Y qué harás ahora

¿Y qué harás ahora, mi querido hijo de ojos azules? ¿Y ahora qué harás, mi joven querido? Voy a regresar afuera antes de que la lluvia comience a caer, caminaré hacia el abismo del más profundo bosque negro, donde la gente es mucha y sus manos están vacías, donde el veneno contamina sus aguas, donde el hogar en el valle encuentra el desaliento de la sucia prisión y la cara del verdugo está siempre bien escondida, donde el hambre amenaza, donde las almas están olvidadas, donde el negro es el color y ninguno el número, y lo contaré, lo diré, lo pensaré y lo respiraré, y lo reflejaré desde la montaña para que todas las almas puedan verlo, luego me mantendré sobre el océano hasta que comience a hundirme, pero sabré bien mi canción antes de empezar a cantarla. (A hard rain`s a-gonna fall. Bob Dylan, Premio Nobel de Literatura 2016)






jueves, 14 de febrero de 2013

Ladies and gentlemen, The Beatles!



El día 11 de febrero se cumplieron cincuenta años de la grabación del álbum  Please, please me de The Beatles.

Hay personas que ven talento donde los demás vemos mediocridad. Nadie sabe qué les mueve a invertir tiempo y dinero en proyectos por los que nadie daría un céntimo. No se trata de oportunistas que siguen las huellas del triunfo, dispuestos a vivir de sus migajas; ni de jugadores que tiran los dados, a ver qué pasa. Son «seres extraños», al parecer dotados de una clarividencia de la cual carecemos los demás. En el caso de The Beatles, ese «ser extraño» se llamó Brian Samuel Epstein.

The Beatles, antes de que Epstein se fijara en ellos, no pasaba de ser uno de tantos grupos musicales de Liverpool. No tenían ninguna canción propia; incluso llevaban en su repertorio una versión pachanguera del Bésame mucho, de Consuelito Velázquez, en la que acababan las estrofas con un ¡chachapú! que no venía a cuento y que estropeaba aún más la versión, si es que eso era posible. Por si fuera poco, en sus comienzos la música de The Beatles sonaba peor que la sarta de latas colgadas de la trasera de un coche de recién casados.

En definitiva, The Beatles no aportaban nada a la música de su época, y nada indicaba que lo fueran hacer en el futuro. De no haber conocido a Epstein, con bastante probabilidad el destino de los cuatro chicos habría sido una fábrica de Liverpool y el ostracismo más absoluto como artistas. Como músicos no habrían encontrado trabajo ni en la orquesta municipal. Roto el grupo, y con cinco o seis años más cada uno a sus espaldas, les habría costado encontrar a alguien que los considerase músicos.
Brian Samuel Epstein

Por no creer, en su continuidad como artistas no creían ni los propios Beatles. En los primeros estadios de su fama, los componentes del grupo expresaron en alguna ocasión que no confiaban en que The Beatles durase más allá de unos meses, y sólo Paul le dijo a Epstein que, cuando todo pasase y los Beatles dejaran de ser interesantes, a él le gustaría seguir metido en el mundillo músical, si ello fuera posible.

Brian Samuel Epstein, sin que los «normales» sepamos por qué, vio en The Beatles un diamante en bruto donde los demás vieron un canto rodado. Apostó por ellos. Consiguió que les grabasen un disco, Love me do, del que sólo se vendieron unos cientos de copias. Para que el disco se colocara en las listas de los más vendidos y la EMI considerase la posibilidad de volver a grabar con The Beatles, cuenta la leyenda que Brian Epstein compró de su bolsillo las copias restantes, hasta un total de diez mil. El siguiente  disco, Please, please me, fue un éxito absoluto, y después, por simpatía, el fracasado Love me do, también. Lo que siguió pertenece a la Historia, con mayúscula.



7 comentarios:

Alberto dijo...

Amigo e-writer, a mí siempre me ha sorprendido tanta veneración por "Los escarabajos" estos. Bajo mi punto de vista tienen un par de álbumes aceptables, los dos últimos, unas cuantas canciones que están bien y sólo una gran canción que yo recuerde (Let it be). Bajo mi punto de vista hay y ha habido innumerables bandas poseedoras de iguales o mayores credenciales que "The beatles", así que aquí algo pasa:
1) Yo no tengo ni idea de música a pesar de que creo que llevo escuchando toda mi vida a los más grandes de casi todos los géneros.
2)Por alguna extraña razón conecto mejor con los escarabajos peloteros del antiguo Egipto que con estos sesenteros de Liverpool.
3) Estamos ante uno de los mejores ejemplos de histeria colectiva.
Si todo esto fueran matemáticas habría un 66,6666666666666666666666% de posibiidades de que existise un problema de apreciación por mi parte y sólo un 33,33333333333333333333333 de que mi diagnóstico de histeria colectiva estuvise acertado. Pero como no son matemáticas sino arte (en el mejor de los casos)...
Lo que sí podemos afirmar es que como ejecutores de música dejaban bastante que desear. Tocar la batería como Ringo, la toca casi cualquier baterista de verbena, el bajo de Paul, al igual que la guitarra de Lennon, tampoco es que suenen de maravilla, y George era más virtuoso con su guitarra, pero no era precisamente Jimmy Hendrix o su tocayo Page, y como cantante ninguno valía un carajo. Pero aún con todas estas deficiencias técnicas podrían haber sido la ostia. Mira el bueno de Bob, que a veces más que cantar grazna, toca la guitarra de manera algo chapucera y cuando aporrea el piano a veces mete miedo; pero Dylan es Dylan y tiene algo, que no son solamente sus composiciones y magníficas letras, sino algo que si no es se parece al "duende" que llaman en Andalucía, y por mucho que lo busque no lo encuentro en "The Beatles". Pero todo esto puede ser perfectamente culpa mía.

Alberto dijo...

A todo esto, si lo que queremos es establecer una metáfora con los escritores de amazon, tarde o temprano, estoy convencido de que alguno llegará a alcanzar un estatus crítico y una respuesta del público similar a The Beatles; pero también habrá algunos críticos que, incluso después de 50 años, se muestren tan tercos como yo con el cuarteto de Liverpool, y que todo ese fenómeno lo califique de "histeria colectiva." O como se trata de libros y con éstos nos mostramos todavía más pedantes que con la música, habrá quien con ello trate de demostrar un empobrecimiento galopante de las capacidades intelectuales de nuestra civilización...
Lo que sí puedo decir con la boca bien llena es que, suerte o talento, me alegro mucho por el éxito de estos escarabajos ingleses, que además tres de sus componentes parecían tipos majos.

crónicas de un e-writer dijo...

Bueno,no era tanto de The Beatles de lo que quería escribir en la entrada, sino de esas personas que parecen tener un don para intuir cualidades especiales en las personas o en las cosas, que los demás no llegamos a presentir.

Utilicé el simil de The Beatles, pero bien podía haber sido otro. En ningún caso pretendía decir que The Beatles no tenían talento musical.

Que gusten o no The Beatles es algo subjetivo. A mí me gustan.

Un abrazo.



Alberto dijo...

Sí,sí, sé perfectamente lo que querías indicar. Yo lo que he hecho es valerme de tu propio ejemplo para darle una vuelta de tuerca a tus acertadas y concisas reflexiones sobre la necesidad de más Epsteins, que sepan intuir el talento donde los demás sólo ven mediocridad. Me explico: yo creo que también se necesita de lo contrario, es decir, de ver si no mediocridad sí talento inflado o sobrevalorado, y tu ejemplo de los hoy tan conocidos y reconocidos "The Beatles", me venía como anillo al dedo. Lo que es muy posible es que en esta ocasión no me haya expresado correctamente o lo haya hecho de una forma demasiado velada.
En cuanto a "The Beatles" no me parece que carezcan de talento en absoluto, sino que considero que éste está sobrevalorado.

Un abrazo.

crónicas de un e-writer dijo...

Hola, Alberto.

En un documental sobre The Beatles salía una entrevista a John Lennon cuando ya la banda había desaparecido, y opinaba de The Beatles lo mismo que opinas tú, o aun para peor.

Gente que puede ver el talento sobrevalorado hay poca.

Generalmente, se trata de personas bien instruidas, no adocenadas, difíciles de manipular, que no se dejan arrastrar por los gustos de la mayoría; gustos inducidos en muchos casos, por otro lado.

No sé qué papel pueden jugar estas personas en el panorama cultural. ¿El de "La fiera literaria"? ¿O más modoso?

En la web "La fiera literaria" (no sé si la conoces) se meten hasta el tuétano con los escritores españoles contemporáneos, hasta el punto de que han llegado a crear una lista de los 100 peores, empleando un análisis de textos que ellos llaman "crítica acompasada". Puede que sus juicios sean acertados en un tanto por ciento alto de sus análisis, pero ¿es justo obrar así? ¿Hay que hacerlo con tan mala leche? No sé, a mí me parece que se pasan, aunque reconozco que aportan pruebas de lo que dicen y pueden resultar hasta graciosos.

Perdona por el rollo.

Un abrazo.

Alberto dijo...

El John Lennon que hablaba en ese documental (que no lo he visto) era ya un Lennon más maduro, reflexivo y también mejor músico. Me gustan más los trabajos en solitario de Lennon y George Harrison que los propios Beatles. Aunque reconozco que éstos en su momento fueron muy valientes cuando, a finales de los sesenta, decidieron cambiar el estilo que les había dado la gloria y dejarse greñas para parecer más jipis y roqueros. Aunque después, como muchas otras bandas, desaparecidas o no, murieran de éxito, literal o metafóricamente: Rolling stones, U2, The Doors, Michael Jackson, Guns & Roses... y tantos y tantos otros, sin contar abusos de drogas, alcohol, etc. El éxito desmesurado acostumbra a acabar antes con un artista que el ostracismo más absoluto.

¿Es difícil descubrir talento sobrevalorado? En general, supongo que sí; la gente no acostumbra a estar muy instruida, y como bien dices, las filias y las fobias muchas veces vienen impuestas, es parte del adoctrinamiento. Pero lo de Epstein con The Beatles tuvo mucho, pero que mucho mérito. Vamos a ver, si yo no conociera de nada al cuarteto de Liverpool, y acabara de escuchar su primer album, pensaría que de ahí no iría a salir nada de nada; pues me parece francamente malo. Cierto es que en esa época no estaban maduros musicalmente; pero imaginarse lo que iría a venir después... bueno no creo que ni él mismo se lo imaginase; más aún así ¡menudo olfato!

Conozco vagamente el portal ese de "la fiera literaria". Por lo poco que he visto, creo que a menudo se pasan. Una cosa es descubrir talento sobrevalorado y otra es denostar y hasta maltratar psicológicamente a ciertos autores. Recuerdo una crítica a Javier Marías, que si éste se la fuera a tomar en serio, dejaría la escritura ipso facto, si no se tragaba una caja de pastillas diluidas en cianuro. Tampoco se trata de eso, al menos con los que no son claramente unos impostores acomodados en su papel. Lo cierto es que tampoco sé si Marías es en realidad tan malo, pues no lo he leído; pero ellos involuntariamente me han dado ganas de hacerlo. Otras sí son más divertidas.
Charles Bukowski también acostumbraba a poner a parir a casi todos los grandes clásicos y modernos. Pero éste casi siempre lo hacía con esa gracia de poeta-intelectual barriobajero tan característica. Los de "la fiera" parecen más pedantes; hablan más de estilo, de uso impreciso del lenguaje, de si utilizan paréntisis o guiones... al menos en las pocas críticas que leído de ellos. No obstante, no niego que un muchos casos no tengan sobradas razones.

Te preguntas sobre el papel que puedan jugar estas personas (y no me refiero a los de "la fiera", que a lo mejor les mueve más la polémica que otra cosa): incendiar una cultura que ya no es tal y sentar las bases de una nueva, que esquive el abismo y que se pare a reflexionar y dar respuesta a determinadas preguntas que ya no se pueden obviar por más tiempo; algo que muchos escritores, filósofos, científicos e artistas consagrados no han podido o no han querido hacerlo. Ardua y ambiciosa tarea sin duda, mas inevitable si no queremos que los onimosos vientos de hoy nos lleven directos y a toda vela a las cavernas.

Un abrazo.

crónicas de un e-writer dijo...

Hola, Alberto. Has hecho un comentario que merece la categoría de entrada, bien razonado y didáctico. Se ve que estás muy bien informado de todo.

Lo de "La fiera literaria" con lo autores, estoy de acuerdo contigo, y a mí también me parece que se pasan. Por lo que he entendido de lo que has dicho, me parece que a los dos nos ha pasado igual: hemos entrado en su web, la hemos leído y nos hemos ido para no volver.

En cuanto a Javier Marías, no entiendo por qué le persiguen de esa mandera y con esa saña.Yo tampoco lo he leído, y, por lo que he hojeado, no es una lectura que me guste. Pero no digo que sea malo escribiendo, que no lo sé.

Un abrazo.