Y qué harás ahora

¿Y qué harás ahora, mi querido hijo de ojos azules? ¿Y ahora qué harás, mi joven querido? Voy a regresar afuera antes de que la lluvia comience a caer, caminaré hacia el abismo del más profundo bosque negro, donde la gente es mucha y sus manos están vacías, donde el veneno contamina sus aguas, donde el hogar en el valle encuentra el desaliento de la sucia prisión y la cara del verdugo está siempre bien escondida, donde el hambre amenaza, donde las almas están olvidadas, donde el negro es el color y ninguno el número, y lo contaré, lo diré, lo pensaré y lo respiraré, y lo reflejaré desde la montaña para que todas las almas puedan verlo, luego me mantendré sobre el océano hasta que comience a hundirme, pero sabré bien mi canción antes de empezar a cantarla. (A hard rain`s a-gonna fall. Bob Dylan, Premio Nobel de Literatura 2016)


feliz 2018

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lunes, 3 de diciembre de 2012

El terremoto de San Francisco en "Los emigrantes", de Howard Fast



En la mañana del 18 de abril de 1906, a las 05:12 horas, un terremoto de magnitud 7,9 en la escala de Richter sacudió la ciudad californiana de San Francisco.
 
Howard Fast
En su novela Los emigrantes, Howard Fast describe el terremoto de esta manera:

Luego, su mirada se posó en el edificio del transbordador, donde el gran reloj señalaba las cinco y trece minutos. Sacó su propio reloj para comprobar la hora, y, mientras lo miraba, comenzó el ruido, un sordo estruendo, reverberante y monstruoso, como si el mundo entero hubiera empezado a gritar de dolor.

En ese momento, en las entrañas de la tierra, una gran placa del continente americano, ejerciendo presión contra otra gran placa, encontró insostenible la tensión, y se deslizó. Bajo San Francisco, la tierra empezó a temblar y a vibrar a gran profundidad. Estalló un sordo rumor, semejante al rugido de un monstruoso e inhumano animal, y la estable y eterna tierra se agitó y estremeció como una masa de jalea, y el temblor se prolongó durante cuarenta y ocho espantosos segundos. Edificios de ladrillo se desplomaron, los muebles bailaban y se deslizaban de un lado a otro, los techos se resquebrajaban y caían, altas estructuras de acero oscilaban y se bamboleaban, manteniéndose firmes a pesar de todo, pero las casas antiguas de madera y piedra se derrumbaban sobre sí mismas.

Aunque parezca extraño, el terremoto propiamente dicho había causado escasos daños, pues el noventa por ciento de la ciudad estaba formado de casas de madera, que resisten mejor un terremoto; pero en los sector es más pobres de la ciudad y en el llamado Barrio Alegre, los viejos edificios se derrumbaron; habían volcado hornillos de petróleo; las cañerías de agua se habían roto, y comenzó el fuego.

Surgió tan rápidamente el fuego, que parecía formar parte integrante del terremoto.

Fue un incendio como nunca lo había sufrido jamás ninguna ciudad de Norteamérica. Duró tres días y arrasó cuatro millas cuadradas de San Francisco. Desde la orilla del mar hasta la Van Ness Avenue, Dolores Street, la Calle 20, Howard, Bryant y la estación del Southern Pacific, y luego, de nuevo hasta la bahía, destruyendo la «Costa Beréber», y las casas de los pobres, y las de los ricos también, y el nuevo edificio del Ayuntamiento, que había costado seis millones de dólares, y escuelas y bibliotecas e iglesias, quinientas veintiún manzanas de casas, más de veintiocho mil edificios y casi cuatrocientos seres humanos, muertos entre las cenizas. Y, durante varias semanas después, el humo continuaba elevándose de las ruinas.

Hombres, mujeres, niños, bomberos, soldados y policías lucharon contra las llamas durante setenta y dos horas, y, poco después de las siete de la mañana del sábado, 21 de abril de 1906, el fuego quedó dominado y detenido su avance.

Al día siguiente, llovió, y el incendio se extinguió definitivamente. Una semana después los escombros eran transportados por las empinadas cuestas y arrojados a la bahía.

Durante casi nueve semanas, la destruida ciudad, conocida no sólo como la «Reina del Pacífico», sino también como la «reina del latrocinio», entró en un período de afable fraternidad, esfuerzo común, buen humor y buena voluntad; y durante este tiempo el crimen casi desapareció de las calles de San Francisco.

Durante el año siguiente, estallaron siete huelgas, se abrieron seis nuevos bancos y el alcalde Eugene Schmitz fue condenado a pasar cinco años en la prisión de San Quintín por corrupción. La ciudad vivía de nuevo.  






13 comentarios:

Alberto dijo...

Antes de nada, he de confesar mi ignorancia en lo relativo a la novela y al escritor; pero al menos estos párrafos que has escogido poseen una gran fuerza descriptiva. Según la poco fiable wikipedia, se trata de una obra publicada en 1977, así que supongo que debe tratarse de algo más alegórico que realista o historicista. Y así también he interpretado tus frases finales, como una alegoría de nuestros tiempos, como una esperanza que tras este tremor que nos desquebraja, paguen finalmente los que tienen que pagar; alcaldes y demás politicastros a la cárcel; la gente recuperando la cordura tras un terrible holocausto y un mundo nuevo renaciendo cual fénix de sus cenizas.

crónicas de un e-writer dijo...

Hola, Alberto.
Howard Fast no había nacido cuando ocurrió el terremoto de San Francisco. Como bien dices, los párrafos poseen una gran fuerza descriptiva, y por eso los elegí. Todo lo que va en cursiva pertenece a la novela, y no a mí.

Howard Fast era un escritor de izquierdas, comprometido con el sufrimiento de los más humildes, lo cual le llegó a costar la cárcel durante la "caza de brujas" del senador Mc Carthy.

A tí, que te gusta el cine, te recomiendo que leas "Max", otra novela de este autor. Trata de los comienzos del cinematógrafo. El día que te interese leerla pudes buscarla en Internet, que seguro que la encuentras gratis.

Howard Melvin Fast nació en Nueva York el 11 de noviembre de 1914; murió Connecticut el 13 de marzo de 2003.

Alberto dijo...

Tomo nota de tu recomendación. Como bien dices, me gusta el cine y eso hace más "imperdonable" que hasta que leí tu artículo no me sonase el nombre de este escritor, cuando es el autor de la obra Spartacus, en la que se basa mi film peplum preferido, dirigido por el genial Stanley Kubric y adaptado por el no menos interesante Dalton Trumbo, también director de la desoladora Johnny cogió su fusil, y que, como Fast, fue perseguido durante la "caza de brujas" del demente y reaccionario senador Mc Carthy. He visto esta película tres o cuatro veces y siempre me fijo en los títulos de crédito, en los cuales estoy seguro que figura Fast; pero por una razón u otra, su nombre siempre me ha pasado desapercibido. Sin embargo, en el transcurso de esta semana este nombre ha venido a mí en dos ocasiones. Esta mañana, leyendo un artículo de un amigo acerca del compositor Alex North (quien compuso la BSO de Espartaco),aquél hacía referencia a Fast. Para nada soy supersticioso, pero sí que doy un gran valor a este tipo de sincronías que, como dice uno de los personajes de "Tras la senda helicoidal": "este tipo de hechos encadenados son indicativos de que en ellos se alberga una realidad subyacente de considerable importancia para el individuo o individuos involucrados en el prodigio. El cosmos, con esta serie de fenómenos concatenados, nos está mostrando la existencia de un punto de inflexión por el que no se debería pasar de largo, sin antes haberlo investigado en profundidad desde una perspectiva no habitual". Pues eso es precisamente lo que haré.

crónicas de un e-writer dijo...

"Para nada soy supersticioso, pero(...) como dice uno de los personajes de 'Tras la senda helicoidal'..." Es curioso, cuando hablamos de nuestros personanes les damos personalidad propia, y los citamos como si verdaderamente hubieran existido más allá de nuestra imaginación. ¿Será así?

Alberto dijo...

Creo que, en cierta medida, sí; y algo de eso también se ve reflejado en mi libro en pasajes como el siguiente:

- Hablar contigo no es perder el tiempo;hace que me sienta más viva. En tu mundo también me gusta ser real, al igual que a ti en el mío. Poder pertenecer a dos mundos tan aparentemente dispares puede ser una experiencia fascinante. Pocos tenemos esa posibilidad, y no debemos desaprovecharla.
- Paulatinamente he ido reconociendo las partes de tu mundo que aparecen en mis escritos, y a veces no sé si escribo lo que sucede en tu mundo o si en tu mundo sucede lo que previamente he escrito(...)
- A menudo eres adorablemente ingenuo; ni en tu mundo ni en el mío queda mucha gente como tú.
- ¿Cómo te llamas?(...) Hasta ahora, te he venido llamando "chica del sueño".
- A mí me gusta, me parece muy propio de ti.
- Pues así seguirá siendo, chica del sueño.

Perdón por la petulancia de citarme a mí mismo por segunda vez; pero creo que viene al caso.
A menudo pienso que conozco mejor a determinados personajes, como Ana Karenina, Raskolnikov, Ignatius Reyli, Doctor Pasavento, Gregor Samsa, Harry Haller, Lady Macbeth... que a personas "reales" muy, muy cercanas. ¡Cómo no me iba a ocurrir con mis "propias" creaciones!, aún estando a eones de distancia de la profundidad psicológica que exhiben aquéllos.

crónicas de un e-writer dijo...

Es cierto, a menudo los personajes de las novelas que nos han impactado nos pueden parecer más cercanos que la gente nos roedea y con la que, no pocas veces a nuestro pesar, nos vemos obligados a convivir. Otro tanto sucede con los autores de esas novelas, que sentimos como si un fino hilo nos uniera a ellos.

El personaje del pasaje que citas de "La senda helocoidal" da la sensación de estar desconcertado; flota entre el mundo real y el onírico, pero las respuestas parece buscarlas en el mundo real, lo que le lleva a pretender ponerle nombre a sus sueños, quizás para entender mejor un mundo que le confunde: "¿Cómo te llamas -le pregunta al personaje que él ha creado-. Hasta ahora te he llamado 'chica del sueño'". "Pues así seguirá siendo", le responde el personaje.

Un abrazo.

Alberto dijo...

Hola, rebuscando en un archivo donde tengo almacenados 20 gigas en libros (sic), he encontrado hasta 25 obras de Howard Fast; pero curiosamente no figuran ni "Los inmigrantes" ni "Max". Si te interesan otras obras de este autor que no puedas conseguir, puedo darte el enlace (si todavía existe) o enviarte las que quieras por e-mail.

Un abrazo.

crónicas de un e-writer dijo...

Hola, Alberto. ¿Veinte gigas en libros? ¿Qué tienes, la biblioteca de Alejandría?

Me encantaría tener esas 25 obras. Dame el enlace, si te resulta más cómodo que enviarme las veinticinco por e-mail. Si te decides por la última opción, mi e-mail es este: gaizkafr@euskaltel.net.

Gracias y Felices Fiestas.

Alberto dijo...

Hola,
Este año, los extenuados renos de Papa Noel han hallado en las perpetuas nieves de Laponia una buena parte de la biblioteca de Alejandría,y como se han modernizado, te la han dejado en tu blog sin papel de regalo ni nada por el estilo, para ti y tus seguidores. El viejo barbudo convencido debe estar de la metempsicosis, si no se explica tamaña desmesura. Aunque "sólo" son 16,58Gb y no los 20 prometidos, piensa que te dará para una docena de vidas bien aprovechadas. El enlace es el siguiente: http://h33t.com/torrent/03505599/libros-castellano-hansi-libroz-com-ar

El otro, de "apenas" 4 Gb, el viejo barbudo no lo encuentra; los estragos del alzheimer, supongo.
No obstante, te va a enviar vía e-mail las obras de Fast por si tienes algún problema con la descarga o por si en ese enlace no se encuentran (aunque creo que sí).
Bueno, ahora sólo queda disfrutarlas, tú y tus descendientes,je,je.

Un abrazo.

crónicas de un e-writer dijo...

Hola, Alberto. Recibidos los regalos del Viejo Barbudo. Aún no tengo "e-book", pero les echaré un vistazo en el ordenador.

Gracias por todo.

Un fuerte abrazo.

crónicas de un e-writer dijo...

Fragmento del relato "La Visión del Edén", de Howard Fast. (Regalo navideño del Viejo Barbudo):

Estaban en órbita; el viaje había terminado. Cruzaron el vacío,salvaron todos los
abismos del tiempo y de la imaginación, sondearon lo insondable, y pasaron por
los siete círculos del infierno. Estaban cuerdos, aunque conocieron las simas de la
aflicción y las tentaciones del suicidio; y estaban vivos, aunque enfrentaron las
distintas muertes que aguardan en el espacio sin límites.
Experimentaron un miedo y un terror indescriptibles y ahora podían hablar de ese
miedo y de ese terror. Eran siete, tres mujeres y cuatro hombres, y vivieron cinco
años encerrados dentro de aquella nave estelar. Estaban a muchos años luz de la
Tierra; la nave había atravesado las extrañas curvas del espacio, alterando y
deformando los cálculos y la geometría conocidos por el hombre, llegando hasta el
otro borde del espacio. Y ahora permanecían en una órbita silenciosa y ondulante, sobre un planeta tan azul, tan verde y tan hermoso como el que dejaron atrás.

Alberto dijo...

Escribe francamente bien el señor Fast. Sus frases poseen fuerza y delicadeza al mismo tiempo, para disfrutarlas llevando la contraria a su apellido.
Vislumbro influencias homéricas, y si el film de Kubrick es fiel a la novela, me da la impresión que en su obra el dolor y la tragedia comandan una nave llamada catarsis. Todo ello muy griego, pero también muy egipcio, muy semita, es decir, muy mediterráneo.
No sé, son mis primeras impresiones. Aunque a lo mejor no son más que sandeces, pues, de momento, de este hombre sólo he leído estos pocos fragmentos que, como palomas mensajeras, han volado hasta tu blog.
Gracias por "presentarme" a tan eximio caballero.

crónicas de un e-writer dijo...

Gracias a tí, Alberto.

No sabía que "fast" es "rápido", en inglés.

Un abrazo.