Y qué harás ahora

¿Y qué harás ahora, mi querido hijo de ojos azules? ¿Y ahora qué harás, mi joven querido? Voy a regresar afuera antes de que la lluvia comience a caer, caminaré hacia el abismo del más profundo bosque negro, donde la gente es mucha y sus manos están vacías, donde el veneno contamina sus aguas, donde el hogar en el valle encuentra el desaliento de la sucia prisión y la cara del verdugo está siempre bien escondida, donde el hambre amenaza, donde las almas están olvidadas, donde el negro es el color y ninguno el número, y lo contaré, lo diré, lo pensaré y lo respiraré, y lo reflejaré desde la montaña para que todas las almas puedan verlo, luego me mantendré sobre el océano hasta que comience a hundirme, pero sabré bien mi canción antes de empezar a cantarla. (A hard rain`s a-gonna fall. Bob Dylan, Premio Nobel de Literatura 2016)


feliz 2018

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miércoles, 11 de junio de 2014

El Aleph



      Es difícil encontrar un lector que no haya leído, o cuando menos oído hablar, de El Aleph, el relato corto de Jorge Luis Borges. Aleph es la primera letra del alfabeto hebreo, y su signo se concibió para representar un buey. Equivale a nuestra letra «A».

      Un Aleph, en el relato de Borges, es «(…) uno de los puntos del espacio que mantienen todos los puntos (…), el lugar donde están, sin confundirse, todas los lugares del orbe, vistos desde todos los ángulos».

      El Aleph del relato se sitúa en el decimonoveno escalón de las escaleras que llevan a un sótano. Es «(…) una pequeña esfera tornasolada, de casi intolerable fulgor.», de apenas dos o tres centímetros de diámetro, «(…), pero el espacio cósmico estaba ahí, sin disminución de tamaño».

      «Cada cosa (la luna del espejo, digamos) era infinitas cosas, porque yo claramente la veía desde todos los puntos del universo. Vi el populoso mar, vi el alba y la tarde, vi las muchedumbres de América, vi una plateada telaraña en el centro de una negra pirámide, vi un laberinto roto (era Londres), vi interminables ojos inmediatos escrutándose en mí como en un espejo, vi todos los espejos del planeta y ninguno me reflejó, (…).»
El Aleph, de Jorge Luis Borges).


      En el relato se dice que hay multitud de Aleph repartidos por el mundo. Es una ficción; sin embargo, yo pienso que también existen en la realidad. Lo sé porque, a veces, alguno de ellos se me ha hecho visible, o eso he creído, y he podido ver la pequeña esfera tornasolada y el espacio cósmico que contiene. Entonces he visto un niño, desde todos los puntos del universo, jugar en los mismos lugares donde yo jugaba, he visto su cara y lo he visto desde arriba y desde todos los ángulos, y he leído su pensamiento. He visto la sonrisa de los que ya no están cortándome el alma con fino estilete; dolor y ternura. Y he observado que todo el mundo tiene su Aleph, o sus Aleph, deslumbrando con su casi intolerable fulgor en los miedos, los sueños, la soledad, la vanidad, la angustia, los errores imperdonables, los egos heridos. Y he visto que todos los Aleph son iguales y que se podrían juntar en un gran Aleph universal.

      O puede que sea verdad que no existen los Aleph.

    

  «¿Existe ese Aleph en lo íntimo de una piedra? ¿Lo he visto cuando vi todas las cosas y no lo he olvidado?»
( El Aleph, de Jorge Luis Borges).






12 comentarios:

Alberto Senda dijo...

El aleph como caleidoscopio del mundo... Yo también creo que me he topado alguna vez con algún aleph, con el que he creído arañar el éter desde el vacío, tomar consciencia del inconsciente colectivo y contemplar la desintegración de un bosón de Higgs.

Un abrazo.

crónicas de un e-writer dijo...

Por lo que aprecio en la fotografía de tu avatar, sueles encontrar Aleph muy a menudo.

Un abrazo.

Janett Camps dijo...

Uy mis preferidos

Janett Camps dijo...

Sabias que prometer es deuda?
Donde esta la foto del profile?
Me parece fantasma eso vacio!!!


Pleaseeeeeeeeeee

crónicas de un e-writer dijo...

Janett,no me apetece mucho poner una foto en el profile. ¡Qué pereza!

Un abrazo.

Jayja para tí... dijo...

Ay Dios, que es esto!!!???
No alcanza el tiempo
Ni la vida
Se van Los segundos
Se acaban las horas
Se acerca la noche
Y al otro día el Sol quema tu piel
Sientes ardor
Sangra tu carne
Y la acidez de la lluvia
Hace rugir tu garganta
Ay Dios, que es esto!!!
Se acaban las horas
Se derrumban, rasgadas y sangrientas
Pedazos de mi piel
Se une el instante
Con la hora parada
Se eclipsa la Luna
Chocando con el Sol
Se oscurece todo
Y al último momento
Me pregunto
A gritos
Será que he existido?
Maldito sueño y nunca desperté ...

Jayja para tí... dijo...

No te asustes
Im ok

Ianus Bröönco dijo...

Bello homenaje Gerard, sobre uno de mis relatos preferidos de Borges.


Un abrazo!

crónicas de un e-writer dijo...

Hola,Janett, gracias por enriquecer esta página con ese precioso poema.

Un abrazo.

crónicas de un e-writer dijo...

Gracias, Ianus.

Un abrazo.

Dámaris Cenicienta dijo...

Yo también creo en el alphe... aunque jamás creo que me toparía con uno... ¿Quién sabe? Un saludo... a tod@s.

crónicas de un e-writer dijo...

Un abrazo, Dámaris.