Y qué harás ahora

¿Y qué harás ahora, mi querido hijo de ojos azules? ¿Y ahora qué harás, mi joven querido? Voy a regresar afuera antes de que la lluvia comience a caer, caminaré hacia el abismo del más profundo bosque negro, donde la gente es mucha y sus manos están vacías, donde el veneno contamina sus aguas, donde el hogar en el valle encuentra el desaliento de la sucia prisión y la cara del verdugo está siempre bien escondida, donde el hambre amenaza, donde las almas están olvidadas, donde el negro es el color y ninguno el número, y lo contaré, lo diré, lo pensaré y lo respiraré, y lo reflejaré desde la montaña para que todas las almas puedan verlo, luego me mantendré sobre el océano hasta que comience a hundirme, pero sabré bien mi canción antes de empezar a cantarla. (A hard rain`s a-gonna fall. Bob Dylan, Premio Nobel de Literatura 2016)






domingo, 17 de marzo de 2013

Canciones de Bilitis, de Pierre Louÿs

LAS FLORES
Pierre Louÿs
Ninfas de los bosques y de las fuentes, amigas  bienhechoras, ya estoy aquí. No os escondáis, venid a  ayudarme que estoy muy cargada de tantas flores como he cogido.
Voy a buscar por todo el bosque una de esas tristes hamadríadas de brazos levantados. Y en sus cabellos del color de las hojas, clavaré la rosa más grande.
Mirad, he cogido tantas por los campos que no podré llevarlas si no me hacéis un ramo. Y si no ayudáis, tened cuidado.
A la de vosotras que tiene los cabellos azafranados, la he visto ayer dejarse montar como una bestia por el sátiro Lamprosates, y la denunciaré por impúdica.

PENUMBRA
Nos hemos deslizado las dos bajo la sábana de lana transparente. Hemos ocultado hasta nuestras cabezas de tal modo, que la lámpara sólo alumbra la sábana que nos cubría.
De esta manera yo veía su cuerpo querido más cerca una de otra, más íntimas, más desnudas. «En la misma camisa», que ella decía.
No nos habíamos despeinado para estar más enteramente descubiertas,  en el aire confinado del lecho se sentía el olor a mujer que subía de las bocas de nuestros sexos.
Nadie en el mundo, ni siquiera la lámpara, os ha visto. Cuál de las dos ha sido amada, sólo ella y yo podríamos decirlo. Pero los hombres no lo sabrán. 

A UN MARIDO DICHOSO
Te envidio, Agorakrites, por tener una mujer tan celosa de sus deberes. Sé que ella con sus propias manos prepara el establo y que, por la mañana, en vez de hacerte el amor, abandona el lecho para ir a dar de beber a los animales.
Eres feliz. Otras, dices, no piensan sino en las más bajas voluptuosidades, en dormir de día, pues velaron de noche, y que aun, buscan en el adulterio una saciedad criminal.
Es verdad; tu mujer trabaja en el establo. Hasta hay quien dice que tiene mil ternuras para el más joven de tus burros. ¡Ah, verdaderamente que es un hermoso animal! ¡Qué linda esa mancha negra que luce sobre los ojos!



EL DESCONOCIDO
 Duerme. No le conozco. Me repugna. Sin embargo su bolsa está llena de oro y ha dado a la esclava cuatro dracmas al entrar. Yo espero que a mí me dé por lo menos una mina.
Pero le he dicho a la frigia que entrase en el lecho en mi lugar. Estaba borracho y ha creído que era yo. Antes hubiera preferido morir en el suplicio, que ser mujer junto a este hombre.
¡Ay! ¿Por qué no puedo olvidar mis praderas del Tauro?... Era yo entonces una virgencita…mis pechos despuntaban apenas y era tan loca, tan envidiosa de amor, que odiaba a mis hermanas casadas.
¡Qué no hubiera hecho por obtener lo que he rehusado esta noche!... Hoy mis senos se doblan sobre mi cuerpo ya usado… Eros se duerme de laxitud, de hastío…





Canciones de Bilitis, de Pierre Louÿs. Publicadas en 1894.

 


2 comentarios:

Alberto dijo...

Interesante literatura erótica, amigo e-writer. En la pluma de este hombre hasta la zoofilia parece elegante. Está claro que los escritores decimonónicos estaban hechos de otra pasta.

Un abrazo.

crónicas de un e-writer dijo...

Hola, Alberto. Ya veo que has salido de tu escondrijo y que no paras. Bienvenido al siglo.

Pierre Louÿs dedicó el libro "a las mujeres del futuro".

Un abrazo.