Y qué harás ahora

¿Y qué harás ahora, mi querido hijo de ojos azules? ¿Y ahora qué harás, mi joven querido? Voy a regresar afuera antes de que la lluvia comience a caer, caminaré hacia el abismo del más profundo bosque negro, donde la gente es mucha y sus manos están vacías, donde el veneno contamina sus aguas, donde el hogar en el valle encuentra el desaliento de la sucia prisión y la cara del verdugo está siempre bien escondida, donde el hambre amenaza, donde las almas están olvidadas, donde el negro es el color y ninguno el número, y lo contaré, lo diré, lo pensaré y lo respiraré, y lo reflejaré desde la montaña para que todas las almas puedan verlo, luego me mantendré sobre el océano hasta que comience a hundirme, pero sabré bien mi canción antes de empezar a cantarla. (A hard rain`s a-gonna fall. Bob Dylan, Premio Nobel de Literatura 2016)






lunes, 16 de diciembre de 2013

Europa, un buen negocio



«Toda opinión tiene una opinión contraria de igual peso.» (Michel de Motaigne).

Estoy viendo por la tele imágenes que llegan de Ucrania: miles de manifestantes atiborrando una plaza en medio de una intensa nevada. Enfrente, los manifestantes tienen a los antidisturbios, con los cascos ocultos bajo una capa de nieve, que cargan contra ellos como lo harían los antidisturbios en cualquier otra parte del mundo: sin miramientos.

Los reporteros entrevistan a algunos manifestantes. «Es el futuro lo que nos jugamos», dicen la mayoría. Pelear por un futuro mejor ha sido el motor de todas las revoluciones, por eso entiendo que los manifestantes aguanten el frío y los golpes de los antidisturbios. Entonces, cuando me entero de lo que les lleva a soportar tantas penalidades, no salgo de mi asombro: quieren que su gobierno firme un acuerdo para que Ucrania entre en la Unión Europea. Al parecer, la mitad de los ciudadanos de Ucrania están a favor de que su país entre en la Unión Europea y la otra mitad de que entre (o siga) en la órbita de Rusia.

Desconozco lo que supone estar en la órbita de Rusia, pero sí sé que estar en la órbita de Alemania significa acabar como la Luna: llena de cráteres y sin vida. Sé lo que ha significado para los ciudadanos que el pabellón azul, con su corona de espinosas estrellas, flamee en las instituciones.

En España nadie consultó a los ciudadanos si querían entrar en la Unión Europea.

La Unión Europea ha puesto de moda una palabra : «Recortes». Es la más oída y la más temible. Incluso más que la otra palabra que la Unión Europea también ha puesto de moda por aquí: «Rescate». Pero no tan temida como esta otra palabra: «Desahucios».



La Unión Europea es la unión de los banqueros, las multinacionales y los políticos corruptos contra el ciudadano, cada vez más indefenso y empobrecido. Son la nueva aristocracia, la del gobierno del pueblo pero sin el pueblo. Son los que nos meten miedo para que no protestemos, para amedrentarnos y poder arrebatarnos los derechos más elementales del ser humano.

Al final de la película Mátalos suavemente, dice Brad Pitt: «América no es un país, sólo es un negocio». Europa también.






lunes, 2 de diciembre de 2013

Cristina de Pizán.


      «De mujer me convertí en varón, por la Fortuna que así lo quiso; así me transformó ella, cuerpo y espíritu en un hombre natural, perfecto; antes, yo era mujer, ahora soy un hombre, no miento, mi paso lo demuestra claramente filósofos, poetas y moralistas, todos (...) parecen hablar con la misma voz para llegar a la conclusión de que la mujer, mala por esencia y naturaleza, siempre se inclina al vicio.» (Cristina de Pizán).

      «Me preguntaba cuáles podrían ser las razones que llevan a tantos hombres, clérigos y laicos, a vituperar a las mujeres, criticándolas bien de palabra bien en escritos y tratados... Yo, que he nacido mujer, me puse a examinar mi carácter...» (Cristina de Pizán).

      «Me propuse decidir, en conciencia, si el testimonio reunido por tantos varones ilustres podría estar equivocado. Pero, por más que intentaba volver sobre ello, apurando las ideas como quien va mondando una fruta, no podía entender ni admitir como bien fundado el juicio de los hombres sobre la naturaleza y conducta de las mujeres. Al mismo tiempo, sin embargo, yo me empeñaba en acusarlas porque pensaba que sería muy improbable que tantos hombres preclaros, tantos doctores de tan hondo entendimiento y universal clarividencia -me parece que todos habrán tenido que disfrutar de tales facultades- hayan podido discurrir de modo tan tajante y en tantas obras que me era casi imposible encontrar un texto moralizante, cualquiera que fuera el autor, sin toparme antes de llegar al final con algún párrafo o capítulo que acusara o despreciara a las mujeres....» (Cristina de Pizán).

      Se considera a Cristina de Pizán la primera escritora profesional de Europa. Nació en Venecia, hacia 1364, aunque la mayor parte de su vida la pasó en Francia. Cuando tenía cuatro años su padre, Tomas de Pizán, se trasladó a Francia con toda la familia, en donde trabajó como físico (médico) del rey Carlos V El sabio. En París, Tomás de Pizán hizo todo lo posible porque la pequeña Cristina estudiara y aprendiese; no así su madre, que hizo cuanto estuvo en su mano por apartarla del conocimiento intelectual y darle una educación más acorde con la de las mujeres de su época, centradas en el hogar, los hijos y el marido. En aquel tiempo las mujeres estaban consideradas seres inferiores al hombre, y la madre de Cristina había sido educada para aceptar este despropósito como cierto.

       «Mi madre me mantuvo ocupada con la rueca y otras tonterías de chicas (…) Me tuve que conformar con las migas académicas que caían de la mesa de mi padre.»

      A los quince años se casó con Etienne du Castel, de quien estuvo muy enamorada. En 1389 murió Etienne y Cristina, con veinticinco años, tuvo que hacerse cargo de los tres hijos habidos en el matrimonio, y además de su madre y de una sobrina.

      «Se abrió la puerta de nuestras desgracias (...) y yo, todavía joven, entré.»

      Tras la muerte de Etienne vino una época en que los acreedores se incautaron de las posesiones de la viuda, y la falta de dinero hizo vivir a la familia casi en la indigencia.

      «Cuando vi el cúmulo de dificultades que se me amontonaban encima, quise morirme.»

      Luchó por la herencia de su marido, metida en pleitos donde su condición de mujer provocaba las gracias malintencionadas del funcionario de turno.
«Soportando las bovinas risas de gordos beodos.»

      Para salir del trance, Cristina de Pizán tuvo que dedicarse a escribir, tarea que se consideraba propia de hombres, y en la que ella triunfó despertando la admiración de intelectuales y mecenas. Denunció en sus escritos la misoginia, imperante en la época. Murió en el año 1430, a la edad de sesenta y seis años. Su obra más famosa es La ciudad de las damas.

      

«Las mujeres pueden ser buenas y dulces. Ojalá, hijo mío, tú tengas la fortuna de conocer a una de ellas.» (Cristina de Pizán).