Y qué harás ahora

¿Y qué harás ahora, mi querido hijo de ojos azules? ¿Y ahora qué harás, mi joven querido? Voy a regresar afuera antes de que la lluvia comience a caer, caminaré hacia el abismo del más profundo bosque negro, donde la gente es mucha y sus manos están vacías, donde el veneno contamina sus aguas, donde el hogar en el valle encuentra el desaliento de la sucia prisión y la cara del verdugo está siempre bien escondida, donde el hambre amenaza, donde las almas están olvidadas, donde el negro es el color y ninguno el número, y lo contaré, lo diré, lo pensaré y lo respiraré, y lo reflejaré desde la montaña para que todas las almas puedan verlo, luego me mantendré sobre el océano hasta que comience a hundirme, pero sabré bien mi canción antes de empezar a cantarla. (A hard rain`s a-gonna fall. Bob Dylan, Premio Nobel de Literatura 2016)






viernes, 23 de enero de 2015

Cómo no escribir una novela.

   
      «Como escritor, sólo tienes un trabajo: hacer que el lector siga leyendo.» 
(Cómo no escribir una novela).





     


      A los que os apasiona escribir es probable que no os sea desconocido este libro, Cómo no escribir una novela. A los demás, este tipo de lecturas puede que no vaya con vosotros. Pero quizá os interese saber algunas particularidades del mundo editorial. En concreto, el porqué esos terribles troles conocidos como editores, pesadilla de tanto escritor aspirante a ver su obra publicada en una editorial "de las de antes", declinan la publicación de la mayoría de los manuscritos que les remiten.

      Cómo no escribir una novela (200 errores clásicos y cómo evitarlos) no es un libro de corrección de estilo. Salió de las imprentas en abril de 2010; sus autores, Sandra Newman y Howard Mittelmark, ofrecen en el libro sus experiencias literarias como editores, autores de novelas, ensayos, relatos y articulistas. El volumen que yo tengo es de 2012, 3ª edición, de la editorial Seix Barral. El libro tuvo su momento de gloria y en el 2012 todavía ocupaba un lugar visible en las librerías; hoy no sé cómo andará la cosa. 

      Actualmente, en las editoriales on line se puede publicar de un día para otro sin tener en cuenta más normas que las que el propio escritor se imponga. El recorrido comercial del libro va a depender de los lectores, no de un editor. No seguir las recomendaciones del libro en cuestión puede que no perjudique las ventas on line del tuyo. De manera que si eres un escritor que va de sobrao, que pasa de las editoriales "clásicas" y además opinas que el saber sí ocupa lugar, el libro de Sandra Newman y Howard Mittelmark no te va a hacer ni fu ni fa. No te va a interesar, por ejemplo, esto que aparece en el capítulo Trama, de la primera parte del libro:

      «La trama de una típica novela no publicada presenta a su protagonista, luego a su madre, a su padre, a sus tres hermanos y a su gato, dedicándoles a todos largas escenas en las que exhiben sus comportamientos habituales. A estas les siguen otras escenas en las que estos personajes interaccionan entre ellos, llevándonos a un interminable recorrido por restaurantes, bares, casas, todo lo cual se describe con gran lujo de detalle.
      (…)
      Un gran número de problemas relativos a la trama que presentan las novelas no publicadas pueden resolverse con una estrategia muy simple. Tener claro qué se quiere contar y quitar todo lo demás. No escribas cientos de páginas explicando por qué quieres contar esa historia que dentro de poco nos vas a contar, por qué los personajes viven como viven cuando arranca la historia, o qué hechos del pasado han convertido a esos personajes en las personas que aparecen en la novela. Escribe cientos de páginas contando la historia, de lo contrario lo que has escrito no permanecerá en los estantes de las librerías, sino que servirán de relleno para que estas se mantengan en pie.»(Cómo no escribir una novela).

      Si eres un ciberescritor militante, de los que piensan que las editoriales «de siempre» son un anacronismo, pero que incluso hasta del Ancien Régime se puede sacar algo de provecho, esto que viene a continuación va a ser de tu agrado:

      «EL ESTILO: IDEAS BÁSICAS

      De todos los medios para cortar de raíz el interés de un editor por tu novela, el estilo es el más rápido y el más definitivo. Es el equivalente literario a un veneno de efectos fulminantes. Una trama aburrida y unos personajes de cartón piedra pueden hacer que un editor se tome varios párrafos e incluso varias páginas para rechazar tu libro; pero una forma de escribir monótona o tosca puede hacer que un editor cierre el libro ante  la lectura de una sola frase.
      (…)
       Los escritores primerizos a menudo creen que los verdaderos genios sólo usan las palabras más arcanas del idioma, las entradas más olvidadas del diccionario, vamos, esas palabras que no podrían sobrevivir por sí mismas en un entorno natural.
      Lamentamos decirte que la literatura no consiste en eso. Eso es exhibicionismo, y a muy poca gente le gustan esos espectáculos.
      (…)
      Cuando el lector debe detenerse por el asombro que le provoca tu acrisolado vocabulario, o peor aún, debe detenerse porque la palabra que has utilizado significa para él lo mismo que una sarta de letras en ruso, se descuelga de la historia.
      Esto no significa que debas escribir con una mano atada a la espalda, teniendo buen cuidado en emplear un lenguaje accesible para un niño de quinto de primaria. No hay nada malo en que le lector recurra al diccionario de vez en cuando. Sin embargo, la única razón legítima para que lo haga es que la palabra que has escogido es la más perfecta para expresar tu idea. Por lo general, si escribes “ebúrneos” en vez de “de marfil“, eso no le dice nada al lector, aparte del hecho de que conoces la palabra “ebúrneos”. 
      (…)
      Algunos escritores especialmente dotados escriben a veces con una prosa muy barroca para causar mejores efectos, pero incluso entre los autores de más éxito, la inmensa mayoría evitan un estilo demasiado florido. Escribir no es un campeonato de patinaje artístico, en el que hay que hacer las figuras más difíciles para ganar. La prosa muy elaborada es característica de ciertos escritores y no una cima que todos los autores deben alcanzar.»(Cómo no escribir una novela).

      Bueno, en definitiva, este libro va dirigido a ti, escritor desconocido que sí pretendes que tus manuscritos lleguen algún día a ser publicados a la antigua usanza. Estos párrafos que siguen van ser ambrosías para tu paladar: 

      «¡Ve lo importante que es esto! ¡¿Lo ve?!
      —Cuando el autor puntúa como un histérico

      “¡Qué difíciles son los hombres! Al principio Jordi parecía estar muy pendiente de ella. Pero ¡ahora Melinda no sabía QUÉ pensar! Se había mostrado muy frío cuando ella fue corriendo hacia el callejón cuando casualmente lo vio, rodeado por unos colegas de aspecto patibulario.
      Quizá había cometido un ERROR, pensó cuando se encaminó hacia su cita y dejaba atrás los inhóspitos muelles del puerto. ¿¡Cómo podía ella saber que acabaría siendo tan GROSERO¡?”
      (…)
      Los signos de exclamación son el signo de puntuación del que más se abusa. Aunque las comas a menudo aparecen alegremente desparramadas en un manuscrito no publicado —esto es una epidemia— y cada vez son más frecuentes los innecesarios guiones parentéticos que no se cierran, son los signos de exclamación los que se llevan la palma.
      Nosotros nos hacemos cargo de que te apasiona convertirte en un novelista, pero los signos de exclamación deben de usarse en muy pocas ocasiones, y siempre en diálogos. Incluso en estos casos deben usarse con comedimiento, normalmente para indicar que el personaje está gritando.
      (…)
      Abusar de los signos de exclamación desgasta su sentido hasta dejarlos vacíos.
      (…)
      Otras convenciones tipográficas empleadas para dar énfasis a las palabras —cursiva, mayúsculas y negrita— deben usarse muy poco, MUY RARA VEZ o nunca(Cómo no escribir una novela).

      «El hombre que explicitaba
      —Cuando el autor cree que está por encima de emplear “dijo”

      “—Se trataba de una noche negra y tormentosa —manifestó él—. Y como estábamos a muchas millas de la costa no teníamos miedo de ninguna criatura marina. ¡Qué errados estábamos! —explicitó.
      —Entonces, ¿fue una criatura marina? —inquirió ella —. ¿Cómo es posible?
    —Sí, se trataba de una criatura marina —declaró él—. Pero una que había mutado de alguna manera para convertirse en una criatura mucho más peligrosa que sus congéneres marinos. Podía moverse en tierra firme —adicionó él—. Se había hecho más grande y mucho más fuerte. Es divertido —cloqueó él—, ahora que lo pienso a nivel de seguridad.”

      Los autores que publican utilizan la palabra “dijo”, o un verbo sencillo, cuando desean indicar que cierto personaje está diciendo algo. Emplear un simple “dijo” es una convención tan firmemente establecida que los lectores apenas si reparan en él. Esto ayuda a que el diálogo parezca real, pues así se consigue que la estructura del diálogo sea invisible.
      (…)
      Por supuesto que hay excepciones. Se puede escribir “preguntó” para formular preguntas. Y “gritó” cuando un personaje alza mucho la voz, e incluso se puede matizar el tono con que se dicen esas palabras (por ejemplo, “susurró”) siempre que el verbo sea natural.»(Cómo no escribir una novela).

      El libro termina con algunos ejemplos de cartas de presentación a los editores con errores que se deben evitar. También hay un apartado para la sinopsis y otro sobre la presentación de un manuscrito.

      Suerte.




jueves, 8 de enero de 2015

Quedan prohibidos las discusiones y debates acerca de religión.




           He soñado que caminaba por el sendero de un robledal y que dos víboras me cerraban el paso. Se dice que los sueños tienen un significado, y yo he buscado el significado de mi sueño.

      Creer en el mensaje oculto de los sueños puede encajar en una de las dos definiciones que el Diccionario de la lengua española tiene para la palabra superstición:

      1. f. Creencia extraña a la fe religiosa y contraria a la razón.
      2. f. Fe desmedida o valoración excesiva respecto de algo.

      Superstición viene del latín superstitio. Los antiguos romanos, que no eran unos ignorantes, creían en el significado de los sueños y no lo consideraban una superstición. Veneraban a sus dioses con sólida fe, y fueron necesarias severas leyes para impedir que su culto y creencias se perpetuase en el tiempo.


      El emperador que legalizó el dogma cristiano, Constantino El Grande (272-337), se mantuvo fiel a su religión secular hasta casi el último suspiro; fue bautizado en el lecho de muerte y hay quien ve oscuras sombras en esa conversión in extremis.


      El culto a los dioses y creencias romanos (paganismo) se mantuvo vivo en el campo (pagano: del latín pagãnus, aldeano) hasta Teodosio El Grande (347-395). Este emperador hizo oficial el cristianismo en el Imperio Romano y ordenó la destrucción de los templos paganos. La legislación antipagana promulgada en Roma entre los años 315 y 392 trata entre otros el asunto de los adivinos y los actos de culto pagano:

      Los adivinos no podrán acceder a ningún hogar, ni tan sólo si sus dueños son amigos suyos (año 319. Constantino El Grande).

      Los adivinos no podrán acercarse a las residencias ajenas. Los actos supersticiosos de los adivinos se limitarán a las ceremonias públicas (año 319. Constantino El Grande).

      Se prohiben completamente los sacrificios y supersticiones paganas (año 341. Constancio II).

      Los templos paganos quedan cerrados, se prohibe el acceso a ellos bajo pena de muerte. Se confiscarán las propiedades de los que violen esta ley y se entregarán al tesoro público. Los gobernadores que no apliquen esta ley serán castigados (año 346. Constancio II).

      Los culpables de idolatría o de practicar sacrificios paganos serán castigados con la pena capital (año 356. Constancio II).

      Cualquiera que consulte a un adivino para adivinar el futuro sufrirá la pena capital (año 357. Constancio II).

      Enseñar o aprender astrología se castigará con la muerte (año 373. Valentiniano, Valente).

      Los altares y otros lugares secretos de las religiones no católicas serán confiscados, incluso si el culto ha tenido lugar con el permiso de un juez local (año 378. Valente, Graciano,Valentiniano II).

      Los cristianos que se hayan convertido al paganismo (apóstatas) no podrán hacer testamento. Cualquier testamento hecho por estas personas queda invalidado (año 381. Graciano,Valentiniano II, Teodosio El Grande. Parece que algunos cristianos volvían al antiguo culto romano y se trataba de poner medidas disuasorias).

      Se confiscarán las propiedades de quien practique sacrificios paganos o practique sus ritos (año 381. Graciano,Valentiniano II, Teodosio El Grande).

      Se prohiben los sacrifios paganos, la adoración de imágenes y otras formas de culto. Los que violen esta ley serán multados (año 391. Teodosio El Grande, Arcadio, Honorio).

      Hoy no queda nada de aquellos viejos dioses y creencias romanas, pero aún conservamos vestigios de su cultura (y de otras paganas) en esos «tic» supersticiosos que nos salen a veces. Si la historia hubiera sido de otra manera, en vez de superstición diríamos que es fe. 

     

 Nosotros no podemos adivinar lo que deparará este año que empieza, es verdad, pero sí estamos en condiciones de predecir, a ciencia cierta, que ni en el 2015 ni en los años siguientes habrá una IV Guerra Mundial . Y esto lo podemos hacer sin ayuda de ningún adivino.



Quedan prohibidos las discusiones y debates acerca de religión. (Año 388. Valentiniano II, Teodosio El Grande, Arcadio)