Y qué harás ahora

¿Y qué harás ahora, mi querido hijo de ojos azules? ¿Y ahora qué harás, mi joven querido? Voy a regresar afuera antes de que la lluvia comience a caer, caminaré hacia el abismo del más profundo bosque negro, donde la gente es mucha y sus manos están vacías, donde el veneno contamina sus aguas, donde el hogar en el valle encuentra el desaliento de la sucia prisión y la cara del verdugo está siempre bien escondida, donde el hambre amenaza, donde las almas están olvidadas, donde el negro es el color y ninguno el número, y lo contaré, lo diré, lo pensaré y lo respiraré, y lo reflejaré desde la montaña para que todas las almas puedan verlo, luego me mantendré sobre el océano hasta que comience a hundirme, pero sabré bien mi canción antes de empezar a cantarla. (A hard rain`s a-gonna fall. Bob Dylan, Premio Nobel de Literatura 2016)


feliz 2018

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jueves, 25 de octubre de 2012

Carrilanos



Si se busca en el diccionario la palabra "carrilano" aparece que carrilano es, en Bolivia, un empleado del ferrocarril. El "carrilano" que da título a esta entrada es argot, y su significado no está registrado en el diccionario de la lengua castellana. 

El término "carrilano" se utiliza para denominar a las personas que han perdido su estatus social y viven en la calle, sin hogar y sin posibilidades de reintegrarse a la sociedad por sus propios medios, sencillamente porque no los tienen. 

El proceso de convertirse en carrilano tiene sus pautas: primero es la pérdida del empleo o de aquello que permite estar dentro de la sociedad; segundo es la pérdida del hogar; finalmente viene la calle, y con ella la degradación física y la pérdida de la autoestima; llegados a este punto, desaparecidas todas las oportunidades, la vida está en el carril y sólo marcha en una dirección, como una locomotora descontrolada, sin poder salirse de su ruta de miseria; entonces se es carrilano, y se vive en un mundo aparte, al margen de todo, dentro del carril.

Desde que empezó la crisis, en las calles de mi ciudad empezaron a aparecer los primeros carrilanos, y su número aumenta de forma exponencial al paso del tiempo. Duermen en los soportales de los comercios, en los huecos de las fachadas; dentro de los cajeros de los bancos, de las cajas, utilizando cartones a modo de lechos y mantas. Puede que, para más inri, algunos de esos cajeros que utilizan para dormir sean del mismo banco o caja de ahorros que los desahució.

La Constitución Española reconoce el derecho a la vivienda, y nadie debería arrebatársela a quien la tiene ni negársela a quien no la posee. No importa cuales hayan sido las causas que han arrojado a una persona a la calle, como ser humano sigue teniendo derecho a una vivienda digna, estemos a favor de ello o no. El derecho a una vivienda digna es un derecho fundamental del ser humano y no debería ser negociable.  


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