Y qué harás ahora

¿Y qué harás ahora, mi querido hijo de ojos azules? ¿Y ahora qué harás, mi joven querido? Voy a regresar afuera antes de que la lluvia comience a caer, caminaré hacia el abismo del más profundo bosque negro, donde la gente es mucha y sus manos están vacías, donde el veneno contamina sus aguas, donde el hogar en el valle encuentra el desaliento de la sucia prisión y la cara del verdugo está siempre bien escondida, donde el hambre amenaza, donde las almas están olvidadas, donde el negro es el color y ninguno el número, y lo contaré, lo diré, lo pensaré y lo respiraré, y lo reflejaré desde la montaña para que todas las almas puedan verlo, luego me mantendré sobre el océano hasta que comience a hundirme, pero sabré bien mi canción antes de empezar a cantarla. (A hard rain`s a-gonna fall. Bob Dylan, Premio Nobel de Literatura 2016)






martes, 9 de octubre de 2012

¿Me gusta? ¿No me gusta? Buick 8, un coche perverso.


Leyendo los comentarios que los lectores hacen de los libros, no pocas veces me sorprende la disparidad de opiniones que despierta la lectura de esta o aquella obra. Un libro puede gustar a rabiar a unos y desagradar hasta la nausea a otros, sin término medio. En alguna ocasión ha habido lectores que se han preguntado en voz alta si la historia que han leído ellos es la misma que han leído los demás. No acababa de entender cómo se podía estar en tan extremo desacuerdo en la valoración de un libro, hasta que algo similar me sucedió a mí hace una semana. 
  
Hace una semana entré en un blog donde se comentaba un libro. El comentario (que me pareció ameno, interesante e instructivo) hablaba sobre los defectos y virtudes del libro y concluía recomendando su lectura. El libro en cuestión era la novela Buick 8, un coche perverso, de Stephen King. Por una de esas extrañas casualidades, yo acaba de leer ese libro.

 
La trama de Buick 8, un coche perverso se desarrolla en Pensilvania. «Año 1979, Statler, un misterioso individuo llega a una gasolinera, va al baño y desaparece. El buick 8  de 1954 que conducía queda abandonado. La policía se hace cargo del buick y lo guarda en una nave, detrás la comisaría. A partir de aquí el buick es el origen de extraordinarios sucesos».

La trama me pareció atrayente; en la contraportada leí la sinopsis, y la primera página se portó bien, incitándome a la lectura a pesar de no ser nada del otro mundo. Es al adentrarme en el libro cuando me llevé la decepción; los capítulos caían en una especie de bucle y parecían repetirse, como si al autor se le hubiera terminado la historia en las cien primeras páginas, o puede que antes. Cada vez que retomaba la lectura sentía una rara sensación de  déjà vu, de cosa ya leída. Al comienzo de cada capítulo esperaba con ansiedad que algo diferente pasase, pero nada, de nuevo el déjà vu perverso. Al final opté por volar por las páginas, deseando llegar al desenlace.

 
 A mí la novela no me gustó, y sólo el seductor estilo de Stephen King hizo que no la dejara tras las primeras decepciones. Sin embargo, para  la persona que la comentó en su blog,  Buick 8, un coche perverso es una buena novela digna de ser recomendada. ¿Por qué esa diferencia de opiniones? Sospecho que la otra persona que leyó el libro sabe más que yo de Stephen King, del cual ni siquiera acierto a escribir correctamente su nombre sin consultar, y que tiene mayores conocimientos literarios , todo lo cual le da claves para realizar una lectura del texto infinitamente más provechosa que la mía. Si no es así, no sé a qué se deberá. ¿Cuestión de gustos…? No lo sé. 


Lo mejor del libro fue que venía acompañado de una nota de autor en la que Stephen King contaba cómo y dónde se le había ocurrido la novela. Stephen y su mujer, Tabby, pasaban el invierno de 1999 en Longboat Key, Florida, donde King dio los últimos retoques a la novela La chica que amaba a Tom Gordon. A finales de marzo, Tabby cogió un avión a Maine y King, que odia los aviones, regresó en coche. Al oeste de Pensilvania dejó la I-87 para poder repostar en una gasolinera. Mientras el empleado de la gasolinera le llenaba el depósito, King se acercó a los lavabos y luego se dio una vuelta por detrás de la gasolinera. Allí encontró una inclinada pendiente cubierta de piezas de automóvil y un torrente ruidoso al fondo de la misma. El suelo conservaba manchas de nieve; al acercarse para ver mejor el torrente King resbaló, y gracias a que logró asirse a un oxidado eje de camión no acabó en el agua. De vuelta a la I-87 el genial escritor se pregunta qué habría pasado si no se hubiera agarrado al eje del camión; el torrente lo habría engullido sin que nadie se percibiera de ello hasta vete a saber cuando. El coche quedaría abandonado en la gasolinera, ante la perplejidad del operario que se preguntaría qué demonios había pasado con el tipo que lo conducía. El incidente ocurrió a las diez de la mañana, y por la tarde ya estaba en Nueva York. Para entonces King ya tenía esbozada en la cabeza Buick 8, un coche perverso. Dos meses después tenía escrita la primera redacción, pero había escrito sobre el oeste de Pensilvania y la policía estatal de Pensilvania, dos cosas sobre las que King no tenía ni idea. Iba abordar estos dos problemas cuando sufrió un accidente de tráfico y durante un año ni se acordó de la historia. Cuando la retomó, convivió con los patrulleros del cuartel de Butler, de la policía estatal de Pensilvania, y pudo informarse de primera mano de la labor cotidiana de los patrulleros. El resultado es la novela Buick 8, un coche perverso.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

a mí me gustó. :)

crónicas de un e-writer dijo...

Ya. Es un libro que tiene muy buena prensa.

Buena suerte.