Y qué harás ahora

¿Y qué harás ahora, mi querido hijo de ojos azules? ¿Y ahora qué harás, mi joven querido? Voy a regresar afuera antes de que la lluvia comience a caer, caminaré hacia el abismo del más profundo bosque negro, donde la gente es mucha y sus manos están vacías, donde el veneno contamina sus aguas, donde el hogar en el valle encuentra el desaliento de la sucia prisión y la cara del verdugo está siempre bien escondida, donde el hambre amenaza, donde las almas están olvidadas, donde el negro es el color y ninguno el número, y lo contaré, lo diré, lo pensaré y lo respiraré, y lo reflejaré desde la montaña para que todas las almas puedan verlo, luego me mantendré sobre el océano hasta que comience a hundirme, pero sabré bien mi canción antes de empezar a cantarla. (A hard rain`s a-gonna fall. Bob Dylan, Premio Nobel de Literatura 2016)


feliz 2018

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jueves, 8 de enero de 2015

Quedan prohibidos las discusiones y debates acerca de religión.




           He soñado que caminaba por el sendero de un robledal y que dos víboras me cerraban el paso. Se dice que los sueños tienen un significado, y yo he buscado el significado de mi sueño.

      Creer en el mensaje oculto de los sueños puede encajar en una de las dos definiciones que el Diccionario de la lengua española tiene para la palabra superstición:

      1. f. Creencia extraña a la fe religiosa y contraria a la razón.
      2. f. Fe desmedida o valoración excesiva respecto de algo.

      Superstición viene del latín superstitio. Los antiguos romanos, que no eran unos ignorantes, creían en el significado de los sueños y no lo consideraban una superstición. Veneraban a sus dioses con sólida fe, y fueron necesarias severas leyes para impedir que su culto y creencias se perpetuase en el tiempo.


      El emperador que legalizó el dogma cristiano, Constantino El Grande (272-337), se mantuvo fiel a su religión secular hasta casi el último suspiro; fue bautizado en el lecho de muerte y hay quien ve oscuras sombras en esa conversión in extremis.


      El culto a los dioses y creencias romanos (paganismo) se mantuvo vivo en el campo (pagano: del latín pagãnus, aldeano) hasta Teodosio El Grande (347-395). Este emperador hizo oficial el cristianismo en el Imperio Romano y ordenó la destrucción de los templos paganos. La legislación antipagana promulgada en Roma entre los años 315 y 392 trata entre otros el asunto de los adivinos y los actos de culto pagano:

      Los adivinos no podrán acceder a ningún hogar, ni tan sólo si sus dueños son amigos suyos (año 319. Constantino El Grande).

      Los adivinos no podrán acercarse a las residencias ajenas. Los actos supersticiosos de los adivinos se limitarán a las ceremonias públicas (año 319. Constantino El Grande).

      Se prohiben completamente los sacrificios y supersticiones paganas (año 341. Constancio II).

      Los templos paganos quedan cerrados, se prohibe el acceso a ellos bajo pena de muerte. Se confiscarán las propiedades de los que violen esta ley y se entregarán al tesoro público. Los gobernadores que no apliquen esta ley serán castigados (año 346. Constancio II).

      Los culpables de idolatría o de practicar sacrificios paganos serán castigados con la pena capital (año 356. Constancio II).

      Cualquiera que consulte a un adivino para adivinar el futuro sufrirá la pena capital (año 357. Constancio II).

      Enseñar o aprender astrología se castigará con la muerte (año 373. Valentiniano, Valente).

      Los altares y otros lugares secretos de las religiones no católicas serán confiscados, incluso si el culto ha tenido lugar con el permiso de un juez local (año 378. Valente, Graciano,Valentiniano II).

      Los cristianos que se hayan convertido al paganismo (apóstatas) no podrán hacer testamento. Cualquier testamento hecho por estas personas queda invalidado (año 381. Graciano,Valentiniano II, Teodosio El Grande. Parece que algunos cristianos volvían al antiguo culto romano y se trataba de poner medidas disuasorias).

      Se confiscarán las propiedades de quien practique sacrificios paganos o practique sus ritos (año 381. Graciano,Valentiniano II, Teodosio El Grande).

      Se prohiben los sacrifios paganos, la adoración de imágenes y otras formas de culto. Los que violen esta ley serán multados (año 391. Teodosio El Grande, Arcadio, Honorio).

      Hoy no queda nada de aquellos viejos dioses y creencias romanas, pero aún conservamos vestigios de su cultura (y de otras paganas) en esos «tic» supersticiosos que nos salen a veces. Si la historia hubiera sido de otra manera, en vez de superstición diríamos que es fe. 

     

 Nosotros no podemos adivinar lo que deparará este año que empieza, es verdad, pero sí estamos en condiciones de predecir, a ciencia cierta, que ni en el 2015 ni en los años siguientes habrá una IV Guerra Mundial . Y esto lo podemos hacer sin ayuda de ningún adivino.



Quedan prohibidos las discusiones y debates acerca de religión. (Año 388. Valentiniano II, Teodosio El Grande, Arcadio)





6 comentarios:

Daniel Sáez dijo...

¿Y qué te hace pensar que no habrá guerra?

crónicas de un e-writer dijo...

Hola, Daniel.

Parece que todo el mundo está de acuerdo con que la III Guerra Mundial será la definitiva. Ya sabes, por lo de las armas nucleares.

También todo el mundo confía en que esta guerra no se dé nunca, pero nadie lo puede predecir.

Un abrazo.

Alberto Senda dijo...

Por desgracia existen desde hace tiempo un buen grupo de chiflados que no creen que la III Guerra Mundial fuese a ser definitiva. De hecho, internet es una curiosa consecuencia de esta creencia. En 1960, en plena Guerra Fría, el Departamento de Defensa de EE.UU. creó el Arpanet, un sistema de computación y comunicación que podría seguir operativo tras una posible guerra nuclear con la Unión Soviética con el fin de recuperarse antes que el enemigo, y poder ganar la siguiente guerra. En fin... con el tiempo ese lunática ocurrencia acabó derivando en la World Wide Web.

Ya acerca del tema principal de la entrada, simplemente decir que siempre ha sido muy complicado delimitar las fronteras entre fe y superstición. Incluso la gran enemiga histórica de ambas como es la ciencia, cae a menudo en supersticiones y dogmas de fe sin tan siquiera darse cuenta.

Un abrazo.

crónicas de un e-writer dijo...

Hola, Alberto.

La I Guerra Mundial, que se pensaba iba a durar unos pocos meses, se alargó cuatro años y se saldó con 25.000.000 de muertos; en la II G.M. murieron 55.000.000. ¿Y qué consecuencias se han sacado de ello? Poner debajo del asiento de Europa un barril de pólvora llamado OTAN.

Idear un sistema para poder vencer al enemigo al día siguiente de una guerra nuclear sólo se les puede ocurrir a unos cabezas de chorlito. Los muertos serían por miles de millones y la devastación ambiental..., bueno, para qué seguir enumerando lo que ocurriría, si todos lo sabemos de sobra.

Y lo de la superstición, pues nada, que somos humanos pero nos creemos dioses sabelotodo. El día que aceptemos sinceramente las palabras del filósofo: "Sólo sé que no sé nada" es posible que entonces no seamos tan dogmáticos y sí más humildes y comprensivos. Pero yo todavía no lo sé y por eso no lo aseguro.

Un abrazo.

Jayja para tí... dijo...

III Guerra Mundial? pero si ya nos estamos muriendo!

crónicas de un e-writer dijo...

Yo espero de corazón que sobrevivas a esa otra guerra que mata a la gente por dentro, Janett.

Un abrazo.