Y qué harás ahora

¿Y qué harás ahora, mi querido hijo de ojos azules? ¿Y ahora qué harás, mi joven querido? Voy a regresar afuera antes de que la lluvia comience a caer, caminaré hacia el abismo del más profundo bosque negro, donde la gente es mucha y sus manos están vacías, donde el veneno contamina sus aguas, donde el hogar en el valle encuentra el desaliento de la sucia prisión y la cara del verdugo está siempre bien escondida, donde el hambre amenaza, donde las almas están olvidadas, donde el negro es el color y ninguno el número, y lo contaré, lo diré, lo pensaré y lo respiraré, y lo reflejaré desde la montaña para que todas las almas puedan verlo, luego me mantendré sobre el océano hasta que comience a hundirme, pero sabré bien mi canción antes de empezar a cantarla. (A hard rain`s a-gonna fall. Bob Dylan, Premio Nobel de Literatura 2016)


feliz 2018

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martes, 7 de mayo de 2013

Relato oriental



El hombre cogió de las riendas al burro y tomó el sendero del sur; era alfarero, y había cargado al burro con botijos, platos, vasijas, tinajas, cazuelas y otros productos de barro salidos de su taller, que pensaba vender en la feria de Damasco. A su lado caminaba su hijo, un adolescente de trece años. El padre había pensado que el chico ya tenía edad suficiente para conocer las incomodidades del oficio, y le había animado a que lo acompañase.


Era la primera vez que el chaval realizaba el viaje, y sus piernas no estaban hechas todavía a subir y bajar pendientes.

 —Sube al burro —le dijo el padre, al ver que el chico daba muestras de cansancio.

Cuando pasaron por una aldea, alguien gritó:

—Mirad ese chaval. ¡Qué haragán! ¡El padre, casi un anciano, va a pie, mientras él viaja cómodamente en el burro!

Como el padre oyó el mismo comentario en otras aldeas, le dijo al chaval:
—Baja del burro, hijo mío, y me subo yo. No demos más qué hablar.

Y cuando pasaron por una aldea, alguien gritó:
—¡Qué desvergonzado! El niño va a pie mientras su padre, un hombretón en lo mejor de la vida, viaja cómodamente en el burro. ¡Miradle al pachorra! 


Como el padre oyó el mismo comentario en otras aldeas, le dijo al chaval:
—Será mejor que ninguno de los dos se monte en el burro, hijo mío, así no daremos qué hablar.

Y cuando pasaron por una aldea, alguien gritó:
—¡Serán tontos esos dos! Tienen un hermoso burro y van andando. ¡Los hay zoquetes! 

Como el padre oyó el mismo comentario en otras aldeas, le dijo al chaval:
—Hijo, subámonos en el burro y no demos más qué hablar.

Y cuando pasaron por una aldea, alguien gritó:
—¿Será posible? Ved como llevan esos dos al pobre borrico, cargado hasta arriba de tinajas, que va echando el bofe; y no contentos se montan ellos también. ¿Habéis visto mayor crueldad? ¿No podrían bajarse y llevar ellos parte de la carga?

Como el padre oyó el mismo comentario en otras aldeas, le dijo al chaval:
—Hijo, vamos a bajarnos del burro y a coger algo de la carga. No demos qué hablar.

Y cuando pasaron por una aldea, alguien gritó:
—¡En mi vida he visto nada igual! Esos dos tienen un burro ¡y llevan parte de la carga ellos mismos! ¡Mirad, mirad todos a esos tres asnos!

Como el padre oyó el mismo comentario en otras aldeas, le dijo al chaval:
—Hijo mío, por mucho que hagamos nunca podremos conformar a todo el mundo. Dejemos que la carga la lleve el burro, que para eso lo tenemos. Súbete en él, si estás cansado, y sigamos nuestro camino hacia Damasco sin preocuparnos de lo que digan los demás.


Éste es un relato oriental del cual no recuerdo el título, pero sí el contenido.

2 comentarios:

Alberto dijo...

En resumen, hagamos siempre lo que creamos que es correcto, independientemente de lo que puedan decir (normalmente sin pensar)los demás. Bueno... eso es algo que a lo largo de la historia han hecho muy pocos. Y cada vez menos. ¡Cómo si tuviese algún valor los constantes e insidiosos rebuznos de esa turba que llamamos "gente"!
Yo tampoco recuerdo el título de este cuento, pues lo leí hace mucho tiempo; me parece que venía en algún libro del filósofo libanés Jalil Gibran, lectura por cierto recomendable, sobre todo para aquéllos que les interese pero que les resulte demasiado opaco el Zaratustra nietzscheano, tendrán en "El profeta" un digno sucedáneo y algunos cuentos del estilo del que has transcito.

Un abrazo.

crónicas de un e-writer dijo...

Hola, Alberto.

Pues no sé si el cuento es de Jalil Gibran ni de cuándo y dónde lo he leído, es curioso. Es un cuento que me da que lo conoce todo el mundo.

Un abrazo.