, donde el veneno contamina sus aguas, donde el hogar en el valle encuentra el desaliento de la sucia prisión y la cara del verdugo está siempre bien escondida, donde el hambre amenaza, donde las almas están olvidadas, donde el negro es el color y ninguno el número, y lo contaré, lo diré, lo pensaré y lo respiraré, y lo reflejaré desde la montaña para que todas las almas puedan verlo, luego me mantendré sobre el océano hasta que comience a hundirme, pero sabré bien mi canción antes de empezar a cantarla. (A hard rain`s a-gonna fall. Bob Dylan, Premio Nobel de Literatura 2016)






martes, 7 de abril de 2015

«… empujados incesantemente hacia el pasado.»




      «Ya sé que las revistas solo quieren mis relatos sobre chicas a la moda; los problemas que has tenido para vender Benjamín Button y Un diamante tan grande como el Ritz lo demuestran
      (Francis Scott Fitzgerald, a su agente literario Harold Ober).


      En la película Birdman, el protagonista principal, Riggan Thomson (Michael Keaton), le pide a su amigo y productor (Zach Galifianakis) de la obra teatral que están ensayando con vistas a estrenar en Broadway que despida inmediatamente a un actor mediocre, con un  papel relevante, y se apresure a buscar un actor de categoría que lo sustituya. El productor, espantado, le responde que es imposible encontrar a nadie y le recuerda la necesidad imperiosa de estrenar a tiempo. Riggan Thomson le sugiere que llame a Woody Harrelson, a lo que el productor le responde que está trabajando en Los Juegos del hambre. Bien, pues entonces puedes llamar a Michael Fassbender, le dice Riggan Thomson, y el productor le contesta que Michael Fassbender está haciendo la precuela de la precuela de X-Men.

      Precuela es un neologismo que se ha extendido en España —no sé si también en otros países—  para referirse a determinadas secuelas artísticas, de películas de cine, especialmente, que de momento no ha sido adoptado por la Real Academia Española de la lengua.

      En la precuela se narra el pasado de la historia que se desarrolla en la obra primigenia, es decir, aquella que da origen a las sucesivas secuelas o continuaciones. En realidad no deja de ser una secuela, pero parece que se entiende mejor si se dice precuela. No recuerdo cómo nos arreglábamos antes.

      Una película que narra una especie de precuela es El curioso caso de Benjamin Button (2008), dirigida por David Fincher y protagonizada por Brad Pitt y Cate Blanchett. En ella se cuenta la historia de un hombre que nace octogenario, es decir, que empieza su vida por el final pero en el principio. Algo así como una precuela de la vida: un finpricio.

      La película se basa en el cuento del mismo título de Francis Scott Fitzgerald. Según el propio escritor, él se inspiró para escribir el relato en una frase del inimitable Mark Twain (Florida, 1835-Connecticut, 1910): «Es una lástima que la mejor parte de la vida transcurra al inicio y la peor al final. La amargura de la vejez no pesaría tanto con la gozosa perspectiva de hacerse joven».
      «He intentado demostrar su tesis haciendo un experimento con un hombre insertado en un ambiente absolutamente normal», dijo Scott Fitzgerald.

       Después de publicar El curioso caso de Benjamin Button (por la revista Collier en 1922), Scott Fitzgerald se enteró al poco tiempo de que una historia similar había sido escrita mucho antes por Samuel Butler (Nottingham, 1835-Londres, 1902). Descubrir que el argumento de nuestra historia —el cual creíamos, como poco, original— tiene precedentes en otras historias parece ser algo bastante corriente entre los escritores. Este descubrimiento suele resultar frustrante, sobre todo si se tiene la obra en avanzado estado de gestación; pero cada quien arrastra su cruz como buenamente puede.

F. Scott Fitzgerald
      Francis Scott Key Fitzgerald nació en Saint Paul, Minnesota, el 24 de septiembre de 1896, y falleció en Hollywood, California, el 21 de diciembre de 1940). Su edad, pues, era de 44 años.
      Su padre fue un caballero del sur arruinado, y su madre era católica, de origen irlandés. Su abuela estuvo involucrada en el asesinato de Abraham Lincoln, y murió en la horca a consecuencia de ello. Antepasado suyo fue Francis Scott Key (1779-1843), el cual escribió la letra de The Star-Spangled Banner (La bandera tachonada de estrellas) en 1814, himno que fue oficialmente adoptado como himno nacional de los Estados Unidos de América en1931.

      En 1917 se alista en el ejército, al entrar los Estados Unidos en guerra con Alemania, aunque no llega a ir al frente. En los campos de entrenamiento militar escribe a toda prisa El egoísta romántico, por miedo a morir en la guerra. Envía la novela a la editorial Charles Scribner's Sons, de Nueva York, que se la rechazan, no sin alabarla, y le animan a seguir perseverando. En 1920 Charles Scribner's Sons le publica la novela, ya corregida, con el título A este lado del paraíso. Resulta un éxito de ventas.

Zelda Sayre
      Se casa con Zelda Sayre, escritora, poeta y bailarina, en 1920. Con ella tiene una hija en 1921, Frances Scott Fitzgerald.
      En su época, muchos consideraban a Zelda Sayre la «quintaesencia» de lo flapper, término que se acuñó para definir a las mujeres que desafiaban lo convencional: utilizaban faldas cortas, no llevaban corsé, se cortaban el pelo a lo bob cut, se maquillaban en exceso, escuchaban y bailaban jazz, tomaban bebidas de alta graduación, fumaban, conducían a altas velocidades e imitaban las conductas reservadas a los hombres. Fue musa de su marido e inspiración de muchos personajes de sus novelas. En 1930 le diagnostican esquizofrenia y pasa el resto de sus días en centros de salud mental.

       Scott Fitzgerald pasa apuros económicos, bebe sin mesura. Vive en Hollywood, con su amante Sheila Graham. Paga las facturas vendiendo guiones a la industria cinematográfica. Destrozado y roto por el alcohol, muere de un infarto en 1940.
      Zelda Sayre muere ocho años después, al incendiarse el centro psiquiátrico en donde estaba internada. En su memoria, un famoso videojuego lleva su nombre, La leyenda de Zelda.

      Los restos de Scott Fitzgerald y Zelda Sayre descansan en el Cementerio de Saint Mary, Rockville, Maryland.

     «Así que seguimos adelante con los botes contra la corriente, empujados incesantemente hacia el pasado.»

      El gran Gatsby – Epitafio en la tumba de Scott Fitzgerald.



Scott Fitlzgerald y Zelda Sayre con Frances 




6 comentarios:

Jayja para tí... dijo...

GRACIAS UNA VEZ MAS POR LA MARAVILLA DE TUS INVESTIGACIONES
TE BESO AMIGO MONITO....

crónicas de un e-writer dijo...

Un beso, Janett.

Eugenia olmedo rubio dijo...

Muy buena toda la documentación, saludos

crónicas de un e-writer dijo...

Gracias, Eugenia.

Un abrazo.

Alberto Senda dijo...

Llevaba unas semanas sin poder apenas visitar el blog, y qué me encuentro: un gran artículo en el que tu pluma ha debido convertirse en una especie de dardo que ha acertado de pleno en varios de mis centros neurálgicos: Scott Fitzgerald, González Iñárritu, David Fincher, pero sobre todo esa maravilla que es El curioso caso de Benjamin Button, la cual es probablemente mi película preferida en lo que va de siglo. Y este último año también me ha gustado mucho la película con la que has abierto esta entrada.
. Me ha resultado todo muy interesante a pesar de que ya conocía muchos de esos hechos. Sin embargo no sabía que Fitzgerald se había inspirado en Mark Twain ni que se había diseñado un videojuego en honor a Zelda Sayre (se nota que no entiendo nada de videojuegos, no?)

Un abrazo.

crónicas de un e-writer dijo...

Un abrazo, Alberto. Me gusta tu comentario.