Y qué harás ahora

¿Y qué harás ahora, mi querido hijo de ojos azules? ¿Y ahora qué harás, mi joven querido? Voy a regresar afuera antes de que la lluvia comience a caer, caminaré hacia el abismo del más profundo bosque negro, donde la gente es mucha y sus manos están vacías, donde el veneno contamina sus aguas, donde el hogar en el valle encuentra el desaliento de la sucia prisión y la cara del verdugo está siempre bien escondida, donde el hambre amenaza, donde las almas están olvidadas, donde el negro es el color y ninguno el número, y lo contaré, lo diré, lo pensaré y lo respiraré, y lo reflejaré desde la montaña para que todas las almas puedan verlo, luego me mantendré sobre el océano hasta que comience a hundirme, pero sabré bien mi canción antes de empezar a cantarla. (A hard rain`s a-gonna fall. Bob Dylan, Premio Nobel de Literatura 2016)


feliz 2018

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martes, 27 de noviembre de 2012

Tres fragmentos de "La Legión de la Muerte I: La profecía de los espectros ", de Erika Moreno I.



 L edir, a diferencia de otras ciudades más grandes, no estaba rodeada de murallas. Los barrancos y cerros creaban una barrera natural contra atacantes, aunque también la aislaba de sus vecinos. El comercio era escaso comparado con otros poblados rurales como Retrat o Camesbannia, tan solo un par de vendedores ambulantes ofrecían sin gana sus baratijas. El mercado de Ledir recién se estaba instalando cerca de la puerta, claramente no sería una jornada productiva debido a las inclemencias del tiempo; en cualquier instante la lluvia volvería y todos los puestos del mercado, si podían recibir semejante designación, deberían ser retirados. 

                                                      ***
A lgunos soldados en turno llevaron a Arut a las caballerizas donde sería lavado  y alimentado con generosidad. Por su parte, aun cuando Ulliness pidió ver a la emperatriz de inmediato, los soldados tenían órdenes explícitas de conducirlo a una cómoda y espaciosa habitación en el edificio principal ubicado al centro de la fortaleza . Allí pudo asearse, alimentarse y descansar al alero de un sueño profundo y reparador. Cerró los ojos sin pensar en nada ni en nadie y se sumió en su interior.
                                               
                                                                           ***
 L a mujer miró a Ulliness descaradamente y luego descubrió su cabeza. El pelo cayó sobre hombros y espalda.
-General Stromg, es un gran honor. Disculpe si había olvidado quitarme el casco de campaña, pero no soy muy amiga de ciertos protocolos pasados de moda. Además, no creo que a un hombre de tanta altura de miras como a usted le importe mayormente un detalle como ese-
-Los protocolos pasados de moda, como usted los llama, mantienen la unidad y disciplina del ejército- contestó Ulliness – Sin embargo, no creo que no quitarse el casco haga la diferencia a la hora de conocerla-
Ayrendel sonrió, no muy conforme con la respuesta de este general.
-¿Hay algo que tenga que decirle al general antes de comenzar, comandante?- Enua acentuó su pregunta con una desagradable sonrisa irónica. Era la hora de la venganza.




viernes, 23 de noviembre de 2012

Tres fragmentos de "El arpa mágica"




                                                                             Tres fragmentos de El arpa mágica:


   »Si sólo hubiera estado allí como caballero de azúcar, con mi armadura, mi espada al cinto y mi escudo en la espalda, me habría plantado en jarras y ante sus mismas barbas le habría soltado al gerifalte que los caballeros de azúcar no tenemos a bien esperar a reyes ni emperadores, muy al contrario, ellos nos solicitan y hacen turno para ser recibidos por nosotros. Y que tenemos entrada franca en cualquier lugar, dada nuestra reputación. Y que si su rey y sus leyes se ofuscan si un caballero de azúcar pisa los quisquillosos adoquines de su impoluta ciudad, pues allá ellos. Y que por mi parte se podían ir con viento fresco su rey, sus leyes y su ciudad. 
                                                      ***
   »Había en la mesa numerosas y variadas viandas. Carnes, pescados, aves de caza y domésticas, fruta y un copioso surtido de golosinas. Observé que algunos de los sirvientes iban engalanados con vestimentas lujosas y abalorios de gran valor. Llevaban al cuello, muñecas y tobillos, grilletes de oro macizo, engastados con piedras preciosas, de los cuales pendía una argolla del dorado metal. Le pregunté a mi informador que quiénes eran aquellos singulares sirvientes, que más bien parecían acaudalados gentilhombres.
»—Son argollanos— me respondió. 
                                                                                                                    ***
»El príncipe tenía una personalidad extrovertida, y no dejó de sonreír mientras hablaba. Los caballeros que lo acompañaban eran hidalgos, en su mayoría de mediana edad. Vestían, al igual que el príncipe, capa escarlata y una sobreveste de lino blanco con un bordado en el pecho que evocaba la llama de una bujía. Colgada de un tahalí, lucían una espada larga, y en el cinturón les oscilaba una daga. Calzaban todos ellos botas altas de cuero negro con espuelas de plata.