Y qué harás ahora

¿Y qué harás ahora, mi querido hijo de ojos azules? ¿Y ahora qué harás, mi joven querido? Voy a regresar afuera antes de que la lluvia comience a caer, caminaré hacia el abismo del más profundo bosque negro, donde la gente es mucha y sus manos están vacías, donde el veneno contamina sus aguas, donde el hogar en el valle encuentra el desaliento de la sucia prisión y la cara del verdugo está siempre bien escondida, donde el hambre amenaza, donde las almas están olvidadas, donde el negro es el color y ninguno el número, y lo contaré, lo diré, lo pensaré y lo respiraré, y lo reflejaré desde la montaña para que todas las almas puedan verlo, luego me mantendré sobre el océano hasta que comience a hundirme, pero sabré bien mi canción antes de empezar a cantarla. (A hard rain`s a-gonna fall. Bob Dylan, Premio Nobel de Literatura 2016)


viernes, 6 de julio de 2018

El vagabundo de las estrellas



 
    «Soy Darrell Standing. Muy pronto me sacarán de aquí para ahorcarme. Mientras tanto, digo lo que tengo que decir y escribo sobre otros tiempos y otros lugares», Jack London, El vagabundo de las estrellas.

       De nuevo en el blog. Ando releyendo El vagabundo de las estrellas y me está gustando tanto como la primera vez que lo leí, de eso hace ya sus buenos veranos. Entonces me gustaba leer sobre viajes astrales, historias de alienígenas, de lamas que levitan, de continentes  sumergidos, de sucesos fantásticos…, y El vagabundo de las estrellas me vino recomendado de la mano de un amigo interesado también en estos temas. Jack London fue un escritor único, aunque considerado por algunos como un mal escritor; era un buen narrador, con un estilo personalísimo y con gancho para atrapar lectores.

      El vagabundo de las estrellas es de las pocas novelas que recuerdo con agrado. Pero, curiosamente, en su momento no tuvo éxito. Se publicó en 1915. Jack London murió un año después de uremia y tras aplicarse una involuntaria sobredosis de morfina. El vagabundo de las estrellas es su última novela. En vida no se libró de ser acusado de plagio. Jack London era un seudónimo, su verdadero nombre fue John Griffith Chaney.

Jack London
      El vagabundo de las estrellas (título original The star rover) narra la historia de Darrell Standing, catedrático de agronomía en la Facultad de Agricultura de la Universidad de California que, preso en la cárcel estatal de Folsom, aguarda en la Galería de los Asesinos a que se cumpla su sentencia de muerte al tiempo que narra en unas cuartillas sus experiencias en viajes astrales. Años antes de ser trasladado a Folsom, mientras se encontraba preso en la cárcel de San Quintín por haber asesinado al catedrático Haskell, es acusado injustamente por el preso Cecil Winwood de un intento de fuga y de esconder varios kilos de dinamita en algún lugar del recinto. Con la intención de que confiese dónde esconde la dinamita, Darrell es sometido por el alcaide Atherton a un inhumano aislamiento y a la tortura añadida de permanecer inmovilizado dentro de una camisa de fuerza brutalmente ajustada. Exánime, Darrell se percata que hay otros dos presos aislados en sendas celdas, en similares condiciones a la suya; son Ed Morrell y Jake Oppenheimer. Estos se comunican entre sí a golpe de nudillo, en un código elaborado por ellos que los guardias de las celdas del pabellón de aislamiento desconocen. Pacientemente, Darrell estudia los sonidos y logra descifrar el código para comunicarse con sus compañeros de infortunio, llegando incluso a jugar de cabeza una partida de ajedrez con Oppenheimer. Pero es Ed Morrell quien lo inicia en los viajes astrales, por medio de los cuales Darrell puede revivir las experiencias que tuvo en anteriores vidas.

      La parte de la novela que se desarrolla en el presidio me está resultando un tanto tediosa. Y no entiendo muy bien por qué, resulta bastante desconcertante. Puede que ya tenga encima demasiadas películas hollywoodienses sobre abusos carcelarios y sin darme cuenta estoy, hasta cierto punto, saturado de la temática. De cuando leí El vagabundo de las estrellas no recuerdo que me aburriese ni un párrafo. Me pareció una novela maravillosa que me cautivó desde la primera línea. 

      La novela es una denuncia de la perversidad de las cárceles estadunidenses de principios del siglo pasado, y un alegato a favor de la capacidad de supervivencia del ser humano en las condiciones más adversas, cuando ya sólo queda la mente como recurso. Para ambientarla, London se basó en las confesiones de Edward H. Ed Morrell, al cual entrevistó en repetidas ocasiones. Ed Morrell pertenecía a una banda de forajidos que se dedicaba, en la década de 1890, a asaltar el ferrocarril Southern Pacific en el valle de San Joaquín, California. Condenado a cumplir cadena perpetua en 1894 en la Prisión Estatal de Folsom, hacia 1899 fue trasladado provisionalmente a la de San Quintín donde pasó cinco años en celdas de aislamiento y sometido a todo tipo de vejaciones y castigos. En el presidio era conocido como «El hombre mazmorra de San Quintín». Indultado en 1908, en 1914 escribió una obra de un acto titulada El incorregible (otro de los apodos de Morrell) y en 1924 sus memorias, El hombre 25: la extraña historia de Ed Morrell. Ed Morrell, en El vagabundo de las estrellas, es el preso que enseña a desvincularse de su cuerpo a  Darrell Standing, como ya os he dicho. Jack London había abogado por el indulto de Morrell, y este se convirtió en un asiduo de las veladas en el rancho Beauty Ranch que el escritor poseía en Glen Ellen, California.

      De los viajes astrales que realiza el protagonista de la novela, el que más me impactó en su momento fue la reencarnación de Darrell en un niño de nueve años llamado Jesse Fancher. Jesse viaja por Utah en una caravana de emigrantes de Arkansas y alguno de Missouri, con destino a California, guiada por su padre, el capitán Fancher. En Mountain Meadows, la caravana es atacada por las milicias mormonas (algunos de sus miembros lo hacen disfrazados de indios) y por indios paiute. Cercados, durante cuatro días los emigrantes repelen el ataque. Al quinto día, las milicias mormonas les prometen escoltarlos y protegerlos hasta que salgan del territorio de Utah, con la condición de que entreguen las armas. Sin agua, agotada la munición para repeler otro ataque, los emigrantes aceptan. Pero apenas han caminado unos kilómetros cuando los mormones, ayudados por unos pocos indios, asesinan a sangre fría y sin ninguna piedad a los emigrantes, dejando tan solo con vida a 17 niños menores de 7 años, de las más de 120 personas que integran la caravana entre hombres, mujeres y niños. Más tarde, tratarían de culpar de la espeluznante matanza a los indios paiute. Si me impactó este episodio de la novela fue precisamente porque sucedió en realidad, el 11 de septiembre de 1857; el suceso es conocido como la Masacre de Mountain Meadows.

      El contexto histórico de la masacre, que todavía hoy en día pone los pelos de punta, se sitúa en la conocida como Guerra Mormona de Utah, una guerra en la que no murió nadie si exceptuamos a los componentes de la caravana «Compañía de Fancher» que dirigía el capitán Alexander Fancher. Mountain Meadows se encuentra al sur de Utah, a unos 500 kilómetros de Salt Lake City y a 35 de Cedar City. Los emigrantes utilizaban esta ruta, conocida como Trayecto Español, para llegar a California.

      Los mormones (Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días) habían sido expulsados de Missouri veinte años atrás, y su líder espiritual y fundador de la Iglesia de Jesucristo, Joseph Smith, asesinado en las revueltas antimormonas. Se asentaron en Utah, territorio de los indios paiutes. En 1857 supieron que 1.500 soldados enviados por el gobierno de los Estados Unidos se habían internado en Utah, por lo que se aprestaron a defenderse. A iniciativa del gobernador de Utah y presidente de la iglesia mormona, Brigham Young, y sus consejeros, los mormones escondieron todos los alimentos de que disponían y almacenaron gran cantidad de munición y armas, en previsión de un conflicto largo. Así mismo, se pidió a todos los que supieran manejar un arma que dispusieran de ella y estuvieran atentos por si se les pedía unirse a la milicia de Utah. En cuanto a los emigrantes que cruzaban Utah hacia California, se les debería negar el pan y la sal.

      Al llegar a Cedar City la Compañía de Fancher, hubo momentos de crispación entre los ciudadanos de Cedar City y los emigrantes, debido a que estos últimos no podían satisfacer sus necesidades de abastecerse antes de internarse en California, por la negativa de los mormones a proporcionarles alimento para el viaje. La tensión creció cuando, según algunas fuentes, en el acaloramiento de las discusiones un emigrante se ufanó (para fastidiar) de poseer la pistola con que asesinaron a Joseph Smith, y otros (con la misma intención) amenazaron con unirse a los soldados en cuanto llegasen para ir contra los mormones. El capitán Fancher intervino para apaciguar los ánimos y obligó a los emigrantes a retractarse. El marshall quiso detener a varios de estos, por borracheras y por blasfemar, pero los emigrantes le presionaron para que no lo hiciera. Finalmente la Compañía abandonó la población tras dos horas de permanecer en ella y sin haber conseguido abastecerse absolutamente de nada. Pero los líderes locales no estaban dispuestos en dejar pasar ni una ofensa sin escarmiento de aquellos a los que consideraban sus enemigos.

      Isaac Haight, alcalde de Cedar City y mayor de la milicia local, pidió permiso a su superior, el comandante de la milicia William Dame, para castigar a los emigrantes. Dame les denegó el permiso y les dijo que se olvidaran de las ofensas y que sólo le informaran si los emigrantes cometían actos violentos. Frustrados con la respuesta, Haight y sus consejeros idearon un plan con el cual escarmentar a los emigrantes. Convencerían a los indios paiute de que los emigrantes eran sus enemigos y entre todos atacarían a la Compañía Fancher.

Indios paiute
      Los mormones de Haight atacarían a la Compañía Fancher en el cañón del río Santa Clara, por donde discurría en parte el Trayecto Español, a varios kilómetros al sur de Mountain Meadows. Este territorio pertenecía a la jurisdicción de la milicia mormona de Fort Harmony, al mando del mayor  John Doyle Lee, que se unió al plan. Lee le dijo a Haight que los paitues podrían asesinar por sí solos a todos los emigrantes, si se les aleccionaba debidamente. Los paiutes, aunque solían robar alguna res a las caravanas que se dirigían a California, eran un pueblo pacífico y rechazaron el plan de los mormones. Estos les aseguraron que los emigrantes estaban conjurados con los soldados para exterminar a los indios y a los mormones, lo cual convenció a los paiutes.

      Conseguida la participación de los indios, Haight reunió al consejo local y expuso el plan. Tras un acalorado debate el domingo 6 de septiembre, en el que algunos se resistieron a las intenciones de Haight, se acordó enviar un correo urgente a Salt Lake City, a Brigham Young, en el cual se le exponía a este la situación y esperaban sus instrucciones.

Isasc Haigt
     Sin embargo, sin aguardar respuesta, el mayor Lee, al mando de mormones disfrazados de indios y algunos paiutes, atacó a la Compañía Fancher en Mountain Meadows, en vez del cañón del río Santa Clara como estaba planeado. Cogidos por sorpresa, los atacantes abatieron algunos emigrantes, pero estos reaccionaron y los pusieron en fuga. Creyendo ser atacados solo por indios, los emigrantes pusieron las carretas en círculo y lograron repeler dos ataques más. Entonces enviaron a tres hombres a pedir ayuda a los mormones, pero fueron atacados por la milicia de Cedar City y murieron dos. El tercero logró escapar y comunicar a la caravana que se trataba de hombres blancos disfrazados, y no indios, quienes los atacaban.

      Ya no había marcha atrás. Si en algún momento los mormones pensaron que como escarmiento serviría hostigar a los emigrantes y acabar con alguno de ellos culpando a los paiutes, ahora los emigrantes conocían que eran los mormones quienes los asesinaban y lo podrían en conocimiento de las autoridades federales al llegar a California. La reacción del gobierno de los Estados Unidos sería fulminante, y más con un ejército de 1.500 hombres en marcha hacia Utah. No quedaba otra que asesinar a todos los emigrantes; y para que la vileza no tocara fondo, dejarían con vida a los menores de 7 años, únicamente por el hecho de que eran testigos demasiado pequeños para darse cuenta de lo que sucedía.

      El 9 de septiembre Haight y Elías Morris, capitán de la milicia mormona, viajaron a Parowan buscando de nuevo el permiso de William Dame y sus consejeros, los cuales se lo denegaron por segunda vez y les instaron a que ayudasen a los emigrantes asediados a seguir sin problemas su camino. Confidencialmente, Haight y Morris le
confesaron a Dame que la mayoría de los emigrantes ya habían sido asesinados y que el resto conocía que los atacantes eran mormones. Dame se quedó seriamente preocupado por las consecuencias implícitas en la confesión, y temeroso expresó apesadumbrado que tal vez se había equivocado al negarles la ayuda de la milicia. Sin embargo, Haight y Morris entendieron esta reflexión en voz alta como un consentimiento tácito a la idea de exterminar por completo a la Compañía Fancher.
Reverendo Philip Klingensmith.
Participó en la masacre.

      El 11 de septiembre el mayor Lee entra en el círculo defensivo de carretas portando una bandera blanca y promesas de paz. Si los emigrantes entregaban las armas y los bienes, las milicias mormonas los escoltarían hasta Cedar City y los pondrían a salvo de los indios. Los emigrantes desconfían. Sin embargo, tras cinco días de feroz asedio, sin agua y casi sin munición, con los heridos muriéndose, los emigrantes acceden desolados a las peticiones del mayor Lee y aceptan la oferta de rendición. De todas formas, piensan los emigrantes,  el mayor Lee y sus milicias son seres civilizados y americanos, como ellos; gente cristiana como ellos; con familia mujeres e hijos, como ellos; hombres de honor y de palabra, como ellos.

 John H. Higbee. Degolló a un emigrante
al que conocía mientras este
le suplicaba por su
vida
      Los primeros en abandonar el círculo defensivo son dos carretas cargadas con los heridos y los niños menores de 7 años. Les siguen las mujeres y el resto de los niños, a pie. Por último, los hombres, escoltado cada uno de ellos por un miembro de la milicia mormona. Cuando han recorrido kilómetro y medio aproximadamente, a una orden del mayor Lee cada miembro de la milicia dispara contra el hombre de la Compañía Fancher que escoltaba. Paiutes y mormones disfrazados de indios, que habían permanecido escondidos, se abalanzan contra las mujeres y los niños mayores de seis años; ignorando los alaridos de espanto y las súplicas de las madres; sin querer ver las lágrimas que el miedo arranca de los ojos inocentes de los niños; asesinan a todos sin pestañear. Varios hombres de la milicia se acercan a la carreta de los heridos y los rematan sin el menor sentimiento de piedad, dando por terminada una espeluznante masacre sin parangón en la memoria de los Estados Unidos. Más
tarde, los mormones participantes en la degollina intentaron atribuir la autoría total de la
John Doyle Lee
matanza a los paiutes. En el juicio subsiguiente, el miembro de la milicia mormón Nephi Johnson declaró que fueron los mormones los principales autores de la matanza, y en menor medida los indios. Los 17 niños supervivientes a la masacre fueron devueltos a sus familias de Arkansas en 1859, por el ejército. El único condenado por la matanza fue el mayor de la milicia mormona John Doyle Lee; fue fusilado el 23 de marzo de 1877 en Mountain Meadows, en el mismo lugar de la masacre. Durante el juicio, Lee involucró a Brigham Young, dijo que este le había traicionado.

    
Brigham Young
      El problema que se le presenta a un novelista que se propone escribir una obra de viajes en el tiempo es cómo hacer viajar en el tiempo al protagonista de una manera creíble, y que además sea aceptado por el lector con absoluta normalidad. Yo creo que la fórmula de  H. G. Wells es la más acertada: fabricar una máquina del tiempo. Que las máquinas lo pueden todo está en el imaginario de la gente, y a casi nadie le extraña que algún día una máquina sea capaz de catapultarnos tanto al pasado como al futuro. El escritor puede decir que el protagonista de la novela ha creado una máquina del tiempo sin meterse en más fregados, y sin necesidad de explicar su funcionamiento interno ni sus engranajes. Y si hay lectores exigentes que necesitan saber cómo funciona una máquina del tiempo, el escritor puede llenar páginas y páginas de aburridas descripciones de una máquina del tiempo que llevada a la realidad no daría ni la hora.


    Stephen King, en su novela 22/11/63, sitúa en el sótano de una hamburguesería, usado como despensa —«Era pequeña, y estaba tan ordenada como el resto del local»—, un punto telúrico que traslada al protagonista a la década de los 50, exclusivamente, y no suena raro. Lo bueno de los sótanos, y también los desvanes, es que dan para todo, lo mismo para un viaje al pasado que a un mundo fantástico, y eso sin entrar en la novela negra: no hay asesino en serie que se aprecie que no disponga de su correspondiente sótano o desván, con toda una gama de terroríficos artefactos a su disposición.

      La fórmula que emplea Jack London en El vagabundo de las estrellas es el viaje astral, como ya sabéis. El protagonista, Darrell Standing, puede viajar a sus anteriores vidas, pero sin interactuar con el pasado ni cambiar nada. Jack London era ateo, pero escoger el viaje astral para su novela demuestra que de alguna manera creía posible, a su manera, una vida después de la vida. Darrell Standing llama a sus viajes astrales «la pequeña muerte». La reencarnación suele tener muchos partidarios más o menos convencidos. Y creo que elegir el viaje astral para viajar al pasado y ver lo que sucedió a través de los ojos de una vida anterior, no deja de ser un buen recurso para una novela viajes en el tiempo. Si sólo se quiere viajar al pasado, naturalmente.

Jack London
      Otro problema que se le presentaba a Jack London a la hora de desarrollar la novela, era la incomunicación del protagonista y los otros dos presos aislados en sendas celdas de castigo. Ninguno de los tres podía hablar en voz alta sin que acabasen interviniendo los guardias. Jack London lo soluciona haciendo que los presos se comuniquen entre ellos usando los nudillos: «Estábamos enterrados en vida. El aislamiento era una gran tumba, nuestra tumba, en la que, de vez en cuando, nos comunicábamos a golpe de nudillo como fantasmas en una sesión de espiritismo».

      Por lo demás, lo que siempre digo, la novela está escrita por un escritor de referencia y gustará, sobre todo, a lectores interesados en el género de viajes en el tiempo. En el momento de su publicación no gustó a sus coetáneos, lectores y crítica, como ya he dicho al principio de la entrada.




martes, 6 de marzo de 2018

Sien



«Este invierno me encontré una mujer embarazada que tenía que hacer la calle para ganar su pan, ya sabes cómo. La tomé como modelo, y he trabajado con ella todo el invierno... he podido protegerla a ella y a su hija del hambre y del frío compartiendo con ellos mi propio pan». Vincent van Gogh Cartas a Theo.

El jueves, 8 de marzo, se celebra el Día Internacional de la Mujer 2018. Christina Clasina María Hoornik, «Sien», (1850-1904) no fue una mujer especial. Era alcoholica, vulgar, gruñona y mal hablada. Se crió en la miseria y tuvo que ejercer la prostitución para poder sobrevivir ella y su familia. Ha pasado a la historia por ser durante 21 meses la compañera de un, entonces, pintor desconocido y  oscuro, tan pobre como ella.

Vincent van Gogh conoció a Christina Clasina María Hoornik, «Sien», a finales de enero de 1882. Sien, que ejercía la prostitución en La Haya, tenía una hija de cinco años y se hallaba embarazada cuando Van Gogh la conoció.

No es difícil encontrar amplia información sobre Sien en la web. Sirvió de modelo a Van Gogh en varios trabajos y el dibujo que este le hizo, Sorrow (tristeza, dolor, pena), está considerado una obra maestra. Sien no hizo nunca nada meritorio por lo que pudiera merecer una reseña. Nació en un hogar pobre, y era mujer en una época donde ser mujer suponía un infortunio añadido. No podemos saber que hubiera sucedido si Sien hubiera nacido en una familia acomodada. Habría recibido una educación esmerada, pero destinada a quedar anquilosada entre las paredes de un hogar. Aunque es posible que hubiera conseguido romper los convencionalismos de su tiempo (no sin esfuerzo y lucha), y aportado a la humanidad los impagables frutos de un talento brillante.


Van Gogh era un joven de 29 años cuando conoció Sien, y esta era una ajada mujer de 32 años. El pintor la describe alta y fuerte; vulgar, pero con cierta gracia; una belleza del montón, la cara un poco salpicada por los rastros de la viruela. Las manos de Sien no son las manos delicadas de quien se ha criado entre algodones, sino las toscas y ásperas del que trabaja duro. Sin embargo, hay en ella un rastro muy femenino, aunque no es una mujer de cualidades singulares. Habla de forma vulgar y grosera, suelta tacos y tiene estallidos de cólera difíciles de soportar:

«Una mujer alta y de constitución fuerte, de figura simple pero no carente de gracia. No es joven ni bella, la cara algo picada de viruelas, ni tiene las manos de señora como Kee*, sino las de una persona que trabaja mucho. Hay algo muy femenino en ella, pero se puede ver que no es distinguida ni extraordinaria. Su manera de hablar es muy fea, dice cosas y usa expresiones que mi hermana Wilhelmina, por ejemplo, no usaría, pero tiene un buen corazón. Su carácter, a causa de una constitución nerviosa, tiene estallidos de cólera que serían insoportables para la mayoría de las gentes, pero sé cómo tratarla.»

(*Van Gogh se había enamorado en el verano de 1881 de su prima Cornelia Adriana Vos-Stricker, «Kee», pero no fue correspondido).

A pesar de su imprevisible y, a veces, desagradable carácter, Van Gogh considera que Sien es de corazón bondadoso. La pareja vive alrededor de 21  meses juntos. Al cabo se separan. Van Gogh no dispone de suficiente dinero para vivir él, Sien y los dos hijos de esta, María y Willem, y además pagar los materiales de pintura. Las penurias y el carácter irascible de Sien hacen que finalmente Van Gogh decida continuar su vida solo. Se separan como amigos. Únicamente una vez vuelven a encontrarse. Sien había vuelto a sus ocupaciones de antes: asistenta, costurera y a la prostitución. Van Gogh escribe a su hermano Theo: «La encontré en una situación tan lamentable que me partió el corazón».

Veinte años después, Sien contrae matrimonio con Anton van Wijk, un marinero que no le hace feliz. En 1904, a los 54 años, Sien se arroja al río Escalda, en el puerto de Rotterdam, poniendo de esta manera dramática fin a su vida, una vida de tristeza, pena y dolor.
Es posible que Van Gogh y Sien no estuvieran verdaderamente enamorados, pero los meses que vivieron juntos se amaron a su manera y se apoyaron el uno en el otro para hacer más soportables sus vidas.


«Mi sentimiento por ella es menos apasionado que el que sentí por Kee, pero el afecto que siento por Sien es lo único que soy capaz de dar. Ella y yo somos dos seres desgraciados que se ayudan mutuamente, que llevan sus problemas juntos y así la infelicidad se torna en gozo y lo insoportable en llevadero». Vincent van Gogh Cartas a Theo.

(Los dibujos de esta entrada los realizó Van Gogh. En ellos aparecen Sien y sus hijos).




sábado, 17 de febrero de 2018

Zen en el arte de escribir

Ray Bradbury
 
 «Uno tiene que mantenerse borracho de escritura para que la realidad no lo destruya». Ray Bradbury.



       A Ray (Douglas) Bradbury (Waukegan, 22 de agosto de 1920 — Los Ángeles, 5 de junio de 2012), escritor que cultivó los géneros de misterio, fantasía, terror y ciencia ficción, se le conoce sobre todo por sus obras Crónicas marcianas y la archiconocida Fahrenheit 451 llevada al cine por François Truffaut en 1966.

      Hay, sin embargo, un libro, quizá poco conocido, donde Bradbury abandona el relato de ficción y se introduce en la mente del escritor que él mismo es para dar sabios consejos a los escritores desconocidos, a los que luchan por abrirse un camino en la literatura. El libro es Zen en el arte de escribir, y puede que te vengan bien los siguientes extractos si es que andas algo alicaído porque vendes poco o nada y tus sueños de independencia literaria no acaban de materializarse:

      «No escribir, para muchos de nosotros, es morir.
Debemos alzar las armas cada día, sin excepción, sabiendo quizá que la batalla no se puede ganar del todo, y que debemos librar aunque solo sea un combate flojo. Al final de cada jornada el menor esfuerzo significa una especie de victoria. Acordaos del pianista que dijo que si no practicaba un día, lo advertía él; si no practicaba durante dos, lo advertían los críticos, y al cabo de tres días se percataría la audiencia.»

      «Uno tiene que mantenerse borracho de escritura para que la realidad no lo destruya.»

      «El problema para cualquier escritor de cualquier campo es quedar circunscrito por lo que se ha hecho antes o lo que se imprime día a día en libros y revistas.»

      «Al lector se le puede hacer creer el cuento más improbable si, a través de los sentidos, tiene la certeza de estar en medio de los hechos.»

      «Una vez más, no permitas que el esnobismo ajeno te impida leer a Kipling, por ejemplo, porque no lo lee nadie más.»

      «Fui lo suficientemente sensato como para no dejar de moverme, aprender, crecer.»

      «He conocido a Bertrand Russell y he conocido a Tom Mix, y mi Musa ha crecido en el abono de lo bueno, lo malo y lo indiferente.»

      «¿Quiénes son tus amigos? ¿Creen en ti? ¿O te atrofian el crecimiento a fuerza de ridículo e incredulidad?
      Si este es el caso, no tienes amigos. Ve y encuentra alguno.
      Y por último, ¿has entrenado lo suficiente como para decir lo que quieres sin sentirte maniatado? ¿Has escrito lo bastante como para estar relajado y permitir que la verdad salga sin que la arruinen poses afectadas ni la cambien el deseo de hacerse rico?»

      «Pero es fácil dudar, porque si uno mira alrededor ve una comunidad de nociones sostenidas por otros escritores, otros intelectuales, que hacen que uno se sonroje avergonzado. Se supone que escribir es algo difícil, agónico, un espantoso ejercicio, una terrible ocupación. Pero a mí, fijaos, las historias me han guiado por la vida.»

      «Hacia los catorce o quince años, mucha gente ya ha sido apartada de sus amores, de sus gustos antiguos e intuitivos, uno a uno, hasta que al llegar a la madurez no les queda nada de alegría, de garra, de entusiasmo, de sabor. Las críticas ajenas, y las propias, les han puesto incómodos.»

Moby Dick. Guion de Ray Bradbury
      «Más que pensar mucho en mi camino, he hecho cosas y he descubierto qué era y quien era después de hacerlas.»

      «Se habla mucho de los que se someten al mercado, pero no lo suficiente de los que se someten a las camarillas.»

      «Todas las artes, grandes y pequeñas, son la eliminación del exceso de movimiento a favor de la declaración concisa.
El artista aprende a omitir.»

     
«En el fondo, todas las buenas historias son de una sola clase: la de la historia escrita por un individuo con una verdad propia.»


      «Me apresuro a añadir que para el escritor principiante, imitar es natural y necesario.»

      «No hay campo malo para un escritor. Lo único que puede causar daño grave son los diversos tipos de presunción.»






  

viernes, 15 de diciembre de 2017

Bilbao

   

     
Pinchar en la imagen para ver el video de Itoiz
La Academia del Urbanismo (The Academy of Urbanism) ha concedido el galardón Mejor Ciudad Europea 2018 a Bilbao, en los premios The Urbanism Awards 2018. Ha competido con Ljubljana (Eslovenia) y Viena (Austria), las otras dos ciudades finalistas.
    He escogido un video en YouTube con la canción Lau teilatu, de Itoiz, en el que sale Bilbao. (Video de María Solt)

      He leído que Worldwide Aeros Corporation tiene en fase de pruebas al Aeroscraft, un dirigible cargado con helio y provisto con la tecnología más avanzada. Será una especie de hotel volador, de lujo, con capacidad para 180 personas. Me ha llamado la atención porque en mi libro Hades. La era del infierno, uno de los personajes, situado en las dos primeras décadas de los años 20, hablaba de los grandes zeppelines como el futuro de la aeronáutica, y me ha resultado curiosa la coincidencia. Mi intención era situar mejor al personaje en su época, en unos años en los que la aviación aún no había desbancado del todo a los dirigibles, sin pretender hacer futurismo.
      «—Exacto: parecen zeppelines. Y seguramente eso es lo que eran, pero con una tecnología avanzadísima. En mi opinión, el futuro de la aeronáutica está en los dirigibles —dijo, plenamente convencido.
—¿Qué me dice de la aviación?
—Que no sirve. Para pequeños trayectos, de acuerdo; pero no para largos viajes. Se precisa demasiado combustible, un hándicap insalvable. Para llegar a la Luna harían falta miles de galones en sus depósitos, y el calentamiento de los motores sería tremendo. Descarte la aviación. El zeppelín es el futuro. Dentro de cien años el hombre viajará en ellos a la Luna de la misma manera que los barcos viajan a América. Irán cargados de cientos de personas y toneladas de mercancías, algo que considero improbable que sea factible con los vehículos voladores a motor exclusivamente.»

      Y mientras el presidente de Estados Unidos Donald John Trump se dedica a malmeter, en Bizkaia nos dedicamos a preparar la Navidad y la fiesta de Año Nuevo.

      Puede que mucha gente se pregunte por qué se celebra la Navidad el 25 de diciembre. En el libro Roma y los bárbaros, de  Terry Jones y Alan Ereira, se dice fue Constantino el Grande, en el 352, quien estableció el 25 de diciembre como el día en que la Iglesia debía celebrar el nacimiento de Jesús. Hasta entonces se celebraba el 7 de enero, y aún siguen haciéndolo en esta fecha los ortodoxos. El 25 de diciembre los romanos celebraban la fiesta del nacimiento del Sol Victorioso, cuya figura se asociaba a la del emperador; con esta maniobra Constantino relacionaba la figura del emperador con la de Jesús. El 25 también coincidía con el nacimiento del dios Mitra, deidad de las legiones romanas.

Mitra tauróctono
      Mitra, dios solar persa, es el intermediario entre el bien y el mal, el cielo y el infierno. Representante de Ahura-Mazda (el Espíritu Generoso) en la tierra, protege a los hombres de su hermano, el perverso Ahriman (el Espíritu Destructivo). A Mitra se le conoce también como Luz del Mundo y Juez de las Almas. Los seguidores de Mitra creían que este, como Padre Celestial, recibiría a las almas puras en su mansión celeste. Creían también en el infierno y en la resurrección de la carne en el Día del Juicio Final. Su culto se realizaba en cuevas naturales o artificiales construidas para este fin. La figura con la que mayor frecuencia se representaba a Mitra es la del tauróctono — el matador de toros— en la que Mitra, tocado con gorro frigio, sacrifica a un toro con un cuchillo; un perro espera para recoger el alma del toro, mientras que los espíritus del mal —la serpiente y el escorpión—  tratan de impedirlo.

      Para finalizar la entrada, os dejo con un video que me han enviado por WhatsApp. Es una nana cantada de forma sorprendentemente maravillosa por unos chicos y una chica, de origen guineano, según me han dicho, que llevan muchos años afincados en Ondarroa; trabajan de pescadores—al menos ellos— y están muy bien considerados. La canción se titula Haurtxo polita (Niño bonito); la letra habla de una abuela que acuna al nieto para que se duerma, y si no lo hace vendrá «el perro grande». Es una canción que yo siempre he asociado a la Navidad, y como me la han mandado por estas fechas supongo que no soy el único. También parece que el video se desarrolla tras una comida que bien podría ser la cena de Noche Buena. La canción igual no os parece tan bonita como me parece a mí, a los que no sois de aquí; pero, en fin, ahí está.


      Felices Fiestas.


viernes, 27 de octubre de 2017

Teorías conspirativas: Van Gogh/Kennedy




Van Gogh. Autorretrato con la oreja cortada
      En la entrada anterior hacía mención a una teoría no aceptada: la que niega el suicidio de Vincent van Gogh. El 27 de julio de 1890 Van Gogh se pegó un tiro en el pecho cuando pintaba en la campiña de Auvers-sur-Oise.

      La teoría aparece en el libro Van Gogh: The Life de los biógrafos Gregory White Smith y  Steven Naifeh, publicado en 2011. Según White y Naifeh, a Van Gogh le disparó accidentalmente René Secrétan, de dieciséis años, un cabra loca de buena familia que andaba manipulando un revolver en mal estado cuando Van Gogh paseaba por un camino que llevaba a la mansión de los Secrétan. Los hermanos, Gastón y René Secrétan eran conocidos de Van Gogh. Con Gastón Vincent tenía una relación especial, ya que Gastón era aficionado a la pintura.

Gastón Secrétan
      «La primera vez que los hermanos Secrétan se encontraron con Van Gogh, fue aproximadamente a mediados de junio de 1890, o más exactamente 8 días antes de la apertura de la pesca, que siempre tiene lugar el tercer domingo de junio ... En junio 1890 Gastón, diecinueve años y medio, y René dieciséis años y medio, eran estudiantes de la famosa Lycée Condorcet en París, la escuela de los niños "inteligentes", y vivero de futuras celebridades. René fue mal estudiante y líder respetado (...) Gastón fue pintor, escultor y músico especializado en infantería de marina. El padre de los dos hermanos Secrétan (farmacéutico en la calle de la Pompe, París, distrito decimosexto) poseía una villa en Granville. Gastón tenía el conocimiento musical que le sirvió más tarde en su carrera como compositor. (...) Naturalmente, tuvo conversaciones sobre el arte con Vincent, quien voluntariamente buscó su compañía.»
(Víctor Doiteau. Revista Aesculape, 1956)

      De la existencia esta teoría sobre la muerte de Van Gogh me enteré por casualidad, al buscar información más precisa sobre el dibujo Sorrow (que ya conocía) para crear la portada de Hotz. De la misma manera,  por casualidad, buscando información para Hotz (en la novela aparece una breve mención al asesinato de Kennedy. Buscaba cómo se escribía el nombre del que oficialmente se dice fue su asesino: Lee Harvey Oswald) encontré que en 1994 y luego en 2003 James Earl Files se declaró autor del disparo que mató a Kennedy.
      
      James Earl Files (decía que su nombre verdadero era James Files, pero que se lo cambió en 1963), según él, sirvió 14 meses en la 82º División Aerotransportada cuando esta fue destinada a Laos en 1959. En Laos es acusado de asesinar a dos de sus compañeros y se le instruye una corte marcial en Fort Meade, Maryland. Aquí es reclutado para la CIA por el agente David Atlee Phillips. Es también por medio de este como conoce a Lee Harvey Oswald. Así mismo, fue David Atlee quien le entregó la Remington XP-100 (eXperimental Pistol number 100) con la que dice mató al presidente.


      Confesión de James Earl  Files en 1994:

James Earl Files
      «Cuando llegué al punto donde pensé que sería el último campo de tiro, me centré en el lado izquierdo de la cabeza (de Kennedy) que tenía a tiro, porque si espero más tiempo entonces Jacqueline Kennedy habría estado en la línea de fuego, y yo había sido instruido para que nada le sucediera. En ese momento pensé que esta era mi última oportunidad de acertar un disparo. Todavía (a Kennedy) no le habían disparado a la cabeza. Entonces, cuando disparé, el señor Nicoletti y yo disparamos aproximadamente al mismo tiempo y la cabeza ( de Kennedy) comenzó a avanzar y luego retrocedió. Tendría que decir que su proyectil (el de Nicoletti) impactó aproximadamente una milésima de segundo por delante del mío, lo que empujó la cabeza hacia adelante e hizo que la mía entrase por la sien izquierda y empujase la cabeza hacia atrás.»


       Confesión de James Files 2003:

      «Apunté a su ojo derecho, que para mí era el lado izquierdo de su cabeza, mirando de frente. Pero para él (Kennedy) sería su ojo derecho, y cuando apreté el gatillo… su cabeza se movía hacia adelante, y mi bala entró a lo largo de la cabeza. Justo por detrás del ojo… permítanme aclarar que nunca vi al señor Nicoletti disparar contra Kennedy, pero sé que él era el hombre en el edificio Daltex,  desde el que supongo estaba haciendo el disparo… Mientras apuntaba, la cabeza comenzó a avanzar, disparé y la cabeza volteó hacia atrás.»


      Noticia del Houston Chronicle,  publicada el 22 de noviembre de 1963. Dr.KempClark, neurocirujano:

      «Me llamaron porque el presidente había sufrido una lesión cerebral.
    Era evidente que el presidente había sufrido una herida mortal. Una bala había entrado y salido de la parte posterior de su cabeza, causando extensas laceraciones y pérdida de tejido cerebral. Poco después de que llegué, el corazón del presidente se detuvo. Intentamos reanimarlo e iniciamos un masaje cardiaco cerrado, pero fue en vano.

      Pudimos obtener un pulso palpable con este método, pero de nuevo fue en vano.
     El presidente Kennedy murió en la mesa de emergencias después de 20 minutos.»

      Según James Files, el asesinato del presidente Kennedy fue planeado por la CIA y la Mafia (Dios los cría y ellos se juntan), y en el mismo participaron los mafiosos de Chicago Charles Chuckie Nicoletti y John Bello Johnny Roselli, que dispararon desde el segundo piso del edificio DalTex; y los cubanos Posada Carriles, Eladio del Valle, Herminio Díaz y Feliz Rodríguez, (activistas de la Operación 40, unidad terrorista creada por la CIA para eliminar a jefes de estado poco afines a la política exterior de USA) que no llegaron a actuar puesto que Files había acertado en la cabeza al presidente de Estados Unidos desde el famoso montículo de hierba.

JFK
     James Files utilizó una bala de mercurio preparada por él. Disparó a Kennedy, mordió el cartucho, porque le gustaba el sabor de la pólvora, y lo arrojó al suelo. Guardó la pistola en una maleta, la dejó apoyada en la valla del montículo, se puso del revés la chaqueta reversible de ferroviario que había utilizado para pasar desapercibido, y se alejó del lugar.

      La declaración de James Files no es aceptaba como buena por la mayoría de los expertos en el caso JFK.

    Hoy se han desvelado 2.891 documentos de los archivos secretos del crimen pertenecientes al FBI y a la CIA, mientras que se mantienen en secreto otros 300 con la excusa de que podrían comprometer la seguridad nacional. No sé, pero algo me dice que las cosas van a seguir igual y que no van a aclarar nada…