Y qué harás ahora

¿Y qué harás ahora, mi querido hijo de ojos azules? ¿Y ahora qué harás, mi joven querido? Voy a regresar afuera antes de que la lluvia comience a caer, caminaré hacia el abismo del más profundo bosque negro, donde la gente es mucha y sus manos están vacías, donde el veneno contamina sus aguas, donde el hogar en el valle encuentra el desaliento de la sucia prisión y la cara del verdugo está siempre bien escondida, donde el hambre amenaza, donde las almas están olvidadas, donde el negro es el color y ninguno el número, y lo contaré, lo diré, lo pensaré y lo respiraré, y lo reflejaré desde la montaña para que todas las almas puedan verlo, luego me mantendré sobre el océano hasta que comience a hundirme, pero sabré bien mi canción antes de empezar a cantarla. (A hard rain`s a-gonna fall. Bob Dylan, Premio Nobel de Literatura 2016)






viernes, 23 de noviembre de 2012

Tres fragmentos de "El arpa mágica"




                                                                             Tres fragmentos de El arpa mágica:


   »Si sólo hubiera estado allí como caballero de azúcar, con mi armadura, mi espada al cinto y mi escudo en la espalda, me habría plantado en jarras y ante sus mismas barbas le habría soltado al gerifalte que los caballeros de azúcar no tenemos a bien esperar a reyes ni emperadores, muy al contrario, ellos nos solicitan y hacen turno para ser recibidos por nosotros. Y que tenemos entrada franca en cualquier lugar, dada nuestra reputación. Y que si su rey y sus leyes se ofuscan si un caballero de azúcar pisa los quisquillosos adoquines de su impoluta ciudad, pues allá ellos. Y que por mi parte se podían ir con viento fresco su rey, sus leyes y su ciudad. 
                                                      ***
   »Había en la mesa numerosas y variadas viandas. Carnes, pescados, aves de caza y domésticas, fruta y un copioso surtido de golosinas. Observé que algunos de los sirvientes iban engalanados con vestimentas lujosas y abalorios de gran valor. Llevaban al cuello, muñecas y tobillos, grilletes de oro macizo, engastados con piedras preciosas, de los cuales pendía una argolla del dorado metal. Le pregunté a mi informador que quiénes eran aquellos singulares sirvientes, que más bien parecían acaudalados gentilhombres.
»—Son argollanos— me respondió. 
                                                                                                                    ***
»El príncipe tenía una personalidad extrovertida, y no dejó de sonreír mientras hablaba. Los caballeros que lo acompañaban eran hidalgos, en su mayoría de mediana edad. Vestían, al igual que el príncipe, capa escarlata y una sobreveste de lino blanco con un bordado en el pecho que evocaba la llama de una bujía. Colgada de un tahalí, lucían una espada larga, y en el cinturón les oscilaba una daga. Calzaban todos ellos botas altas de cuero negro con espuelas de plata.


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