Y qué harás ahora

¿Y qué harás ahora, mi querido hijo de ojos azules? ¿Y ahora qué harás, mi joven querido? Voy a regresar afuera antes de que la lluvia comience a caer, caminaré hacia el abismo del más profundo bosque negro, donde la gente es mucha y sus manos están vacías, donde el veneno contamina sus aguas, donde el hogar en el valle encuentra el desaliento de la sucia prisión y la cara del verdugo está siempre bien escondida, donde el hambre amenaza, donde las almas están olvidadas, donde el negro es el color y ninguno el número, y lo contaré, lo diré, lo pensaré y lo respiraré, y lo reflejaré desde la montaña para que todas las almas puedan verlo, luego me mantendré sobre el océano hasta que comience a hundirme, pero sabré bien mi canción antes de empezar a cantarla. (A hard rain`s a-gonna fall. Bob Dylan, Premio Nobel de Literatura 2016)






domingo, 28 de abril de 2013

"El señor de Castilla", en la XXXII Feria del Libro de Granada



Hablando en la presentación del libro
Desde el pasado día 10 la novela El señor de Castilla, editada por Ediciones B, del escritor granadino Blas Malo, ocupa un lugar en los anaqueles de las librerías. Según el escritor, ésta es un reflejo de su primera novela, El esclavo de la Al-Hamrá.

En la entrada del 22 de abril de su blog A Hemingway le negaron 27, el escritor cuenta de una forma desenfadada cómo le fue en la presentación de El señor de Castilla en la XXXII Feria del Libro de Granada. A los que escribimos y pensamos que los sufrimientos acaban con la publicación en papel por una editorial importante, la narración de Blas nos baja del guindo. Santa inocencia…

Pongo una entresaca del texto:

«El día amaneció nublado; mal comienzo (…) quien va al centro cargado de bultos y con la hora justa o aparca donde puede en la periferia y se da un buen paseo o se deja lo que cuesta un buen libro en los aparcamientos subterráneos. Preferí lo primero, por economía y por ganas de andar. (…) tampoco cogí las calles más frecuentadas, por no llamar la atención con mis bolsas y mi cartelón publicitario que anunciaba detrás de las traslúcidas y protectoras burbujas de plástico la portada de mi libro.»

(¿Un escritor de una importante editorial tiene que cargar con el cartel publicitario? ¿De la logística no se ocupa la editorial?).

Firmando libros
«Llegamos mi mujer y yo hasta las casetas, donde nos juntamos con Antonio Martín Morales y su esposa, escritor que había de ser mi presentador en el evento. (…) Hablamos de mi libro, de los libros, de las editoriales, de los truquillos de cada maestro para llamar la atención de los lectores, y también de la Crisis, no podía faltar (…) De que a nivel de autores la literatura no es una salida para casi nadie, porque los libros si económicamente aportan algo, lo hacen de forma discontinua y comer es algo que en cambio se desea hacer todos los días.»

«La presentación  tuvo lugar en el Edificio Zaida a las 18 horas, junto a la Fuente de las Batallas y a las casetas de la feria. Allí acudimos los cuatro, y se nos sumaron una docena más, mis amigos recreacionistas de BattleHonours y S.A. Reenactment, como nazaríes, meriníes y castellanos, que dieron un toque de color a la presentación.»

«Me gusta dar un toque medieval a mis actos, pero este año han sido tantos mis soldados que nos apoderamos de la caseta, casi asfixiando a los otros autores. No fui consciente de ello hasta que un lector me lo dijo. No tuve tiempo, pues estuve firmando y charlando con los que se presentaron con mi libro toda la hora.»

«Consumí mi hora de firmas y me animaron a irme rápido de allí, pues llegaba luego el turno de autores más conocidos, más mediáticos y con lectores tan ansiosos como los míos pero en mayor número. (…) La prensa del día siguiente destacó a otros. Mi presencia en la feria y el anhelo de mi firma entre los lectores que acudieron a mi convocatoria quedan para mí

Es lo que hay.

El artículo completo lo podéis leer en el blog del escritor, A Hemingway le negaron 27




Sinopsis de El señor de Castilla:
  
Sevilla, 1342. Al mismo tiempo que dos reinas deciden el destino de Sevilla y de la Corona de Castilla a través de sus vástagos, un jienense llamado Bernardo se embarca en las guerras contra el infiel junto a su señor Pero Gil, vasallo fiel del rey Alfonso Onceno. Pero dos manos gobiernan al rey: una, blanca y fría, de la reina María de Portugal; la otra, de color canela y sevillana, de Leonor de Guzmán, su fogosa amante.

Alimentados por sus intrigas y pasiones, dos hijos del rey se odiarán hasta cubrir de sangre el reino, dividido entre el infante Pedro y el bastardo Enrique. Mientras, de las cenizas y del recuerdo de la Isbiliya almohade, un mudéjar toledano levantará a orillas del Guadalquivir un sueño, un oasis de azahar y sosiego entre tanta violencia, ansioso por alcanzar la gloria humilde del artesano y la eternidad.

Gil, señor de las Torres Oscuras, buscará la forma de sobrevivir a los estertores que sacuden el reino en una época en que la palabra dada decide la vida y la muerte de un hombre, y en la que Bernardo quedará atrapado en Sevilla entre el deber y el honor, y la razón del corazón, hasta el momento final en que la tierra se torne bermeja.
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  «Las torres oscuras aún desafían al tiempo y a los reyes en tierra de Jaén. Un mar infinito de olivos bebe ahora de la memoria de la tierra en la que antes reinaba el cereal y donde señores y vasallos medraban entre los rigores de la vida y la amenaza de la guerra. Únete a ellos y recorre los campos de azafrán de Úbeda, las tierras feraces regadas por el río Guadalquivir, deja atrás Córdoba y atiende a la llamada del rey en Sevilla, ciudad de azahar, almenas y poetas, donde dos mujeres tejen a su sombra los deseos ardientes de sus vástagos y el destino del Reino de Castilla.

Desnudos nacemos y desnudos moriremos cien veces antes de comprenderlo: solo somos ceniza en la tierra de la que beben los olivos. Que nos sea leve. Y sin embargo... aún atesoramos esperanza.»

Blas Malo

4 comentarios:

Jayja para tí... dijo...

Amigo!!!! Yo he publicado 3 libros en papel, he hecho la presentación con ilusión y emoción, he sido invitada a la televisión de Estados Unidos por dos veces y una a la radio, me miraban por la TV todos mis compañeros de trabajo, emocionados y felices, mi JEFE me puso una estrella con mi nombre en la puerta de mi oficina para recibirme después de salir en la TV y verme Miami entero!, la gente de los mercados me saludaban, los familiares que no veía nunca, me vieron...jajajaja, Estados Unidos, y la cultura... en menos de 15 días nadie se acordaba excepto yo, y lo peor, mis libros los compraron la mayoría era familia y amigos, pero lo peor, lo más triste, creo que ni los leyeron...y que conste esta es una historia real...

crónicas de un e-writer dijo...

Hola, Janett.

Yo sólo me lo puedo suponer, pero imagino que cuando se consigue publicar en papel, y se hace la presentación, con firma de ejemplares incluida, si luego las expectativas no se cumplen tiene que ser un jarro de agua fría. Pero siempre queda el orgullo por la obra acabada e impresa y por la obra en sí.

A mí me parece más interesante que la obra funcione a nivel de ventas, ya sea en papel o en ebook, y que el escritor gane lo suficiente para que no tenga que dedicarse a otra cosa que no sea su vocación. Y, deseo que esto al menos tú lo logres algún día, y que las generaciones futuras de lectores lleven en el corazón una estrella dorada de cinco puntas con tu nombre escrito.

La familia y los amigos no suelen ser lectores de lo que escribimos, y muchas veces no suelen ser ni lectores. Si compraron tus libros fue porque te quieren. Si no los leyeron sería por pereza; a los que no son lectores empedernidos les da pereza leer. Esto a mí no me parece triste, aunque entiendo tu frustración. Lo que sí me parece triste es no poder vivir de la escritura, y ganar dinero para comprar tiempo libre para dedicarlo a escribir.


Blas Malo Poyatos dijo...

Hola Crónicas, has logrado que sonría como hace Harrison Ford, de medio lado. Todo es difícil y complicado. Disfrutar el momento se va tornando la mejor opción.

Un cordial abrazo

crónicas de un e-writer dijo...

Hola, Blas.

Gracias por darte una vuelta por mi blog. Entiendo tu sonrisa al leer el artículo, yo la tenía cuando lo escribía; hay en este tipo de sonrisas un poso amargo. Es una pena ver a gente de talento sumida en preocupaciones que no deberían tener. En fin, todo pasa…

Carpe diem.