Y qué harás ahora

¿Y qué harás ahora, mi querido hijo de ojos azules? ¿Y ahora qué harás, mi joven querido? Voy a regresar afuera antes de que la lluvia comience a caer, caminaré hacia el abismo del más profundo bosque negro, donde la gente es mucha y sus manos están vacías, donde el veneno contamina sus aguas, donde el hogar en el valle encuentra el desaliento de la sucia prisión y la cara del verdugo está siempre bien escondida, donde el hambre amenaza, donde las almas están olvidadas, donde el negro es el color y ninguno el número, y lo contaré, lo diré, lo pensaré y lo respiraré, y lo reflejaré desde la montaña para que todas las almas puedan verlo, luego me mantendré sobre el océano hasta que comience a hundirme, pero sabré bien mi canción antes de empezar a cantarla. (A hard rain`s a-gonna fall. Bob Dylan, Premio Nobel de Literatura 2016)


feliz 2018

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lunes, 15 de abril de 2013

El rey desnudo



Maia, de William Tucker (Paseo de la memoria, Bilbao)

¿Quién no conoce el cuento de Andersen  El rey desnudo?

El rey de un país imaginario convoca a los sastres de su reino para que le confeccionen un traje que lucirá en un importante evento. Un pícaro se hace pasar por sastre y le dice al rey que puede confeccionarle un traje como no se ha visto jamás, pues posee la más hermosa y delicada de las telas. Además, añade el pícaro, es una tela mágica que sólo pueden ver las personas cultas e inteligentes. El rey acepta, y al cabo de tres días el pícaro regresa y le muestra el traje al rey. Éste no ve nada, pero como no quiere pasar por ignorante ni por tonto, alaba la inexistente prenda. Lo mismo hacen quienes rodean al rey: nadie ve el traje, pero todos lo alaban para no pasar por ignorantes y tontos, pues cada uno piensa que los demás sí lo ven. 

Por todo el reino se anuncia que el día del evento el rey lucirá un magnífico traje que sólo los más listos pueden ver. Llegado ese día, el rey desfila con el traje inexistente, y, para no pasar por ignorantes y tontos, todo el mundo elogia la hechura del vestido y sus vivos e inimitables colores. 

El rey, ufano, se inclina para acariciar a un niño que lo mira sonriente: ¿Por qué vas desnudo?, le pregunta el niño.

¿Y a quién no se le ha olvidado la moraleja?

2 comentarios:

Alberto dijo...

A menudo pienso que los locos y los niños son las personas que más habitualmente dicen lo que piensan pensando, sin importarles lo que puedan decir los demás. Lo cierto es que ambos tienen unas cuantas cosas en común, de las que muy pocos adultos "cuerdos" pueden presumir: la Libertad que da la ausencia o carencia de socialización, y no sé si el coraje o la temeridad, fruto de lo primero.

Un abrazo.

crónicas de un e-writer dijo...

Yo tampoco lo sé. Supongo que la esencia de este cuento está en una frase que dice Groucho Marx en una de sus películas: "Señora, ¿ha quién va a creer usted, a sus ojos o a mí?".

Un abrazo.