Y qué harás ahora

¿Y qué harás ahora, mi querido hijo de ojos azules? ¿Y ahora qué harás, mi joven querido? Voy a regresar afuera antes de que la lluvia comience a caer, caminaré hacia el abismo del más profundo bosque negro, donde la gente es mucha y sus manos están vacías, donde el veneno contamina sus aguas, donde el hogar en el valle encuentra el desaliento de la sucia prisión y la cara del verdugo está siempre bien escondida, donde el hambre amenaza, donde las almas están olvidadas, donde el negro es el color y ninguno el número, y lo contaré, lo diré, lo pensaré y lo respiraré, y lo reflejaré desde la montaña para que todas las almas puedan verlo, luego me mantendré sobre el océano hasta que comience a hundirme, pero sabré bien mi canción antes de empezar a cantarla. (A hard rain`s a-gonna fall. Bob Dylan, Premio Nobel de Literatura 2016)






miércoles, 26 de abril de 2017

80 aniversario del bombardeo de Gernika



GUERNICA DE PABLO PICASSO

      


      
      «Una cosa es absolutamente segura. La gente dice que fue una intervención divina la que decidió la guerra civil en favor de Franco; quizá sea así, pero no fue una intervención del estilo de las de la Madre de Dios, sino la intervención del general alemán von Richthofen y de las bombas de sus escuadrones que llovían desde el cielo las que decidieron la cuestión».  Adolf Hitler.

      

  
      Se cumple hoy, 26 de abril, el 80 aniversario del bombardeo de Gernika (de 7.000 habitantes, entonces. El día del bombardeo era lunes de mercado y habría unas 12.000 personas) por la Legión Cóndor alemana al mando de Wolfram von Richthofen, y la Aviación Legionaria italiana. El ataque duró 3 horas y participaron alrededor de 43 aviones.
 
      Casi un mes antes, el 31 de marzo de 1937 la Aviación Legionaria italiana había bombardeado Durango dejando 340 muertos a su paso.


  

      «El primer avión apareció hacia las cuatro de la tarde y dejó caer algunas bombas. Al cabo de unos quince minutos tuvo lugar la primera oleada, tres aviones en formación triangular que volaban muy bajo. Así empezó el bombardeo sistemático de Gernika que se prolongó durante más de tres horas.

      “Su táctica consistió en arrojar primero bombas rompedoras ordinarias, luego racimos de pequeñas bombas incendiarias y simultáneamente, ametrallar al personal al descubierto, no sólo el que se encontraba en la ciudad, sino también en sus alrededores e incluso en las anteiglesias comarcales”. Martínez Bande. Vizcaya.
 
      Durante el bombardeo se lanzaron sobre Gernika un mínimo de 31 toneladas de bombas. El centro urbano de la villa, de menos de 1 km2, quedó totalmente arrasado. El 85,22% de los edificios -un total de 271- fueron totalmente destruidos y el resto parcialmente afectado. Las bombas incendiarias provocaron un incendio que no pudo ser sofocado en varios días.

      El Gobierno de Euskadi registró 1.654 víctimas mortales. El alcalde de Gernika, Jose Labauria, expresó que más de mil personas habían perdido la vida en Gernika, entre ellas, 450 en el refugio de la calle Andra Mari. El padre Eusebio Arronategi, que como Labauria estuvo en Gernika durante el bombardeo y los días posteriores colaborando en las labores de rescate e identificación de los cadáveres, expresó que vio "a miles de sus conciudadanos asfixiados, muertos y heridos". 38 testigos presenciales, incluidos todos los reporteros internacionales que acudieron a Gernika, secundaron estas cifras.

      "Cuando pasó el bombardeo, la gente salió de sus refugios. Nadie lloraba. Sus rostros mostraban asombro. Ninguno de nosotros podía comprender lo que veía. Al ponerse el sol, aun no podía verse más allá de los 500 metros. Por todas partes causaban estragos las llamas y ascendía un pesado humo negro". Alberto de Onaindía. Recogido por Hans Christian Kirsch: Der Spanische Bürgerkrieg in Augenzeugenberichte.

      Cuando cayeron las primeras bombas la gente buscó cobijo en los lugares que consideraron más seguros o sencillamente en los sitios que estaban a su alcance. Además de los refugios municipales, también se podía acudir a las fábricas, a las bodegas y a los sótanos de los edificios. Hubo personas que prefirieron abandonar la villa y se ocultaron en el monte, entre los matorrales, en las huertas y en los caseríos, incluso en las zanjas.

     "Cuando a las cuatro y media de la tarde, estaba comprobando las sumas de la precitada liquidación en la oficina de los contratistas de la calle San Juan [...] vimos un avión que daba vueltas sobre la villa y se marchaba hacia Amorebieta, después de soltar tres bombas explosivas sobre diferentes puntos de la villa. La gente que como día feriado era numerosa, asustada, se guareció en los refugios o huyó hacia los bosques y caseríos cercanos. Yo me amparé en el refugio que habíamos hecho en los sótanos y allí aguanté, una hora aproximadamente, el bombardeo ininterrumpido [...]". Castor Uriarte, Bombas y mentiras sobre Guernica.

      Información cogida de la web Fundación Museo de la Paz de Gernika».




      «Vimos cosas terribles.Vimos a una familia que conocíamos porque vivía en nuestra calle esconderse en un bosque. Allí estaban la madre, dos hijos y la abuela. Los aviones volaron en círculos sobre ellos durante un largo tiempo y, al fin, aterrorizados, les obligaron a salir de su refugio. Se refugiaron en una zanja. Vimos a la abuelita cubrir al niño con el delantal. Los aviones volaron bajo y los mataron a todos en la zanja, excepto al niño. Pronto se puso en pie y empezó a vagar por el campo, llorando. Y lo mataron a él también.

      Todos estaban siendo ejecutados. Había cuerpos por todo el campo. Más tarde tuvimos que recogerlos con cestas. Muchos de ellos. Después de un tiempo los aviones se marcharon y volvimos a entrar en Gernika. No era sino una ruina humeante». Imanol Aguirre, testigo del bombardeo.





      A las 19:52 horas del 23 de febrero 1945, 367 aviones Avro Lancaster y 13 Havilland Mosquito, de la Royal Air Force del Reino Unido comenzaron a bombardear la ciudad alemana de Pforzheim.

      Los aviones lanzaron cerca de medio millón de bombas explosivas e incendiarias, con un peso total 1.825 toneladas. El centro de la ciudad ardió a los 10 minutos de caer la primera bomba. La columna de humo que se formó alcanzó los 3 km de altura.

      En un área de 3 por 1,5 km todo quedó destruido. Murieron 17. 600 personas, unas por las bombas, otras por el fuego y otras, que se habían arrojado al río Enz, contaminado por la composición química de las bombas incendiarias, murieron ahogadas. El bombardeo terminó a las 20:10 horas.

      El 4 de marzo aviones estadounidenses bombardean la ciudad y matan alrededor de 100 personas.

      El 7 de mayo de 1945 Alemania se rendía a los Aliados.

      Desde 1989 Gernika y  Pforzheim están hermanadas.














jueves, 16 de marzo de 2017

Video de promoción de Hades. La Era del Infierno




Nos desviamos hacia el interior del país por un camino que discurría paralelo a uno de los afluentes del Támesis. Poco a poco los arrabales de Londres fueron quedando atrás y nos vimos sumergidos en un paisaje campestre, donde de cuando en cuando emergía la mole blanca de una granja entre los equisetos y el follaje. Como surgidas de la nada, empezaron a aparecer de la espesura ruinas de edificios realizados con enormes bloques de piedra que me recordaron mucho a las construcciones incaicas.

El carruaje se detuvo en lo que parecía la plaza de una ciudad en ruinas. Ingleses y diablos de otras especies excavaban en zanjas abiertas dentro de un terreno acotado con estacas y cuerdas, en la misma plaza. A un lado habían levantado un campamento arqueológico con bungalós de madera.

(…) me condujo a una nave de madera levantada para albergar los resultados de las excavaciones, repleta de frisos y esculturas. Arqueólogos de bata blanca se afanaban sobre mesas repletas de vasijas rotas, pequeñas figuritas que representaban insectos y una miríada de cascotes de cerámica y otros objetos indescifrables.

Un joven diablo ocre, de facciones delicadas y agradables, se acercó al vernos. Llevaba una larga peluca rubia recogida en una coleta, y una bata blanca debajo de alas cristalinas que le caían, lacias, por la espalda hasta los «tobillos». (Hades. La Era del Infierno).



Ir al video
Os presento el video de promoción que he creado para la novela Hades. La Era del Infierno.
La música la he bajado de Internet, de una página donde ofrecían música libre de derechos de autor. Se trata de Sarabande, de Georg Friedrich Haendel (1685 - 1759), un tema musical que empleó Stanley Kubrick (1928 - 1999) para la película Barry Lindon. He tratado de recuperar la página de música para incluir en los créditos el nombre del pianista, pero no lo he conseguido, lo cual lamento muchísimo.
Las ilustraciones de los dos casacas rojas provienen de una viñeta del comic Ticonderoga, de Hugo Pratt (1927 - 1995), modificadas para la realización del video.

miércoles, 8 de marzo de 2017

8 de marzo, Día Internacional de la Mujer




Marie Curie
       «Las mentiras son muy difíciles de matar pero una mentira que atribuye a un hombre lo que en realidad era el trabajo de una mujer tiene más vidas que un gato». Marie Curie.


      «¿Sabe usted qué papel ocupaban las mujeres en las Olimpiadas griegas? ¿La primera mujer griega? Le diré yo, el lugar 800.
      ¿Sabe cuántas mujeres hay entre los 100 primeros jugadores de ajedrez? Yo le diré: ninguna.»
      «Por supuesto que las mujeres han de ganar menos que los hombres, porque son más débiles, más pequeñas y menos inteligentes». Janusz Korwin-Mikke.

      La noche del pasado miércoles, en el Parlamento Europeo, Janusz Korwin-Mikke, eurodiputado ultraderechista polaco, respondía así a la eurodiputada española del PSOE Iratxe García que había defendido la equiparación salarial entre hombres y mujeres.

      «Se qué le duele y le preocupa que las mujeres puedan representar a los ciudadanos en igualdad de condiciones que usted. Yo vengo aquí a defender a las mujeres europeas de hombres como usted.», fue la respuesta de Iratxe García.

      No es ya una novedad el descubrir que el Parlamento Europeo es el desagüe de la mediocridad de algunos partidos, ni que algunos partidos europeos son en sí mismos auténticas cloacas, pero en el caso de Janusz Korwin-Mikke él, como polaco, debería saber que jamás llegará ni a los talones a la que fue Maria Salomea Sklodowska (1867- 1934), polaca de nacimiento, más conocida como Marie Curie. 

      Para entender que no debe haber una diferencia salarial (y de ningún tipo, porque es injusto) entre ambos sexos, no hace falta ser ni alto ni fuerte sino medianamente inteligente… y humano.


Emmy Noether
     

       «En el reino del álgebra, en el que los mejores matemáticos han trabajado durante siglos, ella descubrió métodos que han probado su enorme importancia... La matemática pura es, a su manera, la poesía de las ideas lógicas. ... En este esfuerzo hacia la belleza lógica se descubren fórmulas espirituales necesarias para conseguir una penetración más profunda en las leyes de naturaleza». Albert Einstein (1879-1955) en homenaje a Emmy Noether, matemática alemana (1882-1935).














lunes, 23 de enero de 2017

Balzac. La novela de una vida




Stefan Zweig
        «El inesperado éxito de mis libros proviene, según creo, en última instancia de un vicio personal, a saber: que soy un lector impaciente y de mucho temperamento. Me irrita toda facundia, todo lo difuso y vagamente exaltado, lo ambiguo, lo innecesariamente morboso de una novela, de una biografía, de una exposición intelectual. Solo un libro que se mantiene siempre, página tras página, sobre su nivel y que arrastra al lector hasta la última línea sin dejarle tomar aliento me proporciona un perfecto deleite. Nueve de cada diez libros que caen en mis manos los encuentro sobrecargados de descripciones superfluas, diálogos extensos y figuras secundarias inútiles que les quitan tensión y les restan dinamismo.»

       «Si algún arte conozco es el de saber renunciar, pues no lamento que, de mil páginas escritas, ochocientas vayan a parar a la papelera y sólo doscientas se conserven como quintaesencia.»
(Stefan Zweig).


      Estoy leyendo una biografía de Honoré de Balzac escrita por Stefan Zweig (1881-1942): Balzac. La novela de una vida. Los principios en las letras de Balzac no fueron nada fáciles. A los 20 años abandona la notaría en la que trabaja y anuncia que desea ser escritor, para sobresalto de sus padres. De mala gana, ante la firme voluntad del joven Honoré, estos acceden a financiarle: le darán 120 francos al mes durante dos años. Estos dos años son el plazo que tiene Balzac para lograr hacerse con un nombre y vivir de su talento literario, en el que nadie cree, o deberá regresar a la notaría.

Honoré de Balzac
      La madre de Balzac, en total desacuerdo con la decisión de su hijo de ser escritor, le alquila una habitación de tres al cuarto en París, en el número 9 de la calle Lesdiguières, con el ánimo oculto de desanimarlo. Un desván penoso y desagradable que costaba 5 francos mensuales. Por mobiliario, la madre le proporciona una incómoda cama y una mesa y dos sillas, viejas.

      Balzac se encarga de empapelar las tristes paredes, instalar los libros que lleva consigo (no muchos), preparar las hojas y las plumas para escribir. Para alumbrarse dispone de una vela en una botella y un poco de petróleo para el quinqué. Dispone de dos años para convertirse en escritor profesional, la cuestión es que no sabe qué va escribir. En la cabeza de Balzac flota la idea crear una obra maestra, pero ¿de qué clase? ¿Teatral, filosófica? ¿Novela, poesía, cuento?

      Leyó incansablemente decenas de libros, buscando un tema para su futura obra y para aprender el oficio de escritor:

      «No hacía nada más que estudiar para formar mi estilo, hasta que comprendí que acabaría perdiendo la razón.»

      Balzac había decidido escribir una obra filosófica, pero abandona la idea tras dos meses de intentos. Escribir una novela lo ve lejos de sus posibilidades. Aún está verde como escritor. Tal vez un drama histórico. Otra vez lee libros y más libros en busca de un tema. Encuentra uno: Cromwell. Escribe a su hermana Laure para comunicarle su decisión:

      «Me he fijado al fin en el tema de Cromwell y lo he escogido porque es el más espléndido de toda la historia moderna.»


      Está decidido a escribir Cromwell, un drama en verso, y su decisión es firme. Sin embargo, duda de su talento:

      «Las ideas se me acumulan, pero me veo impedido de continuo por mi poco talento en el arte de versificar.»

      Se encierra en su cuchitril de París y no sale nada más que para comprar pan, fruta y café. En el invierno el frío se hace insufrible. Se abriga con una manta de lana y un chaleco de franela. Le pide a su hermana que le envíe un mantón y a su madre que le haga un gorro de punto. Durante el proceso de creación de Cromwell a veces se siente desamparado e inseguro.

      «Todas mis aflicciones tienen su origen en mi reconocimiento del poco talento que tengo.»

      Desea escribir una obra de arte magnífica, intemporal, que marque un hito en la literatura. Pero duda... Le escribe a Laure:

      «… te ruego que no me digas nunca, cuando me hables de mis obras: “Esto está bien”. Debes limitarte a mostrarme mis errores; guárdate los elogios.»

      En enero de 1820 ha terminado el primer borrador de Cromwell. Han pasado cuatro meses. En mayo regresa a la casa de sus padres con la obra corregida y resuelta. Balzac va someterla al juicio de su familia y algunos amigos relevantes que han sido invitados para una lectura en público. La madre se encarga de pasar a limpio el manuscrito, que se encontraba plagado de tachaduras. El Cromwell no satisface al auditorio familiar, que no se siente competente para juzgar el valor literario de la obra. Se recurre a un profesor de literatura de prestigio, con algunas obras dramáticas publicadas, y se le solicita su opinión. Este recomienda al joven Balzac que practique la literatura de forma subsidiaria, mientras se gana la vida con una lucrativa profesión. Balzac no piensa renunciar a su vocación. Su respuesta es la de un creador nato:

      «Si yo aceptara una colocación, estaría perdido. Me convertiría en un chupatintas, en una máquina, en un caballo de circo que da sus treinta o cuarenta vueltas y come, bebe y duerme en las horas señaladas; me convertiría en una criatura vulgar. Y a esto se le llama vivir, a este rotar como piedra de molino, a esa eterna repetición de las mismas, eternas cosas.»

      Aún no ha consumido todo el tiempo del plazo pactado con sus padres. Vuelve a su cuartucho de París dispuesto a luchar por sus sueños. Ha renunciado a la gloria y a convertirse en un escritor inmortal. Lo único que desea es ganarse la vida escribiendo. Descubre que la novela de masas es la forma más rápida para obtener dinero. Es la literatura del momento. Sigue la línea de los escritores que triunfan. Y de nuevo fracasa. Ha pasado un año y medio. El 15 de noviembre de 1820 sus padres le comunican que el 1 de enero de 1821deberá abandonar el cuartucho de Paris y regresar al hogar. Parece que su carrera de escritor ha concluido. Nada indica que las cosas vayan a suceder de otra manera.

      Entonces la casualidad hace que conozca a un joven escritor sin ningún talento, Auguste le Poitevin de lʼEgreville. Este le propone escribir literatura basura, escribir deprisa novelas de ficción con un concreto número de páginas, robando la historia a otros escritores si fuera preciso. Auguste cuenta con un editor. Trabajarían en colaboración. Auguste le proporcionaría la historia y Balzac la escribiría. Las ganancias a partes iguales. Balzac está conforme. Firman como A. de Viellerglé (Auguste) y Lord Rʼhoone (Balzac).

      Más tarde se desligaría de Auguste y continuaría él solo durante años, vendiendo sin ningún escrúpulo su pluma al mejor postor. Resulta paradójico que una de las figuras más notables de la literatura francesa del siglo XIX deba su brillo a la literatura basura. De no haber recurrido a ella, la estrella de Balzac habría languidecido en un despacho de notario.






Goethe
      

«El hombre no puede permanecer siempre en estado consciente; debe repetidamente sumergirse en lo inconsciente, porque allí vive la raíz de su ser». (Goethe).








miércoles, 21 de diciembre de 2016

Bienvenido, 2017






Apenas quedan tres semanas para que acabe el año. Puestos a hacer repaso, no puedo decir que haya sido un año para recordar. Igual es mejor que sea así.
El 2017, el futuro, para algunos más que para otros se aproxima cargado de incertidumbre, como corresponde a lo que aún se encuentra sumido en las sombras del porvenir. Se puede intuir lo que nos espera, examinando nuestras posibilidades presentes. Pero, especialmente, para los que vivimos con el emoticono de la sonrisa en una mano y el de la tristeza en la otra la falta de certezas resulta descorazonadora.



Bilbao se ha vestido de Navidad. Las luces navideñas engalanan las calles y los escaparates de los comercios han sido decorados con motivos navideños. Es verdad que prima el aspecto comercial, pero aun así me gusta el cambio que experimenta mi ciudad y pasear por la Gran Vía bajo las tiras de lucecitas azul Bilbao que penden de los tilos.


En la plaza Arriaga han puesto unas bolas iluminadas como las que se cuelgan de los árboles de Navidad, solo que estas son enormes. Todo el mundo las fotografía con los móviles. En el teatro Arriaga representan el musical Cabaret. Me voy a quedar con las ganas de verla.

Ahora tengo una perrita golden de diez meses que ocupa parte del tiempo que destinaba a escribir o leer. Es muy inquieta y fogosa, y parece incansable, pero al llegar a casa se queda quieta y se duerme. Su mirada es melancólica y dulce. Al principio no sabía muy bien cómo interactuar con ella, pero poco a poco voy aprendiendo. La verdad es que no entiendo nada de perros.

En fin, ya veremos. Esta entrada es para desearos a todos unas felices fiestas de Navidad y un próspero Año Nuevo. Que seáis felices. En Euskadi decimos zorionak, que quiere decir «buenos pájaros»; dicen que su origen viene del rito pagano donde se destripaba un ave para leer el porvenir en las entrañas.

Un abrazo a todos.
¡Zorionak!


lunes, 14 de noviembre de 2016

Leonard Cohen, poeta.






El lunes 7 murió Leonard Cohen, pero no se hizo público hasta cuatro días después, el viernes 11.  La red se ha llenado de semblanzas y anécdotas.
Leonard Norman Cohen, este era su verdadero nombre, nació en Montreal el 21 de septiembre de 1934, y ha muerto en Los Ángeles. Fue poeta, novelista y cantautor.







Dicen que era un artista fascinante y enigmático. Fue miembro de la Orden de Canadá y de la Orden Nacional de Quebec.
En el 2011 obtuvo el Premio Príncipe de Asturias.
Parte del discurso de agradecimiento que pronunció entonces circula en las redes sociales a la velocidad de la luz, al menos en España; es la parte en la que se refiere a cómo descubrió su afición por la música de mano de un joven guitarrista español.
Os traigo el vídeo del discurso, por si lo queréis ver: Discurso.








      Hay una canción de Leonard Cohen cuya letra ha sido interpretada de cien maneras, depende de quién la escuche. Se titula First We Take Manhattan, y os la quiero dedicar a todos los que soñáis con un mundo más amable y creativo, pero especialmente a los autores indies: Canción











miércoles, 26 de octubre de 2016

HADES. LA ERA DEL INFIERNO




Por fin he terminado de corregir Hades. La Era del Infierno, mi última novela. Las correcciones han sido un trabajo agotador, pero con la ventaja de que se trabaja sobre algo ya hecho. En el ordenador me han salido 364 páginas, lo que no está nada mal.
La novela trata de un hombre que viaja al pasado, a la era conocida como Hades o Eón Hádico. Hasta hace no muchos años se pensaba que la Tierra, a la cual se le supone una existencia de alrededor  de 4 000 millones de años, en sus primeros 500 años era un mar de magna. Sin embargo, estudios geológicos en los años 80 desvelaron que la superficie de la Tierra puedo ser un lugar con un clima menos extremo de lo que se suponía, y estar formada por océanos y continentes.
Inspirándome en estos descubrimientos, he situado a los personajes de la novela en una Tierra ficticia,  de hace 3 500 millones de años.


SINOPSIS
       Eder Aja, comercial de la inmobiliaria Albizua, recibe el encargo de vender una vieja mansión indiana en Montediablos, un pueblo que recibe su singular nombre por las recurrentes apariciones de diablos que se registran desde época inmemorial. En la mansión, Eder halla un cuaderno con una sorprendente historia escrita en 1927 por Juan Eraso, un empresario vasco afincado en Estados Unidos de América. En el cuaderno, Juan relata cómo se vio transportado al cuerpo de un ser de aspecto horrible, en una comunidad de seres que vivían en subterráneos a los que él llamaba «diablos».
El mundo de los diablos posee cuatro lunas, en una de las cuales Juan Eraso identifica a la luna de la Tierra. La flora es primitiva, y la fauna está compuesta exclusivamente por animales similares a insectos, en muchos casos gigantescos. Juan descubre la forma de controlar su estancia en lo que él llama el «otro lado», y realiza varias incursiones. En una de ellas encuentra una tablilla con el nombre de un buque de línea inglés desaparecido en 1744. ¿Ha viajado un buque inglés del siglo XVIII al «otro lado»? ¿Es aquel mundo la Tierra en la era geológica conocida como Hades o Eón Hádico, la «Era del Infierno», hace 3 500 millones de años?


       En esta entrada podéis leer el prólogo y un capítulo, pero en Amazon se pueden leer hasta seis. Son capítulos cortos, por eso los de Amazon dejan leer tantos.
       Aunque por el título puede parecer una novela de miedo, en realidad no lo es. El protagonista, Juan Eraso, se mueve entre unos seres primitivos y sencillos, de una brutalidad espontánea que le repugna, pero que es superada por la brutalidad cargada de rencor del hombre moderno, representado por Juan Eraso: los diablos son brutales por instinto de conservación, y su violencia se circunscribe a eliminar el peligro que los amenaza.
       Juan Eraso encuentra en ese mundo vestigios de un buque de línea inglés, que ha viajado, como él, en el tiempo. Los buques de línea eran barcos de guerra que estuvieron en servicio a caballo entre los siglos XVIII y XIX. Se llamaban así porque llevaban los cañones en los costados, y para combatir se veían en la necesidad de formar en línea frente al enemigo. La batalla más famosa que protagonizaron fue la de Trafalgar, el 21 de octubre de 1805, entre la armada inglesa y la combinada franco-española. Juan Eraso se propone comunicarse con los tripulantes del buque inglés, el HMS Victory, de los que hay indicios que le llevan a presuponer que están vivos.

Pinchando en este enlace podéis ir a la página de Amazon donde está la novela: Ir a la novela.



HADES. LA ERA DEL INFIERNO

PRÓLOGO
  
Aquella gélida mañana de enero de 1927 el Maxwell negro se precipitó por la pendiente de Montediablos.
Sí, esa pendiente que hay a la salida del pueblo.
El Maxwell rebotó en la roca pálida que sobresale como un hueso roto, rodó, dejó un rastro de chatarra y cristales y quedó boca arriba en el fondo del abismo, empotrado en un pino añoso y reseco. Poco después una de las ruedas delanteras chocaba contra la puerta del conductor, que colgaba de los goznes.
Eso es lo que le pasó al Maxwell negro.
Un fastidio.
Si el espíritu del conductor hubiera estado dentro de su propio cuerpo habría visto al vehículo asomarse a la despoblada pendiente cóncava que se hundía en el pinar, cincuenta metros más abajo.
Pero el espíritu del conductor había abandonado su ser físico instantes antes de que el Maxwell se despeñase, y la trémula envoltura humana de carne y hueso la ocupaba ahora aquel extraño y sorprendido intruso.
Segundos antes, tan solo unos escasos segundos antes de despeñarse el Maxwell, el intruso había examinado con complacencia los dos brazos humanos, ¡tan de su agrado!, que sustituían a sus familiares y aborrecibles brazos de quitina, acabados en una mano con tres dedos portadores de afiladas y prácticas uñas.
Así fueron las cosas aquel día: tras golpear la roca pálida, el flamante Maxwell voló varios metros por encima de la pendiente y al caer se destrozó el techo y el capó. Desde luego que sí. Y no solo eso, el cráneo del conductor se golpeó con el techo del automóvil, una chapa metálica de excelente calidad fabricada en Detroit, USA.
¡Qué fatalidad!




CAPÍTULO I

Eder Aja estiró el cuello y pegó la nariz a la luna del parabrisas. Parpadeó: allí estaba la señal de tráfico, sumergida en el follaje del arcén, a la entrada del desvío: «Montediablos».
Giró suavemente el volante y abandonó la carretera local. La calzada vecinal ascendía a través de un pinar de troncos espigados, cubiertos de líquenes.
Bajó dos dedos el cristal de la ventanilla: un tonificante aroma a humedad y resina se coló en el interior del automóvil.
A pesar de ser una de esas carreteras secundarias, por las que casi nadie circula, la Diputación Foral de Bizkaia se había preocupado de que estuviera en buen estado, y las ruedas del automóvil se agarraban sin problemas al húmedo asfalto.
Trazada en la ladera de la montaña, fue un áspero camino de carretas hasta 1913, año en que la Compañía Minera Bilbao-Bristol le duplicó la anchura y lo asfaltó. En aquella época, los pesados camiones de las minas recorrían la carretera y creaban socavones que cuando llovía se llenaban de agua. Quedaba el firme casi impracticable, lo cual obligaba a un periódico mantenimiento del mismo por parte de la compañía minera. Además, en invierno la carretera se helaba, sobre todo en las zonas umbrías, y las ruedas de los camiones resbalaban, lo que  hacía especialmente complicada la conducción.
Tras una interminable sucesión de atroces curvas, la zona boscosa se despejaba por el lado izquierdo. A partir de aquí la carretera describía una amplia curva en forma de hoz y ascendía hasta el pueblo pegada al desmonte.
Se inclinó sobre el volante y miró por encima del parabrisas. Al final del asfalto vio un ángulo del caserón recortado sobre un cielo violeta, encapotado y caprichoso, que llevaba todo el día descargando repentinos chubascos.
Anochecía.
El alumbrado público de Montediablos, dotado de encendido fotovoltaico, parpadeó tres o cuatro veces antes de encenderse definitivamente.
El caserón era una de las tantas exageradas mansiones eclécticas, afrancesadas, con las que los ricos indianos habían sembrado la cornisa cantábrica en el siglo XIX. Aunque los puristas en arquitectura renegaban de ellas, la gente común las observaba con curiosidad y admiración.
Pintado de ocre claro, el caserón contaba con dos plantas y buhardilla, una torre redonda orientada al este, sendos balcones con balaustres de piedra en cada habitación y otro balcón más encima del porche. Aunque con algún que otro desconchado en la fachada, el aspecto general resultaba aceptable. Situado a la izquierda de la carretera vecinal, el caserón  era lo primero que se veía al entrar en el pueblo.
En los barrotes de la cancela de la mansión alguien había colocado un cartel naranja con el rótulo «SE VENDE» bien visible, en letras negras, grandes y gruesas, sobre fondo verde, y el teléfono de un particular escrito a rotulador dentro de un rectángulo blanco.
Aledaño a la mansión, un caserío reconvertido en bar. Incrustado como una garrapata, de la centenaría fachada sobresalía un ramplón cartel luminoso, regalo de una conocida compañía cervecera, en el que se podía leer el nombre del establecimiento en letras verdes sobre fondo blanco: «Dena Ona» y debajo, en letras más pequeñas: «Oilaskoak Erreta —Pollos Asados».
Empapadas en vaho, las dos ventanas del bar, una a cada lado de la puerta, filtraban a la calle haces de luz blanca de tubo fluorescente. Iluminaban una pequeña porción de asfalto y los charcos de lluvia que se habían formado a la entrada del establecimiento y bajo de las ventanas.
Eder detuvo el vehículo a la puerta. En el asiento del copiloto reposaban dos carteles naranjas que llevaban escrito el consabido se vende, el nombre de la inmobiliaria Albizua y dos teléfonos de contacto. Sobre los carteles: una tijera y un paquete con bridas blancas de plástico. Lo cogió todo y salió del coche.
Hacía frío. Se subió el cuello del abrigo y entró en el bar, esquivando los charcos.
Se trataba del típico establecimiento rural, sin concesiones al PVC, es decir, decorado con madera de roble, nogal y castaño, mesas de madera de tres dedos de grosor y una tragaperras arrimada a la pared. Un parroquiano de unos setenta años leía el periódico en  una de las mesas. Otro cliente, algo más joven pero igual de arrugado, veía uno de esos programas del corazón en la televisión del bar, sentado en un taburete.
«Todo muy vintage» pensó Eder.
La última renovación del establecimiento debió de producirse en fecha tan lejana que tanto el continente como el contenido estaban en un tris de convertirse en reliquia, lo cual le daba un aire entrañable al Dena Ona, convirtiendo el defecto en virtud.
Las vigas originales del caserío, dejadas a propósito a la vista, formaban parte del encanto. Dos insuficientes arañas negras de ferrería, con bombillas fluorescentes de bajo consumo, dejaban en penumbra parte del local. Al fondo, en un rincón sumido en las sombras había un asador de pollos apagado.
Tras la barra, una mujer de algo más de cuarenta años, de buen ver, tirando a baja, el pelo recogido en una coleta, jersey de lana caqui y pantalón vaquero,veía la televisión, de pie, los brazos cruzados, recostada en la cafetera.
Nadie se fijó en Eder al entrar, pero cuando caminó hacia la barra y las baldosas sueltas comenzaron a sonar como un xilófono, el parroquiano que leía el periódico levantó la vista por encima de las gafas y el que veía la tele se giró.
Al verlo entrar, la mujer de la barra se desplazó hacia él con una cachaza que envidiaría cualquier tortuga.
Eder dejó encima del mostrador los carteles y pidió un café. La mujer se dirigió a la cochambrosa cafetera. Golpeó aquí, rellenó un filtro, apretó algo allá y se quedó arrobada mirando la televisión, abducida por el místico embeleso de la pantalla de plasma. Cuando el café estuvo hecho, tiró de una palanca y la cafetera resopló vapor en el interior de una jarra de acero inoxidable que contenía leche. Vertió la leche en la taza y la posó con indiferencia en el mostrador, delante de Eder.
El café estaba a conciencia, uno de los mejores que Eder había probado en mucho tiempo.
—Es un buen café.
La mujer sonrió.
—Es la cafetera, todo el mundo dice que hace un buen café —dijo, sin apartar la vista de la televisión.
Entró una mamá de treinta y tantos, metida en carnes y mal conservada; llevaba de la mano a una niña de seis años, con dos coletas. Le compró a la niña un huevo de chocolate, pagó con un billete de veinte euros y se dirigió a la tragaperras.
La camarera miró de soslayo los carteles de la inmobiliaria Albizua.
―Los voy a colocar en la casona de al lado ―dijo Eder, al darse cuenta.
Le pasó una tarjeta: «Eder Aja. Inmobiliaria Albizua».
La mujer cogió la tarjeta y estrechó con desgana la mano que Eder le tendía.
―Mertxe Korta —dijo—. Ahora no es un buen momento para vender nada en Montediablos. Si la hubieran sacado a la venta hace unos años, puede. Entonces se buscaban casas para turismo rural. Por esta zona hay bonitas rutas de montaña
La máquina tragaperras empezó a lanzar monedas a la bandeja. La jugadora las recogió y las llevó al mostrador; allí hizo dos montones y se reservó algunas monedas. A cambio, Mertxe le entregó dos billetes de veinte euros. La jugadora, como un avecilla que ha conseguido alimento para sus polluelos, regresó a la máquina tragaperras y se dedicó a alimentarla con monedas a través de la fina ranura. Mertxe retomó el hilo de la conversación.
―¿Piden mucho por la casona? ―preguntó.
―Setecientos noventa y siete mil euros.
Ella resopló.
―Es una buena casa, pero demasiado cara para Montediablos. A ese precio te va a costar dar con un comprador. Este no es un lugar que despierte la envidia de nadie ―dijo, meneando la cabeza.
La casona llevaba más de setenta años deshabitada. La dueña, una anciana que vivía en Getxo, había fallecido recientemente. Mientras vivía, ella y sus hijos solo iban a la casona para las inspecciones anuales, en las que se hacía inventario de los desperfectos, y para airearla. Es todo lo que sabía Eder.
―¿Viene gente por aquí?
—Por estas fechas, poca. Los domingos suben algunos montañeros. Desde que hace siete años empezaron las excavaciones del castro se nota más movimiento.
De las antiguas minas a cielo abierto había quedado un singular paisaje, formado por pequeños lagos de agua verdosa en los que nadaban carpas de colores. El encanto del paraje atraía un regular goteo de domingueros, sobre todo en verano, de los cuales gran parte acababa almorzando un pollo asado en el Dena Ona.
En su día, la noticia del castro descubierto en Montediablos cubrió algunos espacios de prensa y televisión. Las excavaciones habían sacado a la luz un profundo foso defensivo, una doble fortificación de piedra de dos metros de grosor, con muros de mampostería rellenos de grava, y casas con la hechura redonda de los habitáculos celtas. También habían aparecido los vestigios de una ferrería, un torques de oro para el cuello, dos espadas celtas en pésimo estado de conservación, tres puntas de lanza romanas deformadas por el óxido, media docena de monedas de plata con la efigie de Tiberio y un áureo de Augusto.
El descubrimiento del castro resultó fruto de la casualidad. En el lugar donde actualmente se realizaban las excavaciones, antiguamente hubo un barrio minero con
 
casas adosadas de dos plantas, de ladrillo y piedra, construido en 1902 por la Compañía Minera Bilbao-Bristol. Se mantuvo habitado hasta 1919.
En 2008 el barrio minero presentaba un aspecto ruinoso, y los domingueros se metían en las casas a husmear con el consiguiente peligro de que un derrumbamiento lastimase a alguien. A fin de prevenir accidentes, el ayuntamiento de Montediablos, subvencionado por la Diputación de Bizkaia, ordenó derribar el barrio y construir un parque infantil en el solar. Las máquinas excavadoras encargadas de allanar el terreno fueron las que pusieron al descubierto el tesoro arqueológico.
—Las excavaciones se han ralentizado por falta de presupuesto —dijo Mertxe—. Antes, al llegar junio ya estaban los arqueólogos trabajando, y a primeros de septiembre protegían el yacimiento con lonas y plásticos y se iban para volver al siguiente verano. Pero ahora no empiezan a excavar hasta bien entrado julio.