Y qué harás ahora

¿Y qué harás ahora, mi querido hijo de ojos azules? ¿Y ahora qué harás, mi joven querido? Voy a regresar afuera antes de que la lluvia comience a caer, caminaré hacia el abismo del más profundo bosque negro, donde la gente es mucha y sus manos están vacías, donde el veneno contamina sus aguas, donde el hogar en el valle encuentra el desaliento de la sucia prisión y la cara del verdugo está siempre bien escondida, donde el hambre amenaza, donde las almas están olvidadas, donde el negro es el color y ninguno el número, y lo contaré, lo diré, lo pensaré y lo respiraré, y lo reflejaré desde la montaña para que todas las almas puedan verlo, luego me mantendré sobre el océano hasta que comience a hundirme, pero sabré bien mi canción antes de empezar a cantarla. (A hard rain`s a-gonna fall. Bob Dylan, Premio Nobel de Literatura 2016)


feliz 2018

feliz 2018

domingo, 3 de agosto de 2014

El libro de los sucesos

Rudyard Kipling

   
 «Lo siento, señor Kipling, pero usted simplemente no sabe emplear el lenguaje inglés. Este no es un jardín de niños para  escritores aficionados». Con estas palabras fue despedido Rudyard Kipling (1865-1936) de su empleo de reportero en el Examiner de San Francisco. Ya para entonces había publicado su obra inmortal El hombre que sería rey .






      Este pequeño texto que acabáis de leer lo he sacado de El libro de los sucesos, de Isaac Asimov (1920-1992), publicado por Ediciones Maeva-Laser en 1987. El título original es Isaac Asimovʼs Book of Facts, (1979). Contiene 3.000 curiosos sucesos recopilados por Asimov y un equipo de expertos. Seguro que alguno de vosotros ya lo conoce. Lo he conseguido en una librería de usado. A menudo en este tipo de tiendas se hallan libros interesantes, muchos de los cuales están descatalogados y es casi imposible conseguirlos de otro modo, y suelen ser baratos.

      A mí me gustan estas lecturas, donde en un corto espacio se relatan hechos históricos sugestivos, anécdotas…, que dejan huella y la agradable sensación de haber aprendido algo más. Me recuerdan a los caramelos efervescentes que estallan en el paladar. Una literatura fresca y veraniega.

      Por otro lado, al contener historias cortas y sin un nexo de continuidad entre ellas, El libro de los sucesos se puede empezar a leer desde cualquier página. Quizá, como pega, señalar que lo he notado algo escorado hacia los Estados Unidos.

      En esta entrada me he limitado a las anécdotas literarias. Espero que lo paséis bien leyéndolas.



Isaac Asimov
    
 «Siempre me he sentido atraído por los sucesos, hechos y acontecimientos de este mundo. Ahora he elaborado un libro en que se recogen sucesos increíbles pero ciertos, hechos que nadie conocía, datos y casos que pueden ser sorprendentes, pero reales.» (Isaac Asimov, presentando El libro de los sucesos).


    

George Bernard Shaw
     


 «Sería superfluo. Ya me he conferido yo mismo esta Orden». Así rechazó George Bernard Shaw (1856-1950) la oferta de la prestigiosa Orden del Mérito de Inglaterra.





      


Emily Dickinson
      A Emily Dickinson (1830-1886), la gran poetisa americana, gloria de las letras estadounidenses, en vida sólo le publicaron 7 poemas. Tras su muerte encontraron más de 1.000 poemas en su mesilla de noche, que fueron publicados tras la previa corrección de palabras y puntuación por los editores. Hasta los años cincuenta del siglo XX no apareció una edición definitiva de su obra.  Únicamente una vez  abandonó Massachusetts, su tierra natal, y lo hizo para visitar a su padre, diputado en Washington. No salía de casa y recibía a las visitas con una pared de por medio, es decir, que hablaba con ellas desde la habitación contigua. 
      Supongo que de haber vivido actualmente encajaría bien como internauta.


D. H. Lawrence
     


Otro escritor con una manía rara fue D. H. Lawrence (1885-1930), el cual no podía reprimir el impulso de desnudarse y trepar moreras.

     



Virgilio
      


      Virgilio (70 a. C.-19 a. C.) expresó su deseo de que se destruyese el manuscrito de la Eneida a su muerte, ya que no había tenido tiempo de pulirlo. Afortunadamente el emperador Augusto lo impidió, hizo que otros limaran el manuscrito y ordenó su publicación.

     


Harriet Beecher Stowe
       

     
      A Harriet Beecher Stowe (1811-1896), entre otras lindezas, le enviaron un paquete con la oreja de un esclavo, tras publicar La cabaña del tío Tom.

      








Gustave Flaubert
     
       Madame Bovary, la famosa obra de Gustave Flaubert (1821-1880), se publicó en forma de folletín en un periódico, y fue calificada por los críticos de pornográfica. El mismo Flaubert fue acusado de dañar la moral pública y ofender la religión. La novela se vendió por millares, pero Flaubert sólo deseaba llegar a ganar bastante dinero como para poder comprar cada uno de los  ejemplares y «arrojarlos todos al fuego y jamás oír nuevamente del libro».



Hans Christian Andersen
     

      Los cuentos de Hans Christian Andersen (1805-1875) fueron recibidos con críticas de este pelo: «…muy inadecuados para niños… positivamente perjudiciales para la mente…»

    




 Herman Melville

     
      Herman Melville (1819-1891) no triunfó en la literatura hasta después de su muerte. A su obra maestra, Moby Dick, le faltaron en su momento las voces que ahora la encumbran, y fue un fracaso comercial. Le sucedió lo mismo con otras novelas. Billy Budd, inacabada, tuvo que esperar a 1924 para ser publicada, 33 años después de la muerte del autor. Desilusionado, Melville renunció a su carrera de escritor y se resignó a vivir como un oscuro empleado en la administración de aduanas de Nueva York.

     


 
Esquilo



      A Esquilo (525 a. C.-456 a. C) lo mató una tortuga que dejó caer un águila al confundir su cabeza calva con una roca.

      





Émile Zola



      A Émile Zola (1840-1902) le pusieron un cero en Literatura Francesa y fracasó en alemán y en Retórica en el Liceo de San Luis.

   







      Murasaki Shikibu (978-1026) es la autora de la novela más antigua del mundo, El cuento de Genji.  La novela narra la vida y aventuras amorosas del imaginado príncipe Hikaru Genji. En tiempos de Murasaki vivieron otras escritoras brillantes, como según dejó apuntado ella en sus diarios, pero de éstas se desconoce todo.

      





      Abdul kassem Ismael (938-995), gran visir de Persia, cuando viajaba lo hacía con los 117.000 volúmenes de su biblioteca particular. Eran transportados por 400 camellos dispuestos en orden alfabético para que los sirvientes pudieran poner sin demora en manos del Gran Visir el tomo requerido por éste.

     

Robert Louis Stevenson

     

    Robert Louis Stevenson soñó El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde.
      Es curioso, pero he oído de casos similares.



 



8 comentarios:

Alberto Senda dijo...

Hola,
Me han gustado mucho estas anécdotas, algunas ya las conocía, pero otras no. De las que no, me ha hecho mucha gracia la de Kipling.
Y todavía me ha gustado más que hayas sacado a relucir uno de mis más preciados tesoros de mi biblioteca física: El cuento de Genji, al cual le guardo tanto respeto que nunca me he atrevido a leerlo por completo, y eso que ya lleva como seis o siete años conmigo. Siempre he pensado que es una lectura que disfrutaré más a partir de los cuarenta.

Un abrazo.

crónicas de un e-writer dijo...

Hola, Alberto.

Me alegro de que te lo hayas pasado bien leyendo la entrada. Lo de Kipling es como para escribirlo con letras doradas y enmarcarlo.

Un abrazo.

P.D.: Yo no conocía El cuento de Genji.

Jayja para tí... dijo...

te admiro amigo mono

crónicas de un e-writer dijo...

Gracias, Janett.

Un abrazo.

Jayja para tí... dijo...

vengo y os dejo un beso...solo eso...

crónicas de un e-writer dijo...

Mil gracias, Janett.

Dámaris Cenicienta dijo...

Me gustò mucho... Espero no tener la suerte de Esquilo, ¡pobre! Un saludo.

crónicas de un e-writer dijo...

Hola, Dámaris.

No creo que ningún águila, aunque no tenga vista de águila, confunda tu cabeza rubia con una piedra. Por ese lado, puedes dormir tranquila. Pobre Esquilo.

Una abrazo, Dámaris, y gracias por dejar un comentario tan divertido.