Y qué harás ahora

¿Y qué harás ahora, mi querido hijo de ojos azules? ¿Y ahora qué harás, mi joven querido? Voy a regresar afuera antes de que la lluvia comience a caer, caminaré hacia el abismo del más profundo bosque negro, donde la gente es mucha y sus manos están vacías, donde el veneno contamina sus aguas, donde el hogar en el valle encuentra el desaliento de la sucia prisión y la cara del verdugo está siempre bien escondida, donde el hambre amenaza, donde las almas están olvidadas, donde el negro es el color y ninguno el número, y lo contaré, lo diré, lo pensaré y lo respiraré, y lo reflejaré desde la montaña para que todas las almas puedan verlo, luego me mantendré sobre el océano hasta que comience a hundirme, pero sabré bien mi canción antes de empezar a cantarla. (A hard rain`s a-gonna fall. Bob Dylan, Premio Nobel de Literatura 2016)






jueves, 23 de mayo de 2013

Lord Byron


Lo que tengo en estos momentos delante de mí es una biografía, un libro del que no recuerdo dónde ni cuándo lo compré. Tiene algo más de cien páginas, y gran parte de ellas son de papel cuché. Se ha conservado bien, y da gusto pasear por su interior. Huele a libro, un aroma que desconocerán las generaciones del futuro, y sabe a historia, la del poeta que mejor representa el espíritu del Romanticismo: Lord Byron.

Lo primero que leí del libro fueron unos fragmentos de pensamientos y cartas de Byron, que me impresionaron mucho; empezaban con esta frase: «Pocos han vivido más que yo». Y seguía:

George Gordon Byron (Lord Byron)
«Mis sufrimientos comenzaron a muy temprana edad; tan pronto, que muy poca gente me creería si quisiera precisar la época y los acontecimientos que los acompañaron. Probablemente, fue éste uno de los motivos de la precoz melancolía de mis pensamientos: haber tenido una experiencia prematura de la vida.»
«Muchas veces regreso con la imaginación a los días de mi infancia y me asombro de la intensidad de mis sentimientos en aquel tiempo: su recuerdo permanece imborrable aún hoy día. Mi pobre madre y después mis compañeros de colegio, con sus burlas, me habían acostumbrado a considerar mi enfermedad como una terrible desgracia; después nunca he logrado superar este triste sentimiento. Es menester una gran bondad natural para poder vencer la amargura corrosiva que una deformidad física genera en el alma y que indispone contra todos 

Lord Byron era cojo. Padecía la enfermedad de Little.

«Amo la naturaleza y admiro la belleza. Soy capaz de soportar la fatiga, las privaciones no me arredran, y he visitado algunos de rincones de los más bellos del mundo. Pero por todas partes hállanse diseminados amargos recuerdos, en especial, de mi más reciente e íntima desventura.» 

Este párrafo me recuerda al monólogo del replicante Roy, en Blade runner. 

«Jamás lograré hacer comprender a la gente que la poesía es la expresión de una pasión que se inflama, pero que no existe una vida entera de pasión, como tampoco existe una fiebre perenne o un terremoto sin descanso. Por otra parte, ¿quién podrá hallarse en tal situación?»

«Mientras escribí los excesos y absurdos que han deformado el gusto del público, me han aplaudido como un eco; hoy, en cambio, cuando en los últimos tres o cuatro años he dado a luz cosas que no se deberían “dejar morir” (como dice Milton), toda la piara ronca y gruñe y se revuelca en sus inmundicias. Sin embargo, es justo que yo deba expiar mi culpa por haberlos corrompido, puesto que nadie ha contribuido más que yo, con mis primeras obras, a producir aquel estilo exagerado y falso 

George Gordon Byron nació el 22 de enero de 1788, en Londres. Su madre fue Catherine Gordon, escocesa de buena familia; mujer rellenita, de nariz grande, y un patrimonio de veintitrés mil libras esterlinas que sedujo al futuro padre de Byron, el apuesto capitán John Byron, apodado «Jack el Loco» no por nada. A los tres años, «Jack el Loco» había dilapidado la mayor parte del patrimonio de Catherine.

Lord Byron murió el 19 de abril de 1824 en Missolonghi, Grecia, a causa de una fiebre mal curada.

Nosotros, que nos gusta soñar y escribir, debemos algo al genial y atormentado Lord Byron, me parece. 

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                                          OSCURIDAD, de Lord Byron

Tuve un sueño que no era del todo un sueño. El brillante sol se apagaba, y los astros vagaban apagándose por el espacio eterno, sin rayos, sin rutas, y la helada tierra oscilaba ciega y oscureciéndose en un cielo sin luna.

La mañana llegó, y se fue, y llegó, y no trajo consigo el día, y los hombres olvidaron sus pasiones ante el terror de esta desolación, y todos los corazones se congelaron en una plegaria egoísta por luz, y vivieron junto a hogueras, y los tronos, los palacios de los reyes coronados, las chozas, las viviendas de todas las cosas que habitaban, fueron quemadas en los fogones, las ciudades se consumieron, y los hombres se reunieron en torno a sus ardientes casas para verse de nuevo las caras unos a otros.

Felices eran aquellos que vivían dentro del ojo de los volcanes, y su antorcha montañosa, una temerosa esperanza era todo lo que el mundo contenía; se encendió fuego a los bosques, pero hora tras hora fueron cayendo y apagándose, y los crujientes troncos se extinguieron con un estrépito y todo quedó negro.

Las frentes de los hombres, a la luz sin esperanza tenían un aspecto no terreno cuando de pronto haces de luz caían sobre ellos; algunos se tendían y escondían sus ojos y lloraban; otros descansaban sus barbillas en sus manos apretadas y sonreían; y otros iban rápido de aquí para allá y alimentaban sus pilas funerarias con combustible, y miraban hacia arriba suplicando con loca inquietud al sordo cielo, el sudario de un mundo pasado, y entonces otra vez con maldiciones se arrojaban sobre el polvo,  rechinaban sus dientes y aullaban; las aves silvestres chillaban y, aterrorizadas, revoloteaban sobre el suelo, y agitaban sus inútiles alas; los brutos más salvajes venían dóciles y trémulos; y las víboras se arrastraron y se enroscaron escondiéndose entre la multitud, siseando, pero sin picar, y fueron muertas para servir de alimento.

Y la Guerra, que por un momento se había ido, se sació otra vez; una comida se compraba con sangre, y cada uno se hartó resentido y solo atiborrándose en la penumbra: no quedaba amor.

Toda la tierra era un solo pensamiento y ése era la muerte inmediata y sin gloria; y el dolor agudo del hambre se instaló en todas las entrañas, hombres morían y sus huesos no tenían tumba, y tampoco su carne; el magro por el magro fue devorado, y aún los perros asaltaron a sus amos, todos salvo uno, y aquel fue fiel a un cadáver, y mantuvo a raya a las aves y las bestias y los débiles hombres, hasta que el hambre se apoderó de ellos, o los muertos que caían tentaron sus delgadas quijadas; él no se buscó comida, sino que con un gemido piadoso y perpetuo y un corto grito desolado, lamiendo la mano que no respondió con una caricia, murió.

De a poco la multitud fue muriendo de hambre; pero dos de una ciudad enorme sobrevivieron, y eran enemigos; se encontraron junto a las agonizantes brasas de un altar donde se había apilado una masa de cosas santas para un fin impío; hurgaron, y temblando revolvieron con sus manos delgadas y esqueléticas en las débiles cenizas, y sus débiles alientos soplaron por un poco de vida, e hicieron una llama que era una ridícula; entonces levantaron sus ojos al verla palidecer, y observaron el aspecto del otro, miraron, y gritaron, y murieron.

De puro espanto mutuo murieron, sin saber quién era aquel sobre cuya frente la hambruna había escrito “Enemigo”. El mundo estaba vacío, lo populoso y lo poderoso era una masa, sin estaciones, sin hierba, sin árboles, sin hombres, sin vida; una masa de muerte, un caos de dura arcilla.

Los ríos, lagos, y océanos estaban quietos, y nada se movía en sus silenciosos abismos; los barcos sin marinos yacían pudriéndose en el mar, y sus mástiles bajaban poco a poco; cuando caían dormían en el abismo sin un vaivén.

Las olas estaban muertas; las mareas estaban en sus tumbas, antes ya había expirado su señora la Luna; los vientos se marchitaron en el aire estancado, y las nubes perecieron; la Oscuridad no necesitaba de su ayuda… Ella era el universo.




16 comentarios:

Alberto dijo...

Yo soy de los que siempre estarán en deuda perpetua con Byron, y eso que no lo he leído tanto como se merece. Todo llegará. Si bien es cierto que lo estoy también con casi todos los grandes románticos, desde Goethe, hasta Hermann Hesse (para mí el último gran exponente, con los matices necesarios, de los dos géneros creados por el genio anterior: novela romántica y novela de construcción), pasando por E.T.A. Hoffmann, Keats, el matrimonio Shelley, Heinrich Heine, ese monje loco que fue Charles Maturin (que llevó la novela romántico-gótica a su paroxismo), músicos como Beethoven, Mendelsohn, Chopin, Schubert, Von Webber y tantos y tantos otros.
De Byron, algunos dicen que murió de malaria y otros de tuberculosis; creo que los matasanos que lo atendieron (es un decir, pues al parecer lo único que hicieron fue sangrarlo) eran unos absolutos incompetentes, como para exigirles que distinguieran entre un bacilo y un treponema. Si bien es posible que llevara años padeciendo de tuberculosis y lo rematara la malaria.
Yo llevo un tiempo trabajando en un estudio que trata de indagar en la estrecha y retroalimentada relación que existe entre la melancolía y las afecciones pulmonares y dermatológicas. Para la medicina occidental es algo poco más que anecdótico, pero para medicina tradicional china está cargado de sentido, pues, según el Wu Xing ( esa genialidad de la filosofía china tan poco conocida en occidente y todavía peor interpretada), la piel, esas vísceras llamadas pulmones y esa emoción llamada melancolía están regidas por el elemento metal, al igual que el otoño, el sentido de la justicia..., también muy presentes en Byron, la mayor parte de los románticos y en tantas personas melancólicas.
Bueno, siento haberme ido por las ramas con un tema que probablemente sólo me interese a mí. En resumen, me alegro que estés leyendo a Byron y que hayas compartido alguno de sus maravillosos escritos con nosotros.

Un abrazo para ti y esos amigos tuyos, los marcianos.

crónicas de un e-writer dijo...

Hola, Alberto.

No sé que pasa con los historiadores, que no se ponen de acuerdo en nada. Lo comento por eso que dices de la muerte de Byron, que para algunos murió de tubercolosis y para otros de malaria. En en el libro que yo tengo pone que se mojó con la lluvia, un día que salió a pasear a caballo, y que murió a consecuencia de ello. Parece cada cual tiene su versión de cómo sucedieron las cosas, y así no hay quien se aclare.

Me sorprende mucho lo bien informado que estás de todo. A veces he pensado hacer un artículo, o una página, con tus respuestas.

El estudio en el que estás trabajando me parece interesante y raro. Nunca había oído que pudiera existir una relación entre las afecciones pulmonares y dermatológicas, y la melancolía, y todo lo demás que pones.

Ya les he dado un abrazo de tu parte a los marcianos. Me han prometido que pasarán por Galicia a llevarse algún banco.

Un abrazo.

Alberto dijo...

La historia, amigo e-writer, es un género literario como otro cualquiera. Credibilidad, la justa.
No negaré que me gusta informarme de cosas bastante diversas, pero en general soy un absoluto diletante en todas ellas, incluida la literatura.
¡Un artículo o una página con mis respuestas! Eso sí que sería mucho más raro que mi estudio sobre la melancolía, y probablemente mucho menos interesante. Pero qué quieres que te diga; a mí se me pasan cosas todavía más raras por la cabeza. Eso sí, me alegro mucho de que en líneas generales te agraden mis comentarios.

Volviendo vagamente al tema de mi estudio, la ciencia moderna aseura que la melancolía, al igual que todas las emociones, surge en el cerebro; pero yo no creo que esto sea cierto. Yo opino que en el cerebro se procesan todas las emociones; pero en absoluto surgen de él. La medicina china dice que surge de los pulmones, y también que la ira surge del hígado; y quien no ha escuchado la expresión "me pones del hígago"; y que el amor surge del corazón, pero bueno esto ya lo saben todos los poetas, etc, etc.
Bueno, aquí quedo esperando con ahínco a los marcianos.

Un abrazo para ti y para todos los melancólicos.

Jayja para tí... dijo...

Dios! cuánto envidio no tener ese libro en mis manos!!!!!!!!!!!!
Al final, cerraré los ojos y trataré de lograr estar ahí, olerlo, verlo, al final puedo lograr estar ahí ahora mismo, incluso antes de terminar de escribir estas letras que te escribo, muero de dicha de introducirme entre las ondas que en siglos pasados estuvieron dentro de esa tinta y esa palabra escrita...

un saludo de ahora o de futuras vidas, tu amiga

janett

Jayja para tí... dijo...

Ay Alberto! me has galardonado con características de poetas, me has unido a el gran Byron, padezco de asma, de dermatitis, y de depresión, Dios esto es cierto!, no es un juego, cada vez mis características me identifican más con mi grupo, no se si alegrarme o asustarme... a veces he dudado de mi cordura y otras de mi locura...

Un saludo

janett

Jayja para tí... dijo...

Sabes Gerardo? yo creo que Alberto hace bien en ser anónimo, en no tener facebook, ni nada que lo identifique, al final él me ha dicho que es relativamente joven, yo lo dudo mucho, creo que debe ser viejo, arrugado y bien barbudo, su barba debe llegar a las rodillas y seguro las uñas son largas, además, en verdad debe ser tan viejo que seguro tiene 100 duendes para que lean por él, no hay forma que un hombre joven sepa tanto y sea tan, tan "afilado" verdad?

No importa, seas feo, o requete viejo, te queremos...

Janett

Alberto dijo...

Hola, Janett:

Te recomiendo ir a un buen médico de medicina tradicional china, pues seguramente te entenderá y te dirá que todo eso son en el fondo diferentes expresiones de una misma enfermedad. Tienes el elemento metal demasiado exacerbado,como casi todos los románticos, así que seguramente acumules bastante mucosidad, pero a pesar de ello tengas un olfato bastante sensible y poseas una gran intuición. El planeta que rige el elemento metal es Venus, con todo lo que ello conlleva.
El mejor clima para ti es el calor seco, pues la humedad te mata.(El elemento agua, según el wu xing y según la lógica, oxida al elemento metal) El elemento fuego hace, sin embargo, más maleable al elemento metal. Así que ese presunto médico chino opte seguramente por un tratamiento con moxibustión en el meridiano del pulmón.
Ojalá que encuentres uno que te cure el asma y la dermatitis, pero que te deje la melancolía justa para seguir escribiendo poemas tan bellos.

Según tu descripción, yo debería de tener una apariencia similar a Howard Hughes cuando ya era anciano y había enloquecido totalmente. Ja,ja,ja, ¡con menuda pinta me imaginas! Si llego en verdad a viejo, te prometo tener una apariencia como esa, ja,ja,ja.

Nuestro amigo e-writer se estará preguntando ¡qué coño harán estos freakies hablando de medicina china en una entrada de Lord Byron!
La verdad es que no puedo evitar divagar cuando leo poesía: defecto de fábrica.

Un abrazo para ambos.

crónicas de un e-writer dijo...

Hola, Janett y Alberto.

Está bien que se hable de todo. Cuídate, Janett.

Un abrazo a los dos.

Jayja para tí... dijo...

Gerardo, estoy casi acabando el libro de Alberto, es que además de extenso, he estado viajando junto a ellos.

Le seguirá el tuyo, y te diré se estuve allí dentro.

El libro de Alberto me ha gustado tanto!, es uno de los libros que más me han gustado, tal vez porque es casi como entender mi yo, en palabras hermosas de un autor español, yo nunca hubiera dicho ni sus palabras bellas, ni sus palabras sucias... no hablo así, "joder" como los españoles, me causa risa...


Un abrazo amigo, Janett

Jayja para tí... dijo...

Gerardo, voy a decirle algo aquí a ustedes a tí y a Alberto, saben que me gusta de esta amistad? que puedo debatir con ustedes atravezando el espacio y los años, me siento de igual a igual, movida por el amor a las letras, y dejamos a un lado los años reales de nuestra vida humana, la que dificulta a veces el entendimiento, mi hijo más pequeño apesar de ser extremadamente culto, hablar cuatro idiomas y ser universitario, se le hace dificil entender mi mundo, creo debe ser porque es mi hijo y ha puesto una barrera entre él y yo, como que somos de otros mundos y otras generaciones, y me hace sentir tan vieja!, sin embargo espiritualmente con personas como ustedes, mientras más vieja, mejor me siento!, mira lo "viejito" y sabio que es Alberto, y yo lo entiendo!

Jajaja, yo sé que pudierás ser mi hijo Alberto, en esta vida, no en las otras, porque allí a lo mejor éramos de la misma edad, o tu viejo y yo una niña...

Pero si sé algo, yo hablo y leo, el idioma de ustedes... el de sus libros...

abrazos!


Alberto, de verás te gusta mi poesía?

Si es así, me siento feliz, sé que has leído tanto, que decir que te gusta, me dan fuerzas para seguir, pero no me engañes!, siempre dime la verdad! aunque sé que eres tajante en tu forma de ser, y que al pan le dices pan y al vino vino, yo quiero que seas igual conmigo!

crónicas de un e-writer dijo...

Hola, Janett.

Me alegro que hayas encontrado un libro que te guste, y si es el de Alberto, pues mejor. Yo sólo lo he hojeado, y he visto que está bien escrito y tiene párrafos interesantes. Confiemos en que acabe despegando y tenga buenas ventas. Y tú, cuída ese ánimo.

Un fuerte abrazo.

Jayja para tí... dijo...

hoy sigo con el libro tuyo, no lo dejo hasta acabarlo... un abrazo

Jayja para tí... dijo...

Ya acabe el de Alberto hoy sigo con el tuyo, deje un comentario para Alberto en su hilo, pero se lo comio el moderador!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

crónicas de un e-writer dijo...

Un abrazo, Janett

Alberto dijo...

Hola, he vuelto entrar aquí otra vez de casualidad, y he visto tus comentarios, Janett. Cuando digo que me gustan tus poemas, por supuesto que va en serio; de hecho creo que en ellos es donde das lo mejor de ti como escritora. Son apasionados, intensos, y tienen ese algo más que no sé qué es, y que quizá sea la razón por la que yo no podré ser nunca un buen poeta. Quizás me falte ese instinto, quizás sea demasiado racional. No lo sé.
Me alegro de que te haya gustado el libro, y ya me dirás qué te ha parecido el final. Pero sin spoilers, je, je.
Espero que el Arpa mágica te guste tanto como el mío o más. A mí me ha gustado, y tiene mérito porque no es la clase de literatura que más suelo leer. Pero al César lo que es del César.

Un abrazo.

Jayja para tí... dijo...

seguro fuera indie como nosotros, verdad?